La temporada 2012 ha dejado algunas gestas y multitud de esfuerzos grabados para la historia del deporte. Es complicado ponderar el mérito de cada una de ellas. Hacemos un repaso de las hazañas más significativas de este año.
¿Qué determina la relevancia de un hito deportivo? ¿Su rareza histórica? ¿El nivel de superación en un deportista dado? ¿El derroche físico empleado para su consecución? ¿El mantenimiento de un nivel durante un período de tiempo determinado? ¿El calibre de un peaje psicológico superado? Realizar una clasificación respondería a tantas perspectivas que resulta un ejercicio enormemente subjetivo en el que prácticamente cualquier conclusión es razonablemente rebatible. Debido a ello, optamos por una simple exposición de casos para dejando libertad al lector para que haga balance de lo logrado por los competidores. Una temporada magnífica a nivel deportivo que ha dejado registros francamente memorables. Desde Punto de Break, ofrecemos un repaso a algunas de las gestas más destacables de 2012:

Arranque de temporada de Azarenka. En una temporada que parecía destinada a la coronación de Kvitova –la checa cierra el año a escasos 115 puntos de una Wozniacki en combustión deportiva- la competidora bielorrusa le pega un bocado a la historia. Tras quedarse a 3 juegos de ganar el WTA Championships 2011, abre 2012 enlazando 26 victorias consecutivas. La mejor apertura de curso del siglo XXI, deja cortas los 21 triunfos al hilo de Serena Williams en los albores de la temporada 2003. Un periodo de excelencia deportiva que le verá conquistar, entre otras cosas, su primer Grand Slam –Abierto de Australia- y el primer gran torneo WTA de la temporada –Indian Wells-. No probará el sabor de la derrota hasta bien entrado el mes de marzo, un lapso de dominación que incluirá hasta 9 victorias consecutivas ante oponentes top10. Ahí levanta 4 de los 6 títulos que conquistará en 2012. Ahí, con la irrupción de Serena desde verano, sustenta buena parte de sus razones por las que termina el año como #1. Y ahí, poniendo una base sólida que consolidará con su primera final de US Open y el título de Pekín, construye su estatus de mejor jugadora sobre pista dura del año.
Despliegue en Grand Slam de Djokovic: Tras un 2011 que le ve cuestionar la autoridad de uno de los duopolios más duraderos del deporte moderno, el competidor serbio es capaz de mantener el estatus de líder adquirido. Sin llegar a los registros de una temporada de calibre histórico, sigue sosteniendo el listón de exigencia en niveles donde falta el oxígeno. Por segunda temporada consecutiva alcanza tres finales en torneos de Grand Slam –igualando, cuantativamente, el hito deportivo alcanzado por Nadal en las campañas 2010/2011-. Claramente el hombre a batir en gran escenario, ha disputado el partido por el título en siete de los últimos nueve ‘grandes’, incluyendo los últimos cinco sobre pista dura. Tenista que se aproxima al cénit deportivo, quizá su mayor mérito resida en esa capacidad de mantener viva la ambición tras haber digerido una compulsión emocional a nivel deportivo meses atrás. Tras retorcer la lógica en 2011, el primer torneo de 2012 es el Abierto de Australia, y lo gana. Ve cómo Nadal va recuperando terreno en arcilla –Montecarlo y, sobre todo, Roma- y llega a su primera final de Roland Garros. Apenas unos días para digerir una presea olímpica no lograda y construye una sólida gira norteamericana que le ve alcanzar la final en Nueva York. Enorme capacidad para filtrar éxitos y fracasos.
