Era un partido bonito de ver por varias razones. Torneo de Grand Slam, cuartos de final del US Open y dos jugadoras de élite enfrentadas bajo el cielo (y luego el techo) de la Artur Ashe, la pista más grande del mundo. Además, no dos mujeres cualquiera, dos campeonas que se rigen por la ley del palo, sin miramientos, jugando por y para el espectáculo. Decían los precedentes que Petra Kvitova sabía cómo maniatar a la más veterana del cuadro, Venus Williams, con cuatro victorias en cinco duelos. Aquí, después de una temporada marcada por la tragedia y un regreso glorioso, la checa tenía enfrente a la única mujer capaz de disputar dos finales de Grand Slam esta temporada. Lo que nunca pensamos si nos lo llegan a decir hace diez meses.
La primera en disparar fue Petra, con un 3-1 a su favor que hizo presagiar que la diferencia de edad y, sobre todo el momento de forma, volverían a ser cruciales. Sorprendente fue ver cómo la de Bilovec no iba a ser capaz de apuntarse un solo juego más en el primer set. Acelerón de Venus para cerrar con 6-3 de menos a más y quedarse a un paso de una nueva semifinal en Nueva York. Hace apenas unos días que se había convertido en tía (Serena ya fue mamá), una noticia que ha motivado a la norteamericana y que, al igual que en Australia o Wimbledon, le ha puesto a jugar como los ángeles.
Pero todavía quedaba mucho por remar, solamente hacía falta ver ese registro entre ambas. Siempre que se habían enfrentado, la vencedora se había visto obligada a firmar el triunfo en un set definitivo. En esta rivalidad no existen victorias fáciles. Quizá por eso no sorprendió tanto ver a Kvitova resurgir rápidamente del golpe recibido y equilibrar la balanza con idéntico marcador: 6-3. Las tablas ya era una realidad, el público disfrutaba de ver un partido que bien podría ser la final de cualquier torneo del circuito y, las jugadoras, se disponían ya a ofrecer sus mejores cartas en el último asalto.
Entonces fue cuando el partido se puso precioso con el público entregado. Si una rompía, la otra le devolvía el break. Si una ganaba fácil su servicio, la otra lo ganaba sin ceder un solo punto. Si una metía dos saques directos, la otra lo subía a tres. Tenis de alta competición entre dos mujeres que aquí optan al premio mayor. Lamentablemente, solo podía ganar una. Esa fue Venus Williams gracias a un tiebreak de infarto con el que se cerró el telón donde la estadounidense estuvo pletórica para volver siete años después a las semifinales del US Open. Ella o Sloane Stephens aseguran una tenista local en la gran final del sábado.

