Con más oficio que nunca, Andy Murray aseguró su presencia en las semifinales de Wimbledon tras inclinar a Vasek Pospisil, el gran tapado del torneo, batiendo al canadiense en sets corridos (6-4, 7-5, 6-4) y aprovechando las escasas chances de ruptura que ofreció su oponente. Un ejercicio donde la experiencia fue definitiva y que el británico utilizó en su mayor grado para citarse con Roger Federer en su próxima batalla, la que elegirá a uno de los finalistas del tercer Grand Slam de la temporada.
Todo lo hizo bien Pospisil. Más golpes ganadores, escasísimo porcentaje de errores, más puntos ganados que su rival, incluso en ciertos momentos, un nivel de tenis digno de cualquier miembro del top-20 actual. Sin embargo, el primer set se cerraba a favor de Andy Murray por 6-4. ¿Por qué? Sencillamente, porque uno es el número 56 del mundo y el otro es el número tres. La gigantesca diferencia de estatus entre ambos contendientes hizo que el británico aprovechara la única oportunidad de ruptura en el tercer juego para remar hasta el último punto sin ofrecer apenas oportunidad al canadiense. Un nuevo capítulo de la importancia de la determinación en este deporte

Todo esto, por cierto, envuelto entre la mística de la lluvia que tanta guerra suele dar en Wimbledon. Que se va, que se viene, que si abrimos el techo, que si lo cerramos, que si al vestuario veinte minutos, que si dicen los expertos que en diez minutos para… una serie de catastróficas desdichas que sigue señalando y destapando las vergüenzas del tenis, además de situarlo como su principal inconveniente: la ultradependencia de la meteorología. Así ocurrió también en el segundo acto, con un nuevo parón debido al agua londinense que interrumpía el guión de Andy y de Vasek, obligados a calentar por tercera vez durante el encuentro.
Las sensaciones eran muy favorables a Murray, con el apoyo de la Centre Court y con el primer parcial ya en el bolsillo. El número 53 del mundo no lo estaba haciendo mal pese a todo, aguantando el juego intenso del escocés e intentando acortar los puntos para no caer en las redes del tenista de Dunblane. El de Vancouver aguantó en esta ocasión más que en el anterior asalto, alargando la incertidumbre hasta el 5-5, momento en el que una nueva bola de break le ponía en bandeja a Andy colocarse dos sets arriba en el marcador. Como gran campeón que es, no la desaprovechó. Dos oportunidades, dos mordiscos al marcador. Apenas once winners en dos sets y, sin embargo, ambos ya en su poder. No estaba siendo brillante, pero sí suficiente.

Como no podía ser de otra forma, el partido tenía que terminar con otra ventana abierta por el canadiense, la cual terminaría siendo una gran puerta por la que Murray accediera a sus sextas semifinales de Wimbledon (6-4, 7-5, 6-4). Cuarto duelo ante Pospisil y cuarta victoria, balance favorable que de poco servirá dentro de dos jornadas. Allí le espera Roger Federer, heptacampeón del torneo y con el recuerdo de 2012 todavía presente en sus mentes con aquellas finales en La Catedral y en los JJOO. Dos choques en hierba, uno para cada uno. Dos veranos después, la reunión vuelve a ser invadida por el césped, el escenario donde ambos pueden ofrcer su máximo grado de brillantez.