Consecución del Grand Slam de Sharapova: Contar con los cuatro ‘grandes’ en el palmarés. En los últimos 24 años, únicamente Serena Williams había derribado la barrera. Sólo diez jugadoras en toda la historia lo han logrado. Si miramos la nómina de competidoras en sellar dicha hazaña (Steffi Graf, Martina Navratilova, Chris Evert, Billie Jean King,…) nos damos cuenta de la dimensión deportiva de lo conseguido. Se podrá discutir la creciente homogeneidad de las superficies y la incidencia que tal factor tiene en la dificultad inherente al reto, pero las tres victorias lejos de arcilla de la siberiana llevan más de un lustro en los libros. En una temporada que ha marcado su regreso definitivo a la élite de la disciplina, incluidas cuatro semanas como #1, María alcanzó múltiples finales de Slam en una sola campaña por primera vez en su carrera. Uno de los últimos exponentes de explosión temprana, la siberiana contaba con tres coronas ‘grandes’ diferentes desde los 21 años, allá por 2008. La lesión sufrida en el hombro en dicha campaña, modifica sustancialmente su desempeño deportivo, restándole enteros al servicio y otorgando creciente presencia a sus destrezas de devolución. Convertida en una de las restadoras más feroces del circuito, una movilidad limitada pero al alza y una altura próxima a los 190 centímetros idónea para impactar en confort bola de vuelo elevado, encuentra actualmente en arcilla su suelo fetiche. Allí ha ganado cinco de sus últimos seis títulos; allí, quitando el experimento de Madrid, quedó invicta en 2012; y allí, ganando Roland Garros para entrar en la historia, cerró un círculo al alcance de casi nadie.

Retorno al #1 de Federer: Cuando parecía que el binomio del que había formado parte quedaba reservado a otra pareja (aun ganando las Finales ATP 2011, cierra tercero el curso) y con la cima de la disciplina a una respetable distancia (brecha de más de 5.000 puntos ATP respecto al líder serbio), el talento helvético logró batir una de las marcas más significativas que anhelaba su vitrina: las 286 semanas de Pete Sampras como número 1 del mundo. ¿Cómo lo hizo? Lo logra en Wimbledon, de modo que la respuesta debe de estar en la primera mitad de la temporada. Dos factores se antojan interesantes. Por un lado, rendimiento en entornos descubiertos. Tetracampeón (Dubai, Indian Wells, Madrid, Wimbledon) al aire libre antes del verano, desde 2007 no ofrecía un desempeño tan fructífero rodeado de factores climatológicos en la primera parte del año (no ganaba un Masters norteamericano de primavera desde 2006). Por otro, la capacidad para mantener pulsos con Nadal (victoria en Indian Wells) y Djokovic (victoria en Wimbledon) lejos de arcilla unido a la ingente defensa de puntos de español y serbio en el tramo inicial de temporada. Coronado como primer hombre tras ganar Wimbledon, queda la duda de si un Nadal a pleno rendimiento –verdugo de Murray en tres semifinales de Slam en 2011 y con cinco triunfos ‘grandes’ consecutivos sobre el suizo- hubiera cambiado el curso de los hechos. Interrogante que no resta un ápice de valor al resurgir del suizo. ¿Superará alguien esas 302 semanas?
Baño olímpico y primer Slam de Murray: Temporada marcada por los Juegos Olímpicos. Una oportunidad única para reivindicarse en casa, con la dura certeza de que –a diferencia de Wimbledon- era una oportunidad que jamás volvería. La gloria olímpica frente a la afición británica era un todo o nada. Alcanzando por vez primera el último partido en Wimbledon, el escocés firmó ante Federer su mejor final de Grand Slam hasta el momento. Con vocación más ofensiva que antaño, sólo la clausura del techo le apartó definitivamente del partido. En la cita olímpica no dejaría pasar la oportunidad y sometería al helvético sobre la renovada hierba del All England en formato de Grand Slam. Seguramente liberado a nivel psicológico y sin Nadal en escena –claro verdugo en 2011 en Grand Slam- emprendió el camino a Nueva York con espíritu renovado. El trabajo con Lendl ha terminado por fortalecer el ala derecha, configurando un tenista más equilibrado a nivel de impactos. Una virtud muy necesaria antes auténticas paredes como el serbio Djokovic, frente a quien logró el triunfo más grande de su vida en la Gran Manzana. Está por ver la capacidad del británico para mantener el gran pulso, pero en 2011 derribó barreras que no hace tanto se antojaban bien lejanas.

