No se le puede echar en cara absolutamente nada a Kei Nishikori. Después de un final de temporada lesionado y un comienzo de 2018 con alguna que otra duda, el japonés se ha plantado en cuatro meses en una final de Masters 1000, lugar que tantos otros jugadores soñarían con pisar. Rafa Nadal resultó ser la prueba más dura posible en Montecarlo y por eso el español terminó levantando el título, aunque esto no ha de ser motivo de enfado para el de Shimane. Todo lo contrario: cabeza alta y a pensar en Barcelona… donde seguramente vuelva a encontrarse con el balear.
“Hay que felicitar a Rafa por volver a ganar este increíble torneo. Hoy ha jugado muy bien, ha jugado muy bien a lo largo de toda la semana y su dominio ha sido absoluto. Agradezco también el trato a toda la organización, para mí ha sido una gran semana después de una lesión que me tuvo parado mucho tiempo en 2017, llevaba muchos meses sin jugar y aquí he podido volver a disfrutar de una final de Masters 1000. Ojalá que en el futuro pueda volver a enfrentarme a Rafa aquí y ofrece un mejor partido”, reconoció el asiático en la entrega de trofeos.
“Sabía que iba a ser un partido muy difícil, pasara lo que pasara en la final. Mantener un nivel tan alto es finales así es muy complicado, al final me ha faltado un poquito de gasolina. Ahora mismo lo que necesito es algo más de confianza para volver a lucir mi mejor nivel de tenis. Estoy seguro de que esta semana me ayudará mucho en el futuro”, confesó más tarde en sala de prensa.
El japonés también hizo referencia al estado actual de su físico. “Mi muñeca no está todavía al 100% preparada para competir sobre tierra batida, pero de momento lo estoy manejando lo suficientemente bien, me hago pruebas todas las semanas. Noto unas sensaciones de mucha pesadez al comienzo de los partidos, también un poquito de dolor. Lo malo es que ese dolor se acaba extendiendo por todo el brazo”, subrayó un Kei que ha empezado la gira de arcilla con un notable alto.

