Antes de comenzar 2015, los focos iluminaban a Kei Nishikori como la más fiable alternativa de poder a los clásicos Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal y Andy Murray. Su notable progresión durante la temporada 2014 y su actuación en el US Open, donde alcanzó la final tras derrotar a Djokovic, dispararon las expectativas sobre su recorrido en los meses siguientes.
Su vistoso juego agresivo desde la línea de fondo provoca asombro y admiración. El virtuosismo de Nishikori con la raqueta es indudable, y la ejecución de sus golpes, ejemplar. Sin embargo, el tenista japonés se mantiene lejos de los hombres que dominan el tenis mundial.

Actualmente, Nishikori es el número 5 del ranking ATP y el sexto mejor tenista del año a 1.550 puntos del cuarto, Roger Federer. Campeón en Memphis y Barcelona, basa su presente temporada en la regularidad, pero no salta los grandes obstáculos.
En los torneos de Grand Slam y Masters 1000 disputados hasta la fecha, el tenista japonés sólo ha superado la barrera de los cuartos de final en una ocasión (semifinales en Madrid). Ante jugadores del top 10 mundial, Nishikori ha conseguido tres victorias (dos contra Ferrer y una contra Raonic) en ocho partidos. La brecha resulta más evidente en los enfrentamientos de Kei con Wawrinka, Murray y Djokovic: un set ganado de los ocho disputados en total.
“Le estamos dando más importancia al saque. Me gustaría que tuviera más puntos gratis”, comentaba su entrenador, Dante Bottini, en una entrevista a Punto de Break durante el pasado Conde de Godó. Su primer servicio supone una debilidad frente al actual top 4, pero no es la única, y posiblemente, ni siquiera sea la más importante.

Nishikori alcanza la brillantez en los intercambios, pero su extrema agresividad conlleva unas imprecisiones y una falta de continuidad que suponen un pecado capital ante los jugadores que lideran el tenis. Lograr un nivel medio tan efectivo que no requiera excelencia para ganar cada punto es el sello que identifica a los números uno. Conseguir o no este equilibrio será el factor que defina la grandeza de la carrera de Nishikori.
“Tiene el carácter para llegar a la cima y se lo cree”, comentaba también Bottini en la citada entrevista. Capaz de vencer a todos los grandes del tenis mundial excepto a Nadal, Nishikori se ha mostrado intermitente en el aspecto mental. Sirva como ejemplo el US Open 2014, donde tras desmontar a Djokovic, se empequeñeció ante Cilic, tan novato como él en finales de Grand Slam.
A sus 25 años, Nishikori afronta un momento vital que marcará su legado. Ser uno de los mejores o llegar a ser el mejor. Mantenerse o dar el gran salto. Ser un campeón o no serlo. La raqueta de Kei tiene la palabra.