Segunda mitad de temporada de Serena Williams: Tras sufrir sobre la arcilla de Roland Garros su primera derrota en una primera ronda de Grand Slam (46 participaciones) en toda su carrera, la leyenda estadounidense establece su base de operaciones en la capital francesa a las órdenes de Patrick Mouratoglou. Una asociación deportiva que dará unos frutos espectaculares –conquista del oro olímpico, dos Grand Slams y WTA Championships- convirtiendo una campaña modesta en un curso por el que no pocos designan a su protagonista como tenista del año. Con posterioridad al Grand Slam de arcilla, la competidora de Michigan firma 31 victorias en 32 partidos. Apenas una derrota desde aquella fatídica tarde en la central de París. Su demoledor registro incluye un apabullante balance de 10-0 ante tenista con estatus de top5, actuando de facto como número 1 del tenis femenino. Un puesto que no ocupa desde noviembre de 2010 y que actualmente tiene a poco más de mil puntos de distancia. Tiene mucho margen para sumar en los próximos meses. “Cuestión de tiempo”, afirmó ella misma.
Maestría en individual y dobles de Errani: Alcanzar el WTA Championships, formar parte del top8 al término de la temporada regular, implica un rendimiento deportivo constante a la par que excepcional. En una disciplina con superficie en proceso de ralentización donde la demanda física no va sino en aumento, el torneo de final de temporada constituye un paradigma de resistencia. La tenista boloñesa ha logrado figurar en el grupo de elegidas tanto en modalidad individual como de dobles. Una hazaña bárbara construida a través de la estratosférica cifra de 135 partidos repartidos en algo más de diez meses de competición. Un largo camino donde ha alzado nada menos que ocho títulos por parejas y en el que se ha proclamado tetracampeona a nivel individual. Excelsa en gran escenario, sus registros de temporada incluyen tres finales de Grand Slam (dos coronas en dobles), una semifinal y dos cuartos de final. Un poderoso rendimiento que le ha propulsado en ambas listas oficiales. En circuito individual, cerró el año en top60 tras haber arrancado sin pertenecer a las primeras 40 raquetas. En modalidad por parejas, clausura el curso al frente de la clasificación teniendo estatus inferior a top25 allá por enero. Sencillamente espectacular.
‘Código Djokovic’ descifrado por Nadal: Una mentalidad ganadora sometida a una tortura deportiva. Un competidor acostumbrado a destronar contempla como un tercero cuestiona su dominio, llegando incluso a levantar la voz sobre el sagrado territorio de la arcilla. Un ataque deportivo que se extiende a lo largo de tres superficies, siete partidos y más de 13 meses. Lejos de entrar en el desánimo, el desafío actúa como estímulo competitivo basado en la necesidad de mejora. Durante buena parte de 2011 Djokovic tendía a manejar la temperatura del intercambio, cómodo en un ritmo elevado de pelota quedando Nadal relegado a un papel fundamentalmente defensivo. Con una movilidad equiparable a la del balear, no encontraba mayores problemas para controlar a un Rafa en posición retrasada, limitado al contragolpe. En 2012, a imagen de lo visto en el tercer set de la final del US Open, Rafa modifica el esquema buscando esa ‘necesidad de llevarle al límite’ proclamada a finales de año. Más metido en pista, apostando por un arquetipo táctico más orientado a la finalización, castigando al balcánico con una derecha paralela capaz de acorralarle en cierta parte su potencial al revés, Nadal ha jugado todos los partidos de 2012 mirándole a los ojos. Desde la derrota con intenso olor a punto de inflexión sufrida en Melbourne, hasta la convincente victoria en la central de Roland Garros. Una pena no haber podido contemplar la evolución de este choque en la segunda mitad del año.
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Hay muchas más historias en el año recién cerrado. La tremenda temporada de David Ferrer, el sostenido crecimiento de Angelique Kerber, el increíble retorno de Tommy Haas, la consolidación en la élite de Agnieszka Radwanska. Muchos actores en un deporte individual cuya inclusión convertiría el debate en algo interminable. ¿Cuál fue para ti la gesta del año? Te animamos a que compartas tus impresiones en la sección de comentarios.

