A sus pies

Rafael Nadal derrota a Kei Nishikori y conquista su noveno título en el Barcelona Open Banc Sabadell. El Conde de Godó vuelve a hablar español.

Barcelona ha confirmado lo que Mónaco nos descubrió hace una semana. El mejor Rafael Nadal está de vuelta. O al menos, muy cerca. El español, que venía de ganar su noveno título en Montecarlo, repitió la misma hazaña este domingo en el Conde de Godó tras batir a Kei Nishikori en dos mangas (6-4, 7-5). El vigente campeón tuvo en su mano más de una oportunidad para frenar el ímpetu del balear, pero al final, la inercia ganadora y la tendencia positiva de los últimos meses situaron al manacorense en lo más alto del podio catalán, algo que no sucedía desde hace tres años. Dos coronas en siete días, segunda mejor raqueta de la temporada y un inicio espectacular en la gira de tierra batida. El vaso de la ilusión a punto de desbordarse.

Quien viera el primer set, desde el primer al último punto, no entendería absolutamente nada después de ver cuál fue su desenlace. Kei Nishikori había sacado las uñas en cada circunstancia evidenciando por qué su nombre había estado grabado en el trofeo las dos últimas temporadas. Con la derecha repartía a diestro y siniestro, mientras que con el revés, ¡ay con el revés! Aquello era un espectáculo que solamente se podía ver y aplaudir. Incluido su rival, Rafa Nadal. Ambos contendientes se fueron repartiendo los breaks: primero tomó ventaja el balear, luego recuperó el terreno el de Shimane, hasta que llegó el 4-4 y los valientes se volvieron un poco más timoratos.

Nadal salvó su saque dentro de las dificultades que venía arrastrando durante toda la manga, mientras que Nishikori no acababa de funcionar desde la línea de servicio, algo que suplía desde el resto. Cada vez que el de Manacor tiraba un segundo saque, el público cerraba los ojos o apartaba la mirada. Era normal, aunque prestaran atención, difícilmente tendrían tiempo de ver el fogonazo que saldría a continuación de la Wilson del japonés. Aun así, Rafa solventó el 5-4 y se dispuso a batallar para apuntarse el parcial inicial.

Ahí el número seis del mundo empezó a pensar en todas las pelotas de break que había tenido y, la mayoría, desperdiciado (1/8). Sabía que, si aquí titubeaba, enfrente se hallaba un hombre que desconocía el término ‘piedad’. Y dudó. Con 30-30 tiró dos bolas más cortas de lo habitual y Rafa aceptó la invitación. En el set point, incluso la cinta se inclinó del lado del jugador local. Nishikori había llevado la iniciativa, tenía el arma en su poder, pero algunos disparos se habían salido de la diana. Al final, la regularidad y un par de detalles decantaban el primer asalto (6-4) y quién sabe si también la final.

Pero no se rindió Nishikori. Se levantó de su cajón y, con 40-0 en contra, sacó coraje para levantar aquella ola desde el fondo. Se colocó con 1-0 y servicio. ¿Qué hizo Rafa? Exacto, contrabreak. El ocho veces campeón tenía la faena demasiado atada para dejarlo ir en la reanudación. Se puso 4-1, el respetable ya estaba descorchando el champán, y claro, esto enfadó al bueno de Kei. Igualó el marcador hasta el 4-4 cuando parecía ya cadáver y alargó aquel pulso más de lo esperado. El japonés salvó su honor pero Nadal no quería perder más tiempo, tenía tanta prisa como ansiedad. Era una ansiedad positiva, ganadora, de esas que te insuflan adrenalina para estar un pasito por delante de tu oponente.

Cerró el encuentro el manacorense (7-5) y la grada se cayó a sus pies. Aquel jugador que ganaba siempre, que incluso aburría ya de tantos años consagrándose campeón, volvía en 2016 a ser el favorito del público. Las 8.000 personas allí presentes orquestaban una ovación merecida hacia el mejor tenista de la historia de nuestro país. Nunca un jugador pudo ganar nueve veces un mismo torneo, este genio de Manacor ya lo ha hecho en Roland Garros, Montecarlo y Barcelona. ¿Están ustedes seguros que es humano? De momento, Guillermo Vilas, ya comparte el récord de coronas sobre tierra batida (49). Muy contento no debe estar.

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