El bagaje entre ambos lucía un 13-0 a favor de Rafael Nadal, una estadística tan extrema tenía que significar algo. Así fue como Richard Gasquet cayó de nuevo ante su compañero sobre la pista pese a tener ventaja en los dos sets que se disputaron en la primera semifinal del ATP 500 de Basilea. El balear reaccionó a tiempo en ambas ocasiones (6-4, 7-5) y agarró el billete para su sexta final en la presente temporada, la primera en torneo helvético donde disputará el título bien ante Roger Federer o bien ante Jack Sock.
¿Por qué no es capaz de ganar Gasquet a Nadal? ¡Si de juniors siempre le ganaba! Eso dirán los que se acuerden, porque una vez instalados en la etapa del profesionalismo ha sido imposible ver al francés derrotando al español. Sirva como respuesta este mismo partido, o cualquiera de los catorce anteriores. El de Beziers siempre tiene la oportunidad para morder, pero nunca enseña los dientes. Esta tarde en Basilea, el guión que se repite desde la temporada 2004. Ventaja de Richard tanto en el primer como en el segundo set, pero a la hora de la verdad, siempre es Nadal el que termina llevándose el gato agua. La determinación, uno de los factores más importantes en la carrera de un tenista. Y eso al manacorense le sobra.
La sensación, incluso con Gasquet portando break arriba, era que en algún momento las tablas volverían al marcador. Si es que parecía que incluso él lo supiera. Con una derecha más agresiva de lo normal y alguna que otra subida a la red que no tocaba, el francés comenzaba el encuentro rompiéndole el servicio al español, así hasta que con 4-3, Rafa dijo basta y encadenó tres juegos consecutivos para apuntarse el primer parcial. Ambos pusieron de su parte para ello, uno comenzó a fallar sin explicación y el otro estuvo en el sitio para aceptar la invitación. Nada nuevo bajo el sol entre dos jugadores repletos de talento pero que cuando cruzan sus espadas, la figura de uno siempre acaba eclipsando al otro. Borrándolo del lienzo.
En la reanudación un nuevo capítulo de cómo un hombre es incapaz de golpear una pelota con su pesadilla enfrente. Con 5-4 para Richard y sacando para partido, el bloqueo volvió a apoderarse del pupilo de Sergi Bruguera, atento desde el palco. Ahí es donde Nadal se suelta, respira y se mueve con más gracilidad que nunca. Incluso rematando en la red. El tiebreak dictó la sentencia definitiva dejando a al galo con una condena infinita de la cual es capaz de desquitarse, mientras que a Nadal le devolvió un saquito más de moral tras los recibidos ya a lo largo de toda la semana ante Rosol, Dimitrov y Cilic. La final número 98 de su carrera ya era una realidad y, además, con el morbo de ser ante Roger Federer a domicilio.
Será el sexto domingo de la temporada en el que Nadal se levante con la mente pensando en una sola cosa: aumentar su palmarés. En Buenos Aires, Stuttgart y Hamburgo el plan salió redondo; en Madrid y Beijing acabó torciéndose. El territorio indoor, arenas movedizas para el balear, volverá a tenderle una mano para lograr su segunda corona bajo techo, como la que conquistara hace una década en la capital de España ante Ivan Ljubicic. Y por si faltaran más ingredientes de motivación, Rafa se asegura volver al sexto lugar del ránking ATP con la posibilidad de subir hasta el quinto. Una victoria le separa de completar el desafío helvético en su antepenúltima prueba del curso. Ahora le toca mover ficha a Roger.

