Todavía falta mucho para que París se convierta en el dueño del calendario tenístico, todavía debemos disfrutar de otras paradas como Montecarlo, Barcelona, Madrid o Roma, sin embargo, es inevitable ir pensando ya en la proeza que sería ver a Rafael Nadal levantando allí su undécimo Roland Garros, batiendo de nuevo su propio récord vigente en torneos de esta categoría. Su tío, Toni Nadal, habló para un reportaje con Babolat sobre estas aspiraciones, deteniéndose también en los inicios con su sobrino, los primeros títulos obtenidos, incluso una conversación privada en 2017 tras capturar su última copa de los Mosqueteros.
“Durante todos estos años la evolución de Rafael y de su juego ha ido avanzando de una manera natural”, relata Toni en un vídeo promocional de la marca de raquetas. “Lo que en su momento puede que esté bien, puede no estarlo algunos años más tarde. Yo empecé con la idea, cuando Rafael tenía 8 o 9 años, de jugar con una intensidad muy alta. Cuando era joven, él era un jugador muy agresivo, golpeaba la pelota muy fuerte, pero cuando entramos en el circuito ATP Rafael tuvo que jugar contra personas más experimentadas que él, tenía menos fuerza, y ahí fue cuando empezó a golpear la pelota por detrás. Y ganaba, no lo digo mucho pero, yo prefiero el golpe normal, pasando el brazo por delante”, bromea con esa manera tan característica de efectuar el drive.

Casi 18 años en el circuito que les obligaron a madurar en muchas ocasiones. “Cuando llegamos, Rafael estaba muy fresco, tenía un físico muy bueno, ahora un poco menos. Entonces, entendimos que debía cambiar un poco. Hoy ya no soy su entrenador, he cambiado totalmente. Por supuesto, he cambiado como entrenador, pero no solo como entrenador. Nadie sigue siendo idéntico, si haces una cosa y no evolucionas, o no te gusta mucho lo que haces, o eres un idiota”, asegura Toni. “Cuando yo estaba en Mallorca estaba en el Club de Tenis Manacor y conocía el tenis de las Islas Baleares, de España. Pero luego, cuando entré en el circuito, vi cómo eran entrenados Federer, Djokovic, Ferrer o Murray y, sí, miras y puedes aprender un poco. Es lo que he hecho”, rememora.
Sin embargo, pese a ser novatos, los éxitos empezaron a llegar muy pronto. “Cuando Rafael ganó el primer Roland Garros, para nosotros fue algo increíble. Todos los que empiezan a jugar, cuando son jóvenes, sueñan con ganar un torneo del Grand Slam. Para nosotros, los españoles, Roland Garros siempre ha sido especial. El sueño era ganar allí. Cuando lo logramos, Rafael era uno de los mejores. Había ganado Montecarlo, Barcelona o Roma, cuando llegó era uno de los favoritos junto a Federer”, confiesa el técnico.
“Yo trabajo siempre con un objetivo a largo plazo, nunca he puesto objetivos demasiado difíciles o demasiado increíbles, creo que tampoco es bueno. En los primeros años el objetivo era entrar cuanto antes en el circuito ATP, ya que aquel momento jugábamos los torneos Satélites. Queríamos seguir jugando para conocer su clasificación, era el número 800 mundial cuando tenía 15 o 16 años. Bueno, estaba bien, pero debíamos ir un poco más lejos, hay que ir a un torneo y no solamente ganar un partido, debíamos ganar un poco más”, subraya. “Cuando entramos en el circuito después de los dos primeros años, mi objetivo era estar entre los 8 primeros. Cada año era lo mismo, y luego llegamos a los Masters y queríamos ir un poco más lejos cada vez, así todo el tiempo”.

Hasta que llegó el primer Grand Slam y les cambió la vida. “Cuando Rafael ganó su primer Grand Slam, su primer Roland Garros, yo pensaba en Bjorn Borg que, para mí, era el mejor jugador de todos los tiempos. Antes de Rafael, ahora ya no lo sé (risas). En ese torneo Borg ganó seis veces. Cuando ganó yo no podía pensar en si Rafa podría ganar 10, pero cuando ganó 2 sí pensé que podría ganar 3”, cuenta Toni con cariño. “En 2014, cuando ganó el noveno, empezamos a tener algunos problemas, Rafael no pudo ganar durante tres años, de 2014 a 2017. En 2017, cuando me fui, todavía le dije a mi familia: esta copa, este año la va a ganar Rafael. Y cuando Rafa ganó, lo primero que hice fue telefonear a mi hijo y decirle: ¿Te acuerdas lo que te dije? Siempre pensé que Rafael podría ganar, igual que ahora pienso que puede ganar una undécima. Puede ser que no gane, pero es imposible trabajar bien si no piensas en el objetivo que puedes alcanzar y hacer todo lo posible para alcanzarlo”, valora el que fuera su entrenador desde los 3 años.
Diez títulos en Roland Garros y camino del undécimo, aunque Toni recuerda muy bien las palabras que le dijo a su sobrino después de capturar el último título en París, hace casi doce meses. “Cuando había ganado y tenía el trofeo en sus manos, le dije: Está bien, ahora tienes el trofeo, pero el año próximo, cuando vuelvas, este trofeo no significará nada, y volverás a estar asustado cuando empiece el torneo o cuando juegues la final, si llegas a ella. Cada año es la misma historia”.

