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Le preguntan a Ignacio Buse si podría ganar a Rybakina y la respuesta no tarda en hacerse viral

Fernando Murciego - 17 sept 2026
Ignacio Buse despierta la polémica al responder si podría ganar en un partido a Elena Rybakina. Fuente: Getty

El triunfo de Elena Rybakina en el US Open ha abierto un curioso debate que mezcla los circuitos ATP y WTA. Sinceramente, un debate innecesario. La kazaja acaba de conquistar su tercer Grand Slam y, apenas unos días después, su nivel ha servido como punto de partida para una particular discusión: ¿qué jugador masculino podría vencerla?

La pregunta llegó después de que Ignacio Buse, actual número #35 del ranking ATP, se mostrara convencido a través de un streaming de que podría imponerse a la nueva número uno mundial. Una afirmación que rápidamente generó conversación y volvió a abrir antiguos baúles, situando el debate en torno a las diferencias entre ambos circuitos y al enorme nivel que requiere enfrentarse a uno de los mejores jugadores masculinos del mundo.

La comparación resulta especialmente llamativa porque Rybakina acaba de completar una de las actuaciones más importantes de su carrera. En Nueva York superó a Naomi Osaka, Coco Gauff y Aryna Sabalenka antes de levantar el trofeo, pese a llegar al torneo con dudas físicas después de abandonar en Cincinnati por una lesión en el tobillo. Sin embargo, también sabemos que aquí la genética juega un papel fundamental, conscientes de que cualquier tenista del top500 podría vencer sin problema a cualquier tenista profesional del ranking WTA.

El debate, por tanto, llega en el momento de mayor exposición de la kazaja. Buse ha puesto sobre la mesa una provocación deportiva que ha encontrado respuesta fuera de la pista, aunque la cuestión de fondo es otra: ¿hasta cuándo vamos a seguir dando vueltas alrededor de una cuestión que todo el mundo conoce la respuesta? O mejor dicho: ¿hasta cuándo vamos a seguir sorprendiéndonos al escuchar que una tenista profesional no puede ganar a un tenista profesional?

Estamos ante una discusión que, más allá de la broma y el intercambio de declaraciones, vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta tan vieja como recurrente en el tenis: ¿hasta dónde llega la frontera entre ambos circuitos?