Toda una grata sorpresa han sido estos Juegos Olímpicos de Río 2016. Las innumerables bajas producidas en las semanas previas a la cita olímpica han sido ampliamente superadas por los excelentes partidos que han podido verse en el centro olímpico de tenis de Barra da Tijuca. Las reapariciones de Rafa Nadal y Juan Martín Del Potro y sus tremendas actuaciones han aportado a esta edición de los Juegos unas emociones que quizá nunca se hayan vivido antes en una cita de esta magnitud. Río 2016 ya es historia. Y esa historia, ¿es la mejor que se haya escrito dentro del tenis olímpico?
La competición de tenis en los Juegos Olímpicos de Río 2016 se había quedado tremendamente diezmada con el sinfín de bajas que se habían producido Especialmente sensible y dura para aficionados, organización y medios había sido la del suizo Roger Federer. Sus problemas en la rodilla le habían alejado del sueño olímpico. La excusa del virus del 'Zika' había igualmente alejado de Río de Janeiro a otros muchos grandes tenistas como Berdych, Raonic, Wawrinka o Halep. Y no de Río pero sí de las medallas habían quedado muy lejos enormes reclamos como son los grandes dominadores del tenis actual en sus respectivos circuitos: Novak Djokovic y Serena Williams. El serbio caía a las primeras de cambio y la estadounidense en octavos. Nubes negras se cernían sobre el tenis en estos Juegos.
Esas nubes se cernieron literalmente sobre la gran urbe carioca en la jornada del miércoles, imposibilitando por completo que se pudiera disputar un solo punto y compactando preocupantemente el calendario para los días venideros. Por fortuna, el sol reapareció y con él, el mejor tenis y el mejor espectáculo.
Hay que decir que el tandilense Juan Martín del Potro ya había dinamitado la competición el primer fin de semana con su excepcional triunfo en primera ronda ante Novak Djokovic por 7-6 y 7-6. A pesar de ello, era pronto para aventurar que el argentino pudiera llegar a colgarse una medalla al cuello. Rafa Nadal por su parte avanzaba con buena letra y ganando tanto en individuales como en dobles. Su muñeca se estaba comportando a pesar del dolor y lo que parecía un milagro, que compitiese en los Juegos, estaba siendo toda una realidad. El objetivo era cada vez más ambicioso.

Las últimas rondas iban a deparar el verdadero espectáculo. Una épica pocas veces vista. Los cuartos de final entre Rafa Nadal y Thomaz Bellucci fueron solo un aperitivo. Ahí el español tuvo que lidiar con el inspiradísimo y crecido zurdo brasileño y con un público enfervorecido que intentaba minar al manacorí hasta con sus fallos de saque. Salió vivo de esa batalla. Quedaban las peores, las que premiaban al ganador con una medalla. Con la gloria olímpica. Iban quedando muy pocos ya, auténticos supervivientes. Tanto Del Potro como Murray avanzaban a trompicones, sacando partidos durísimos, batallas plenas de emoción y sufrimiento. Cada duelo era merecedor de una presea.
Un viernes mítico daba a España la medalla de oro en dobles. Una tremenda final en la que Rafa Nadal y Marc López se colgaban el oro ante los especialistas rumanos Mergea y Tecau. Esa sería la última victoria de Nadal en los Juegos. Pero no su último triunfo moral. El sábado sentó de nuevo cátedra en un duelo antológico y de lo mejor que se ha visto nunca en los Juegos ante Juan Martín Del Potro. La raza de los dos era incuestionable. Una simple bola fuera de Rafa supuso quedarse fuera de la final. El argentino vivía un sueño a cada partido ganado. Ya solo le quedaba uno.
Mientras en chicas, una menudita pero matona tenista puertorriqueña se elevaba casi hasta el cielo con espectaculares saltos de alegría tras conseguir la primera medalla de oro de una fémina en la historia de su país. Mónica Puig daba la gran campanada tumbando a Angelique Kerber en la final. Nada que ver a la tremenda paliza que 4 años antes le había propinado Serena Williams a Maria Sharapova en la hierba de Londres. Aquí había emoción, había drama, la esencia de los Juegos Olímpicos.
La montaña se le había hecho demasiado alta a Rafa Nadal. Pero había escalado mucho más de lo que nadie esperaba. Kei Nishikori le negaba la medalla de bronce después de que el español causara estragos en la mente del nipón, que tuvo que ausentarse más de 10 minutos tras perder un segundo set que tenía con 5-2 y saque, a dos puntos del metal. Herido casi de muerte, el de Shimane mostró un tremendo orgullo en el set final para, esta vez sí, superar ya no el tenis sino la inquebrantable fe del español y ponerse sobre su cuello el bronce.

Lo vivido en el partido por el oro no le fue a la zaga a lo anterior. Supuso un broche lleno de emotividad, de pasión, de ambiente en las gradas. Un broche que provocará en todos una tremenda nostalgia hacia los Juegos, una espera interminable hasta que lleguen los siguientes dentro de 4 años. Andy Murray y Juan Martín del Potro libraron una pugna de titanes. Una pugna entre dos mentes constituidas por el metal más tenaz que pueda existir. Un partido que recordaba a aquel de cuartos del US Open de 2008. En esa edición Murray llegaría a su primera final de Slam. El argentino veía como se terminaba una racha de 23 victorias consecutivas, con 4 títulos de por medio. En esta ocasión el desenlace fue el mismo, la recompensa para ambos muy distinta. Medalla de oro para el escocés, medalla de oro bañada en plata para el tandilense. Soñaremos largo tiempo con el resonar de los misiles de derecha de Delpo y con los gritos de garra y las defensas de Andy.
La historia de los Juegos está jalonada por encuentros para el recuerdo. Tenistas como Steffi Graf, Gabriela Sabatini, Marc Rosset, Jordi Arrese, Andre Agassi, Nicolás Massú o el propio Rafa Nadal han hecho gran el tenis dentro del olimpismo. Londres 2012 aportó mucho a esto con la hierba de Wimbledon y aquel 19-17 de Federer sobre Del Potro. Los Juegos Olímpicos de Río estaban llamados a ser un paso atrás, una decepción dentro de un deporte que está posiblemente viviendo el ocaso de su época dorada. Pero el deporte tiene sorpresas maravillosas. He aquí la última de ellas. Gracias a todos los que nos han hecho vibrar con el tenis. Río 2016 ya es historia de los Juegos. La mejor de las historias.

