Rafael Nadal parece lucir tenis y mirada propias del nivel necesario para ir devorando rivales en este torneo de Montecarlo. Así lo demostró en esta su primera toma de contacto con la tierra monegasca. El balear dominó con facilidad su primer encuentro, ante el esloveno Aljaz Bedene, en un choque impreso con papel de calco, el que utiliza el mejor Nadal para triturar. El 6-1 y el 6-3 con el que derrotó a su rival dejó a las claras que su puesta a punto parte de uno realmente alto.
Como en todas sus exhibiciones en arcilla, el ritmo de pelota que imprime Nadal depende única y exclusivamente de sí mismo. Si Nadal entra a los partidos sintiendo bien la pelota y líquido en su movilidad, la sentencia es una parte más del proceso, un último paso que no necesita comprobación. Va a suceder. Y es lo que Bedene sintió desde los primeros compases, esos en los que Nadal ya se atrevió a entrar y encontrar su revés cruzado abierto y su derecha paralela, su gran termómetro competitivo.

El guion fue lo esperado. Nadal salió con las cosas muy claras y no dio opción, bajo ningún precepto, a su rival. En los puntos largos, Nadal. En los cortos, Nadal. Ante las aceleraciones de Bende, la defensa de Nadal. En el ataque de Nadal, siempre Nadal. Transmitiendo esa sensación de que sólo es cuestión de cerrar en menor o mayor tiempo, el ritmo del partido, de los puntos, de la pelota, siempre pertenecía al tenista español, que cerró la primera manga con un 6-1 que incluso podía tener mejoría en algunos detalles. Nadal prefirió restar desde muy atrás para imponer su superioridad táctica y física ante un Bedene que era inferior cediendo metros.
Lo cierto es que el segundo comenzó más igualado, pero Nadal fue construyendo nuevamente un escenario de victoria anticipada. Fue aguantando con su servicio para romper en el séptimo juego, en el momento de la verdad, donde la reacción es más difícil y donde mentalmente el rival claudica. Las sensaciones fueron más que notables para su primer encuentro. No parece haber necesitado minutos ni pruebas. Rafa llega muy bien de confianza, mostrando e intentando los golpes que más relación tienen con sus mejores sensaciones. Los golpes del mejor Rafa.

