Las rupturas, a veces, son buenas

OPINIÓN | En el tenis, como en el amor, romper tu relación con tu entrenador/pareja te hace descubrir nuevos caminos y mejorar.

Jose Morón | 23 Jun 2015 | 12.08
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¿Recordáis cómo estaba Andy Murray hace un año después de romper con Ivan Lendl? El británico hablaba con los medios de su país y les decía lo duro que estaba siendo superar la ruptura con el entrenador que le hizo ser mejor. Con ese que le hizo ser campeón de Grand Slam por dos veces y conseguir el Oro Olímpico en Londres. Pero lo que son las cosas, una nueva relación -profesional- con Amelie Mauresmo le ha devuelto la felicidad a su vida y a su tenis y en este 2015 está siendo de los mejores del circuito.

Finalista en Australia y desde que se casó, 20 victorias en 21 partidos. El 2015 de Andy está siendo genial en muchos aspectos. Es segundo en la Race y se postula como uno de los pocos hombres que puede hacer frente al Djokovic actual. Lejos queda aquél Murray que no encontraba su juego y que aparecía por los estadios serio y sin alma una vez había roto con Lendl. Pero Andy hizo como cuando todos éramos pequeños e íbamos corriendo por el parque y nos caíamos. Llorábamos, echábamos un vistazo a lo que nos había hecho caer pero nos levantábamos, nos limpiábamos la tierra de nuestros pantalones y seguíamos corriendo como si nada.

Murray salió adelante. Buscó nuevas cosas en su vida, en su tenis, y salió adelante. Y lo está haciendo con mucho éxito. Algo parecido le ocurrió a Federer. El suizo se encontraba séptimo en el ranking ATP con un bajón considerable en su tenis allá por octubre de 2013 y no era feliz con su por aquel entonces entrenador, Paul Annacone. ¿Y qué hizo? Inteligentemente, se reunió con él y acordó que lo mejor era separarse. "Paul y yo hemos decidido pasar al siguiente capítulo de nuestras vidas, después de muchas conversaciones, sentimos que este era el mejor momento para tomar este camino", comentó el suizo. ¿Cuántas personas no están felices con su pareja y siguen atados a ella por el miedo a no estar solos o a estar aún peor? Semanas más tarde, Federer contrataba a Stefan Edberg y de su mano, una reinvención, una nueva raqueta y un nuevo Roger que a sus casi 34 años sigue triunfando por el circuito como número 2. Cuando algo no va, hay que mirar a una posible solución. Todos estamos preparados para perder cualquier cosa, lo que no podemos hacer es olvidarnos de nosotros mismos.

Porque somos nosotros lo que verdaderamente importa. Nuestro éxito. Nuestra felicidad. Novak Djokovic sabe que Marian Vajda es un grandísimo entrenador pero consideró que para poder ser mejor que Federer y Nadal necesitaba algo más. Un plus. Y es ahí donde la figura de Boris Becker se hizo importante. El alemán le ofreció algo que no le daba Vajda y eso hizo mejorar al serbio que a día de hoy tiene en su fortaleza mental una de sus mejores armas sobre una pista de tenis. Tomas Berdych también consideró que había tocado techo con Tomas Krupa y de la mano de Vallverdú está completando una temporada brutal.

Nadal, por contra, sigue con el mismo equipo desde sus inicios. Rafa no ha cambiado a nadie dentro de la gente que trabaja con él desde hace tantos años. Y ahora que las cosas no van tan bien, donde tiene el peor ranking desde hace 10 años y donde los resultados no acaban de llegar, quizás no sea mala idea sentarse y hablar las cosas. A los jugadores más top les ha ido bien, ¿por qué no a él? A veces, una ruptura es buena. Cuando las cosas no funcionan al lado de alguien, quizás sea hora de pensar en tomar direcciones separadas porque las cosas pueden ir incluso a peor y podemos perder por el camino lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo. Ese que no vuelve.

Cuando tenemos un problema debemos hacer como cuando éramos pequeños. Que nos caíamos, nos sacudíamos la arena y seguíamos corriendo. Porque en la vida no importa las veces que te caes sino las veces que eres capaz de levantarte. Y a veces ese impulso necesario, en muchas ocasiones, viene por romper con las cadenas que nos atan al pasado y que no nos dejan avanzar. Pero eso es lo complicado. Dar el paso, atreverse y hacerlo. Ya lo dijo Dostoievski, "Tomar un nuevo paso, decir una nueva palabra, eso es lo que más teme la gente".