El Roland Garros 2026 del caos, la locura y las maratones afronta su recto final con un interrogante revoloteando sobre la Philippe Chatrier. Los ojos del mundo del tenis siguen ubicados sobre Alexander Zverev, al que la vida le ha puesto por delante una oportunidad inmejorable de dejar atrás sus fantasmas, liberarse de las cadenas que le ataron durante años y conquistar al fin su primer Grand Slam. Solo dos obstáculos le separan de la Copa de los Mosqueteros, aunque el primero de ellos viene con la flechita para arriba.
Jakub Mensik se erige como una enorme amenaza: su tenis está siendo eficiente, tan frío como letal, calculador en sus ataques e inteligente en los esfuerzos. Su triunfo sobre Joao Fonseca en cuartos de final mandó un potente mensaje: está aquí para cargarse el hype de los candidatos, y aunque pocos le colocaban como un verdadero contendiente, tiene tantas probabilidades como cualquier otro. Muchos dicen que de este duelo saldrá el campeón; Matteo Arnaldi y Flavio Cobolli, enarbolando la bandera italiana en la parte alta, tienen muchas cosas que decir al respecto. ¿Quién saldrá de París como el campeón?
Alexander Zverev es el gran favorito a ganar en Roland Garros: ¿puede Jakub Mensik darle un susto?
Solo un par de envites. Para alguien tan acostumbrado a quedarse cerca de la línea de meta, la entidad de los rivales que aún quedan en el cuadro puede suponer un arma de doble filo para Sascha: si ejerce su estatus y tira de galones, la Copa de los Mosqueteros debería viajar a Alemania... pero nadie cargará con más presión y sobre nadie habrá tantas expectativas como sobre el alemán, que tras dejar atrás a un cansado Rafa Jódar deberá aclimatarse a los palos de un espigado checo con ganas de seguir haciendo ruido.

Nada tendrá que ver su duelo de semifinales con lo que vivió el pasado martes. Jakub Mensik representa una amenaza desde el primer golpe: precisamente su saque está siendo una de sus grandes armas en este Roland Garros, afiladísimo ante Fonseca, encontrando la T con asiduidad y permitiéndole atacar el centro de la pista inmediatamente después. A diferencia de partidos anteriores, Sascha se medirá a un molde de jugador muy similar al suyo: imponente primer servicio, fantástica movilidad a pesar de su altura, mejor revés que derecha, capaz de atacar con los paralelos, tendencia a quedarse corto si le aceleran por la derecha.
Cuando las características de tu rival son tan parecidas a las tuyas, solo queda plantear el partido desde tus fortalezas. Viendo la soltura de Mensik por la zona del drive en este torneo, a Sascha no le quedará otra que ejecutar con la misma confianza y velocidad su propia derecha como lo hiciera en el duelo contra Jódar, especialmente en la segunda mitad del duelo. Si mantiene un porcentaje de primeros tan descomunal como en cuartos, rozando el 80%, se dará el lujo de aguantar, como mínimo, marcadores apretados... y, con el paso de los minutos, desgastar la armadura de un Mensik cuyas mejores bazas, quizás, pasen por resolver este duelo en tres o cuatro mangas.
El nivel de Jakub amerita acercarse a un Slam, pero Zverev plantea una amenaza que aún no ha tenido: el germano siempre está dispuesto a pasar una bola más, posee un colchón de puntos cortos gracias a su saque que no tenían de Miñaur y Fonseca y, sobre todo, tiene muchísima energía en el tanque. Redoblar la apuesta es la única vía para el centroeuropeo: solo así, por ejemplo, fue capaz de llevarle al límite en su último duelo en Madrid, donde Sascha necesitó de un 6-3 en el tercer parcial para tumbarle. Dos pesos pesados con tendencia a martillear con el saque, pero también cómodos aguantando en las diagonales de revés, afrontan un partido en el que la presión y el favoritismo recaen sobre Alexander... algo que, sin dudas, Jakub celebra.
One goal: getting ready and recovering ahead of the semi-final ✅
— Roland-Garros (@rolandgarros) June 4, 2026
Let’s go behind the scenes with Jakub Mensik 👀#RolandGarros pic.twitter.com/cx4dHc58uu
Arnaldi y Cobolli disputarán un gran derbi italiano: ¿quién hará historia para Italia metiéndose en la final?
Dos invitados inesperados iluminan una semifinal de perfiles antagónicos. Si en la parte baja llueven bombas, desde Italia el sello de autor es muy distinto: ángulos cortos, tolerancia al intercabio, recuperaciones extraordinarias y tenis de toda la pista. Matteo Arnaldi y Flavio Cobolli se conocen desde los 13 años, entrenan juntos regularmente, son muy amigos y ven cómo el destino les ha preparado para un duelo en el que hay ni más ni menos que una primera presencia en una final de Grand Slam en juego.
El favoritismo, aunque moderado, recae sobre el fanático de la Roma que de pequeño dejó el fútbol en busca de duelos como éste. Si alargamos la foto al circuito Challenger, en el cara a cara gana Arnaldi (3-2)... pero la diferencia de horas en las piernas, el gran estado de forma que ya había mostrado en otros torneos de la gira de tierra y su condición de top-10 inclinan la balanza hacia Flavio, en un duelo que, eso sí, promete muchos giros de guion.

Como invitado sorpresa, si algo no tendrá Matteo será presión. Sí, la propia de estar entre los cuatro mejores en el Slam más abierto de los últimos tiempos, pero la tranquilidad de saber que hace apenas un mes se lamentaba de la posibilidad de caer del top-150... y ahora juega con la tranquilidad de haber asegurado un colchón muy cómodo. Tras dejar atrás problemas físicos y de falta de confianza, Arnaldi se ha destapado como la gran roca de Roland Garros: solo desde sus impresionantes contragolpes se explican las machadas ante Collignon y Tiafoe, y la capacidad de llevar a aguas profundas hasta implosionar a su compatriota Matteo Berrettini.
¿Le aguantará el cuerpo tantos esfuerzos en defensa para frustrar y freír mentalmente a Cobolli? Es la gran pregunta que puede dinamitar (o acelerar) sus opciones de alcanzar la final. En princpio, es Flavio el que debe tomar la iniciativa: fue de menos a más frente a Aliassime, y sus últimos dos sets muestran el tipo de tenis que debe implementar para ser finalista de Slam, utilizando a las mil maravillas el saque con kick, tomando la bola de arriba a abajo, con un guante en el revés paralelo (contrapiés magníficos) y abriendo la pista con paciencia y margen hasta cansar a su rival.
De su tolerancia al intercambio y a la frustración de no finalizar muchos puntos en tres o cuatro golpes (al otro lado tiene un muro) dependerán sus opciones de victoria, qué duda cabe: para ambos este partido es una celebración, un canto a la vida, una demostración de que la impresionante camada del tenis italiano no depende de Jannik Sinner para avisar al mundo de la calidad de su nación. Es la oportunidad de sus vidas: habrá nervios, errores, frustración... pero también mucho tenis de tierra batida, del que ya no queda. ¿Quién se lo lleva?

