La "humanización" del Big Four se acelera

Tras la derrota de Djokovic, solo uno de los miembros del Big Four ha alcanzado la 3ª ronda en todos los Grand Slam de los últimos 8 años.

El tenis es impredecible, cualquiera de los favoritos puede caer en las primeras rondas de los mejores torneos del mundo. Esta afirmación puede resultar una exageración a tenor de los resultados de una de las mejores sagas de tenistas de toda la historia. Desde 2008, han sido muy pocas las ocasiones en que uno de los miembros del Big Four ha faltado a la cita de la tercera ronda en un Grand Slam.

Y es que Novak Djokovic no estará entre los 32 mejores del Open de Australia 2017, en lo que supone una auténtica novedad para él. Las lesiones han sido el principal responsable de las derrotas tempraneras de estos mitos de la raqueta, pero no parece ser el caso en esta ocasión. ¿Cuándo se han producido sorpresas de tal calibre en los últimos años? ¿Cuándo el Big Four se ha visto mermado en los primeros compases de un Grand Slam?

Rafael Nadal

Es el que más experiencias negativas ha tenido en primeras rondas durante los últimos años. Su mala racha comenzó en la segunda ronda de Wimbledon 2012, cuando llegó muy tocado de sus rodillas y sucumbió al juego potente e incisivo de Lukas Rosol. De nuevo el All England Tennis Club presenciaría un descalabro del manacorí, con su derrota a las primeras de cambio frente a Steve Darcis. En esa ocasión, Rafael no parecía tener problemas físicos severos y se pudo redimir con su victoria en el US Open unos meses después.

Lukas Rosol y Rafael Nadal en Wimbledon 2012

Dustin Brown volvería a sorprender al español en Wimbledon 2015, mientras que Fernando Verdasco haría lo propio en el Open de Australia 2016. Salta a la vista que todas estas derrotas, a excepción de la última de ellas, se produjeron sobre el césped londinense, un territorio poco propicio para Rafael si no está a un nivel físico impoluto. Además, es en este Grand Slam donde pueden proliferar más las sorpresas, con jugadores que si están inspirados al servicio, pueden ser un hueso mucho más duro de roer que en cualquier otra superficie.

Roger Federer

El suizo presenta un currículum casi impoluto. Su talento natural y facilidad para someter a rivales de menor entidad que él, solo tiene un tachón desde 2004. Se produjo en la segunda ronda de Wimbledon 2013, apenas 24 horas después de que Nadal cayera ante Darcis. En el caso de Federer, su derrota se produjo contra el ucraniano Sergiy Stakhovsky, que hizo saltar la banca al destronar al rey en su jardín particular.

Roger Federer

Esa derrota de Roger guarda una similitud notable con la de Djokovic ante Istomin, como es que ambos se erigían en los vigentes campeones del torneo. No es nada habitual que el defensor del título caiga en las dos primeras rondas del siguiente año, habiéndose producido esta situación en el Open de Australia en 1997 por última vez, siendo Boris Becker el triste protagonista de este hito.

Andy Murray

Puede parecer curioso pero el británico es el más solvente del Big Four en estas lides. Murray no pierde en primera o segunda ronda de un Grand Slam desde el Open de Australia 2008. Su derrota se produjo ante Jo-Wilfried Tsonga, un joven valor que se presentaría en la final del torneo derrotando también a Rafael Nadal en semifinales. A partir de ese suceso, el de Dunblane se ha mostrado intratable en los compases iniciales de Grand Slams.

Andy Murray en Open Australia 2008

Ha tenido que sofocar algún amago de sorpresa, como el protagonizado por Radek Stepanek en Roland Garros 2016, que llegó a estar dos sets arriba en el marcador pero Andy acabó volteando el partido ganando por 7-5 en el quinto set. Quizá no sea el número 1 del mundo más mediático o con más torneos de Grand Slam sus vitrinas, pero sí el más consistentes en las primeras rondas.

Novak Djokovic

El serbio era el único que llevaba 10 años sin caer en primera o segunda ronda de un Grand Slam. Su intachable comportamiento en los compases iniciales de los grandes torneos se antojaba sobrenatural, y terminó llegando un tropiezo que no deja de ser alarmante, no tanto por el hecho de caer derrotado, sino por la manera en que lo hizo y la espiral en la que se halla sumido.

Novak Djokovic y Denis Istomin

El de Belgrado parece despojado de su espíritu combativo y ganas de seguir haciendo historia. No son pocas las dificultades que ha tenido que afrontar en los últimos años ante jugadores de menor entidad que él, pero a pesar de no estar jugando bien sacó su garra y coraje para dar la vuelta al marcador. Sin ir más lejos, así ocurrió el pasado año contra Gilles Simon, duelo de octavos de final resuelto en favor de Djokovic después de 4 horas y 33 minutos de juego.

En una era tan dorada como la protagonizada por el Big Four, cualquier derrota se eleva al estatus de drama por su consistencia a lo largo de muchos años. Conviene restar importancia a algunas derrotas, pero sí alarmar de la necesidad imperante que tiene Djokovic de cambiar su actitud. Su problema no parece ser tanto de juego, ni siquiera de confianza, sino de ambición e ilusión. Y eso requiere ser solventado cuanto antes si el serbio no quiere ver desdibujada su carrera en los próximos meses.

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