Desde hacía tiempo Andy Murray despertaba ya gran admiración y seguimiento en Gran Bretaña gracias a sus triunfos y su garra en una pista de tenis. Imagínense ahora que es el número uno del mundo. Proveniente de un país con una sequía de figuras mundiales realmente grande, Andy Murray podría y debería significar un punto de inflexión en el devenir del tenis británico. Una oportunidad de oro para valorar y sacar todo el partido al legado que pueda dejar el escocés y crear un futuro que pueda mirar al presente y no al pasado. Nada de eso parece que esté sucediendo y que vaya a suceder.
El Daily Mail pone en la palestra una realidad que por más que sorprenda no deja de ser cierta. Y es que el impulso, la ola que está generando Andy Murray en Gran Bretaña por el tenis, no se está aprovechando como es debido. Un país con las dificultades de Gran Bretaña para sacar con facilidad grandes jugadores de tenis, cuando posee el torneo más prestigioso del mundo como es Wimbledon, debería actuar con diligencia y total entrega con sus raíces tenísticas.
Tennis Scotland y LTA (Lawn Tennis Association) tienen gran parte de la responsabilidad en todo esto. Como relata el Daily Mail, en Escocia, pocos o muy pocos esfuerzos se están llevando a cabo para impulsar el tenis en las bases. Otros muchos deportes contarán en breve con un gran centro de tecnificación llamado Oriam, que ha costado la nada modesta cifra de 33 millones de libras esterlinas. Fútbol, rugby, netball, balonmano, squash y racquetball. Pero no tenis. O no al menos en la dimensión que merece, especialmente en una época como esta en la que un escocés es el mejor tenista de la tierra. Algo que ni por asomo había pasado antes en la Era Open.
La LTA tampoco se ha movido mucho que digamos a la hora de aprovechar la marea que ha generado Andy Murray. Hasta 33,9 millones de libras generó con la celebración de Wimbledon el año pasado. Figuras de la talla de Murray no se forman con dinero, pero sin duda que pueden ayudar a sustentar una importante base que sirva de trampolín a muchos niños que aspiran a ser ese siguiente Andy Murray que todos esperaran en las Islas cuando el de Dunblane cuelgue la raqueta.

No hay facilidades, no hay programas de entrenamiento ambiciosos. No existen instalaciones acorde a lo que se podría esperar de un país que alberga Wimbledon y cuyo mejor tenista es también el mejor del mundo. Actuando con esta parsimonia se arriesgan a tener que esperar otros 80 años para ver un ganador británico de Grand Slam. Durante estos años se hablaba de Murray como una isla en medio de la nada. Ahora, es responsabilidad de las federaciones de tenis británicas evitar por todos los medios que el éxito de Andy Murray muera sin más legado que su memoria.
El de Dunblane ha tenido que buscarse la vida durante toda su carrera gracias a los patrocinadores que ha ido ganándose. Ni mucho menos gracias al apoyo de la LTA, de la cual reniega con frecuencia el escocés. Pero no solo Murray, también llega Kyle Edmund por detrás con ganas de proponer una seria alternativa. El poder económico británico debería posibilitar una corriente de tenistas mucho mayor de la que existe. Formar grandes campeones es una empresa mucho más complicada. La base en cambio, es ante todo planificación e inversión. Y Gran Bretaña está en el momento idóneo para ello. Para explotar como una nueva potencia del tenis, una potencia real y no anclada al pasado y a la tradición. Que gire en torno a todo lo que está logrando alguien como Andy Murray. Que ese sea el verdadero legado que deje el de Dunblane para su país.

