Argentina está de fiesta tenística. Cuando se presagiaba un futuro negro para el tenis albiceleste tras las lesiones de la gran estrella del país, Juan Martín del Potro, el combinado nacional está en semifinales de Copa Davis y tiene una linda chance ante Bélgica de meterse en la final de la competición por quinta vez en la historia. Tras las tormentas vividas, las internas del equipo, las lesiones, las gastadas, carcajadas y desencuentros, Argentina está entre los cuatro mejores países del mundo y sueña con levantar la ansiada ensaladera de la mano del nuevo líder del equipo: Leo Mayer.
Cualquier aficionado argentino de tenis hubiera firmado con los ojos cerrados disputar una semifinal de Grupo Mundial ante Bélgica. A día de hoy ese sueño es una realidad que se cumplirá del 18 al 20 de septiembre en el país europeo. Los belgas, que tienen un equipo sólido, polivalente y peligroso y está por méritos propios en semifinales, cuentan con David Goffin (14º) y Steve Darcis (76º) como abanderados que buscarán la segunda final (1904) en la historia.

Atrás quedaron los problemas en la Argentina. Jugadores, capitanes y dirigentes supieron dar un carpetazo a las internas con el bojetivo deluchar por un objetivo común. Decidieron remar en la misma dirección y con un equipo sin grandes estrellas mundiales (Mayer, Delbonis, Berlocq y Schwartzman), tiraron de humildad, ganas y amor patriótico para poder darle prioridad a la competición que más sentimientos encontrados regala a los jugadores e hinchas argentinos.
Se respira buen ambiente, hay unidad en los jugadores y tienen un capitán que escucha, dialoga, busca el bien común y piensa en los éxitos colectivos. Argentina, el único país que disputó cuatro finales y no ganó ninguna, quiere gritar “campeón” en la Copa Davis por primera vez en la historia. Le quedan dos paradas: la primera en Bélgica y, en caso de victoria, la ansiada final. A estos pibes, en hambre de gloria, no les gana nadie.

