Hacía seis años desde la última caída de Novak Djokovic en el Crandon Park de Miami (ante Rochus) y no sería este 26 de marzo el que iba a cortar tan bonita racha. El serbio, intratable una vez más sobre el cemento, no necesitó sacar su mejor versión ante Kyle Edmund (21 años) para arrancar su undécima participación en el segundo Masters 1000 de la temporada. Empezó muy fuerte, luego dejó a su rival entrar en el partido y, finalmente, finiquitó un día más en la ofcina con la profesionalidad que le caracteriza (6-3, 6-3). Una ronda menos para alcanzar su sexta copa en Florida.
Por primera vez en su joven carrera, Kyle Edmund entraba a una cancha de tenis sabiendo que en su rival hallaría al mejor tenista del mundo. Hasta ahora, su mayor compromiso habían sido los cuartos de final del torneo de Doha a principios de año, donde caería en su primer enfrentamiento ante un top10 (Tomas Berdych). Hoy era diferente. Lo era porque enfrente estaba el actual número uno del mundo, aquel que buscaría por todos los medios impedirle sumar su primera victoria en torneos de esta categoría (0-3). Y lo logró, el triunfo acabó en las arcas del tenista de Belgrado, aunque en su registro puede archivar la sensación de mostrarle al mundo entero que no se trata de un jugador de primeras rondas.
Empezó todo demasiado rápido, evidenciando la tremenda diferencia experimental entre ambos contendientes. Edmund peleaba por encontrar su lugar pero Djokovic le descolocaba constantemente. Tenía tiempo incluso de divertir a la grada con sus clásicos detalles de humorista en ratos libres. El saque funcionaba, el resto acompañaba y su rival todavía estaba en el vestuario: 3-0. Empezaba a olerse la tragedia entre los asistentes, malhumorados por la falta de emoción, por lo que decidieron comenzar a alentar al británico, aunque nacido en Johannesburgo. Y funcionó.
When you are the World No. 1 you need to find ways to challenge yourself. #MiamiOpen pic.twitter.com/91dbERqNcC
— TennisNow (@Tennis_Now) 26 de marzo de 2016
Edmund fue cogiendo calor y se atrevió a meterle una marcha más a un duelo que parecía morir antes de empezar. Abrió pista, molestó más con su servicio, incluso maravilló al respetable con una dejada que dejó estupefacto al mismísimo Novak, quien no tuvo otra opción que aplaudir. Kyle recuperaba un break y lo confirmaba con su saque… pero no era suficiente. El serbio no dejaría escapar la segunda ruptura, por lo que se dedicó a remar lentamente hacia la orilla sin pasar apenas dificultades. Así fue como llegó el 6-3 al marcador y cada jugador aceptó finalmente el rol que le tocaba jugar.
Alguno estará riéndose ahora mismo de la campaña promovida por la ATP acerca de los nuevos talentos -la famosa #NextGen- después de ver algunos resultados en Miami. De los 13 jugadores menores de 21 años que ocuparon un lugar en el cuadro final, solamente Yoshihito Nishioka tiene plaza en tercera ronda (mañana Kyrgios le puede acompañar siempre que gane a Baghdatis). Quizá les estemos pidiendo demasiado o puede que se encuentren dos pasos por detrás de lo que deberían. Lo único que está claro es que todos necesitamos tiempo: ellos para llegar y nosotros para aceptarlo.

En busca de su sexto título en Miami, Novak Djokovic cerró la que representa su undécima victoria consecutiva en Crandon Park, la que hace 17 de forma ininterrumpida en torneos de Masters 1000. Aquí, en Florida, ha ganado 25 de los últimos 26 partidos disputados, con lo que parece el lugar ideal para capturar el cuarto título del curso y seguir haciendo historia. En tercera ronda le espera Joao Sousa, un hombre que nunca pudo arrebatarle un solo set. El dueño de Cayo Vizcaíno mantendrá su trono una noche más.

