Roger Federer aparece en las listas oficiales este lunes fuera del top4 por primera vez en la última década. Desde que en julio de 2003 coronase en Wimbledon su primer Grand Slam el tenista suizo había permanecido de manera ininterrumpida entre las primeras cuatro posiciones del escalafón masculino. Incapaz de proteger su corona en el All England Tennis Club, el suizo vio quebrada una racha de 36 majors pisando al menos los cuartos de final. Es decir, padeció la salida más tempranera en nueve años en este tipo de eventos.
Semejante déficit respecto al curso anterior le ha supuesto un bocado generoso en su cuantía de puntos en el ranking ATP. En concreto, el de Basilea se ha encontrado desprovisto de 1.955 unidades en su puntaje particular. Una hemorragia que le ha supuesto de golpe la pérdida de dos puestos, en detrimento de David Ferrer y Rafael Nadal.
En Punto de Break reflexiones acerca de esta circunstancia, trazando líneas de argumento en torno a la figura del campeón de 17 grandes.

¿Es el fin del mundo? – La pregunta que cabe hacerse en este momento es hasta qué punto le preocupa a Roger la posición que ocupe en el ranking masculino. Una vez batido, con 302 semanas a su nombre, el récord de permanencia como número 1 del mundo el vínculo emocional del suizo con las listas oficiales puede haber quedado en segundo plano. A fin de cuentas, ser el primer hombre del escalafón requiere de una exigencia física difícilmente compatible con la política de limitado desgaste del de Basilea. ¿Qué es más vital para Roger hoy día, llegar bien preparado o bien clasificado? Lo segundo es importante, pero para un competidor que ha dejado atrás su cénit de rendimiento lo primero se antoja notablemente valorable. Caer al quinto puesto de la clasificación es una realidad no degustada por Federer desde que su nombre es algo más que siete letras en el tenis. Quizá pueda herirle el orgullo o quizá sirva para estimularle.
Número 1 como algo utópico – A día de hoy Federer, simplemente, no tiene ni la mitad de puntos que el hombre referencia en la disciplina. Cuantitativamente hablando, está más cerca de salir del top10 que de abordar la primera plaza del escalafón masculino. Volver a la cima del deporte, refiriéndonos con ellos a las listas oficiales, se antoja ya un objetivo cada vez más inverosímil. Es cierto que el año pasado, apenas doce meses atrás, protagonizó una de las grandes gestas de la temporada recuperando más de 5.000 puntos para volver a la cumbre. Tras, además, un año colosal de Djokovic donde el relevo parecía encarnar un punto de no retorno. Pero vemos como un año posterior a su nueva coronación ha sido incapaz de mantener el ritmo, perdiendo nuevamente cuerda con los líderes y viendo esa brecha estirada por encima de los 6.500 puntos. Es muy arriesgado hacer afirmaciones categóricas, pero salvo drama físico en forma de lesiones de larga duración entre los hombres referencias se antoja prácticamente imposible que Federer vuelva a ser número 1 del mundo.

Urgencia por recuperar estatus top4 – Cuando Federer diseñó su calendario de la temporada 2013 lo hizo con la voluntad de dar respiro a su cuerpo. Tratando de llegar lo más fresco posible a cada cita para poder competir cara a cara antes unos rivales que encuentran en la resistencia física una brecha favorable ante el suizo. Sin embargo, tras sufrir una prematura derrota en el All England Roger ha decidido acumular partidos en una de las fases del curso en principio destinada al descanso. Entre el Slam de hierba y la gira norteamericana de pista dura. Por primera vez desde 2004, confirmadas sus presencias en Hamburgo y Gstaad, volverá a la tierra tras competir en Wimbledon. Un movimiento que quizá pueda trastocar los preparativos de la gira norteamericana de cemento. Pero un movimiento que puede estar orientado a recuperar estatus de top4 de cara al US Open. Actualmente cuenta con una brecha superior a los 1.000 puntos con Nadal, cuarto clasificado, y cercana a los 1.500 con Ferrer, tercero en discordia. Hay que tener en cuenta que durante el verano perderá los puntos correspondientes a los Juegos Olímpicos. Con su medalla de plata, tiene más a entregar que Nadal -ausente- o Ferrer -octavofinalista-. De llegar quinto a Nueva York –o más abajo dado que tiene a Berdych y Del Potro a poco más de 1000 unidades- se enfrentaría a la opción de encarar top4 a partir de cuartos de final en los grandes eventos. Lejos de hierba, valga la pena recordar, Federer no batido a ninguno de los actuales top4 en Grand Slam desde 2011. Y firma un 1-5 ante el top10 en 2013.
¿Peligran las finales ATP? – Si decimos que Roger es el quinto jugador en la clasificación que mide las últimas 52 semanas de rendimiento, el suizo cae al sexto lugar en la tabla que cuantifica los resultados del año en curso. Se encuentra, además, a tiro de piedra del hombre que marca la última plaza para la Copa de Maestros. Juan Martín del Potro, octavo en discordia, se encuentra apenas a 145 unidades del helvético en las clasificaciones. Queda la segunda mitad del año, una gira por cemento en Norteamérica tradicionalmente fructífera para el suizo. En la última década, salvo una temporada, siempre ha saldado el periplo con un Masters 1000 o un Slam bajo el brazo. Lograr eso este año prácticamente sellaría su billete hacia un evento fetiche para el de Basilea. No obstante, a estas alturas ya estaba clasificado muchos años. Esta vez, nos estamos preguntando si peligra su puesto en el torneo de final de temporada. Debatible o no la cuestión, es un tema sobre la mesa. Que indica, sin necesidad de ponerse dramáticos pero aceptando lo obvio, el paso atrás experimentado en la temporada.
Cuenta con una ventaja: es Roger Federer. Las listas oficiales hablan del largo plazo. Pero en distancias cortas, en los límites de una semana o una quincena, parece osado e irracional descartar cualquier cosa en un hombre como el suizo. El ranking quizá no sea ya su pelea. Pero, en sus propias palabras, aún le queda algún año en las pieras. Y para un combate dado es arriesgado tirarlo a la lona.
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