David Ferrer: “Romper con Javier Piles fue difícil de encajar”

El alicantino repasa en una entrevista su gran temporada 2015, define su personalidad, opina sobre el momento social y recuerda sus años de juventud.

David Ferrer ya prepara su partido de esta noche ante Stanislas Wawrinka en una cita que será decisiva para sus aspiraciones en las ATP World Tour Finals después de caer derrotado frente a Andy Murray en la primera jornada. El de Jávea ofreció concedió una entrevista al diario El Español donde habla de su momento actual, del pasado, del futuro y del tenis como una forma de vida con aspectos buenos y otros no tanto.

Con 33 años y quince años como profesional, se puede decir que David Ferrer ya es todo un veterano del circuito ATP. Pese a toda su experiencia, el tenis es un deporte que siempre tendrá puntos débiles respecto a otras disciplinas, lo explica el propio jugador: “Tiene cosas buenas y malas. Por momentos echo de menos tener un equipo, estar arropado por ellos y no sentir la soledad del tenis, que es también la del deporte individual. Pero también es cierto que cuando ganas la satisfacción personal es única. Quizás en el fútbol, o en cualquier otro deporte de equipo, hay momentos o posiciones que no tienen el mismo reconocimiento”.

Una de los grandes hándicaps del tenista es no poder expresarse como él quisiera por miedo a que la prensa pueda tergiversar sus palabras. “A veces al deportista se le cubre demasiado. Las expresiones son muy tópicas. Es bueno que el deportista piense por sí mismo, que enseñe su opinión sobre cualquier tema. Pero no es tan fácil con los periodistas. Muchas palabras se sacan de contexto buscando el titular. Por eso, y es lógico, vamos con cuidado y no se publican entrevistas en las que realmente se conozca al protagonista, más allá de como deportista”, comenta el actual número siete del mundo.

Aunque el tenis también cosas buenas, como la abrumadora admiración y valoración que generan sus jugadores. “La sociedad está montada así. Nosotros somos parte del espectáculo y es lo que la gente quiere ver por pura diversión. Y también es lo que vende. Lamentablemente, el deporte se mueve muchas veces por los negocios. Eso desemboca en lo siguiente: si vende y a la gente le gusta verlo es porque tiene un precio. Hay deportes más duros físicamente, porque requieren mucho más trabajo que el tenis, pero de cara al público no tienen la misma atracción. Va en función de lo que quiera ver el espectador”, afirma.

Pero el Ferrer que ahora vemos no siempre fue tan correcto. También tuvo su época rebelde. “Tenía inseguridades. Eso, mezclado a que no tomaba las decisiones por mí mismo, dejando que otras personas lo hicieran, provocaba que nunca acabara de tener la seguridad para saber que lo había hecho yo, aunque estuviese equivocado. No tenía la suficiente seguridad para decidir por mí mismo. Es algo que te crea complejos, buscando excusas para no afrontar las distintas situaciones que tenía por delante. Al ser inmaduro, se buscan culpables externos cuando el único responsable eres tú”, revela el de Jávea.

Mi cambio grande como persona fue a partir de 2008. Hasta entonces, yo no había tomado las decisiones profesionales por mí mismo. No por culpa de los demás, simplemente no tenía la seguridad para poder afrontarlas. Cuando te haces mayor y ves las cosas desde fuera empiezas a valorar qué es lo que realmente quieres”, relata un hombre al que se le podía ver de vez en cuando romper raquetas.

Su año más difícil, sin duda, el curso 2014. “Todos los jugadores han tenido ansiedad en algún momento. Yo tuve dudas, algunos momentos de insatisfacción profesional. Romper con Javier Piles, con el que llevaba toda mi carrera, fue difícil de encajar. Es lógico que necesitara cierto tiempo de madurez. Es como cuando dejas una relación con tu pareja. Es imposible estar bien al día siguiente, necesitas un tiempo para volver a estar tranquilo contigo mismo. Se juntan los dos aspectos, pero en cualquier caso fue un año muy bueno. Ahora lo veo y ha sido de lo mejor que me ha pasado por todo lo que ha venido después”, explica el jugador a Rafael Plazo, periodista de El Español.

Entre algunos de los temas que siempre han perseguido al alicantino destaca el del talento, una habilidad que muchos se niegan a reconocerle. “Jugar bonito no es tener talento. Yo podría jugar bonito si quisiera, pero al final es mi estilo y mi forma de jugar. Estoy contento con mi estilo y Federer sólo hay uno. Claro que me gustaría ser como él y tener su facilidad. No la tengo, pero sí otras armas. Obviamente, sin talento es imposible ser top-10, da igual que juegues bonito o no”, explica David, quien determina una barrera importante entre el BigFour actual y el resto de tenistas. “La diferencia es estar muy bien mentalmente y también tenísticamente, hilar muy fino. A la mínima que no aprovechas una oportunidad o cualquier error estás perdido. Con Djokovic, Federer, Murray y Nadal es imposible. Por ejemplo, las dobles faltas del primer partido aquí con Murray. Quizás, otro día habría sido distinto”.

Por un carril paralelo a la competición, el dopaje y las apuestas van ganando protagonismo en esta historia. “Me preocupan ambos, pero el dopaje más. El jugador que utiliza el dopaje está haciendo trampas y adulterando la esencia de la competición. Por valores, me parece peor, pero también me parece mal el tema de las apuestas. Cuando un tenista apuesta, y realmente modifica el juego de esa forma, es para preguntarse a uno mismo qué está haciendo, a dónde ha llegado para hacer eso. Muchas veces no hay el dinero suficiente y la gente recurre a ello, pero ese dinero que puedes ganar apostando no te va a hacer más rico, no va a cambiar nada. Hay que erradicarlo”, manifiesta el segundo mejor jugador español del circuito.

Y por último, los atentados de París, un suceso terrible que ha afectado, desgraciadamente, al mundo del deporte. “El terrorismo debe erradicarse porque no tiene cabida en este mundo, pero por ambas partes. Tanto por el lado del fanatismo, del Estado Islámico, como por el otro lado. ¿Por qué se venden armas? Es un negocio. En Siria están pasando muchas cosas, hay guerras civiles y muertes todos los días. No se le da la misma importancia porque no existe un interés generalizado sobre esos países. Lo de París fue una auténtica barbaridad, parecido a lo que pasó un poco con las Torres Gemelas. Evidentemente, a otra escala. ¿Cómo se arregla? ¿Con bombas? ¿Bombardear Raqqa ahora es la solución? Desde mi punto de vista es difícil, pero hay que intentar buscar la paz. Violencia contra violencia no es la mejor solución”, finaliza Ferrer.

Comentarios recientes