No hubo sorpresa. Roger Federer sentenció a Tomas Berdych en los cuartos de final del Open de Australia (7-6, 6-2, 6-4) y avanzó hasta las semifinales del primer Grand Slam de la temporada por duodécima ocasión. El checo peleó duro la primera manga pero el tiebreak le sonrió a un suizo que apenas tuvo problemas en las dos mangas posteriores. Novak Djokovic o Kei Nishikori pelearán en unas horas por medirse a este genio de la raqueta por el que parece no pasan los años.
Después de tres rondas sin excesivos problemas y donde la oposición de sus rivales brillaba por su ausencia, Roger Federer se enfrentaba en estos cuartos de final a un elemento diferente a los anteriores. Alguien a quien conoce bien, un hombre que en sus buenos días se solía vestir de bestia negra del suizo e inclinarle sin ningún remordimiento. Contra un rival así de peligroso, pese a que en los últimos envites la partida había resultado un monólogo, convenía empezar con buen pie y rugiendo antes de que la fiera checa se despertara.

Tan bien sabía esto el de Basilea que empezó hasta nervioso, cediendo su servicio en el tercer juego. Inmediatamente lo iba a recuperar el suizo, y desde ahí se impuso la extrema igualdad aunque con alguna que otra oportunidad de quiebre desaprovechada por parte de Roger. Así se llegaba al tiebreak, con un nivel alto de tenis en la Rod Laver Arena y a la espera de ver quién disparaba primero. Era una bala determinante aquella, casi mortal para el devenir de la cita. Solo entonces fue cuando salió el mejor Federer, el mismo que acumula cuatro victorias consecutivas ante Berdych cediendo apenas una sola manga (7-4).
“Come on!”, se escuchaba una y otra vez sobre la pista. Y no, no era Lleyton Hewitt. Eso sí, nacía siempre de la misma boca, la del número tres del mundo. La batalla se ganaba con grandes puntos pero también a base de intimidación y presión psicológica. Cada golpe valía doble con ese latiguillo que el helvético dedicaba a la grada, intentando enmendar la gran decepción de hace un año donde caía con Andreas Seppi en la cuarta ronda. Aquel primer parcial desató los pocos miedos del oriundo de Basilea y le permitió mostrar sus mejores armas. Moviéndose más rápido, intuyendo cada tiro de su oponente, sentenciando en la red sin titubear, en definitiva, bailando sobre el cemento y con el ‘Modo Express’ activado, Federer se apuntaba también el segundo acto (6-2) fácilmente ante un checo que ya dejaba síntomas de debilidad ante la adversidad.
Los más temerosos buscaban los datos que apuntaban las derrotas de Roger después de ganar los dos primeros parciales, intentando darle algo de emoción a un partido que ya estaba visto para sentencia. O eso parecía. Rompía Berdych de nuevo en el tercer game, exactamente igual que el primer set. Y exactamente igual le devolvía el break el suizo en el juego consecuente. Como siempre, el servicio del helvético le sacaba de esos pequeños apuros que provocaban la relajación por verse ya tan cerca de las semifinales. El marcador entonces subió hasta el 4-4 y bueno, ya saben. Los sudores entraron a arropar al checo justo en el peor de los momentos.

Quiebre y confirmación, como si nada. Sentenció el suizo un partido que dominó en la mayoría del tiempo y aparta a Berdych de esas semifinales que llevaba alcanzando las dos últimas temporadas. Sí las pisa Roger, dos años después, y lo hace por duodécima vez en su carrera. Estratosférico. El genio de la raqueta sigue acelerando hacia un nuevo éxito y ya espera por Djokovic o Nishikori, un duelo que darnos una final anticipada.

