Skip to main content

¿Por qué ha muerto el revés a una mano?

Hoy miramos con nostalgia al revés a una mano y descubrimos la respuesta de por qué ha terminado desapareciendo del tenis.

Muerte revés a una mano. Foto: Getty

Esta mañana, muchos aficionados al tenis se hacía esta pregunta: ¿Por qué está muriendo el revés a una mano? Con la confirmación que, desde 1877, este 2026 va a ser el primer año donde ningún tenista con revés a una mano ha llegado a semifinales de un Grand Slam, podemos anunciar el fin de un ciclo, en el que el revés a una sola mano terminará por extinguirse.

Durante 149 años siempre apareció, como mínimo, un superviviente. Desde los tiempos en los que jugar a una mano era prácticamente obligatorio hasta las generaciones de Roger Federer, Stan Wawrinka, Dominic Thiem, Grigor Dimitrov, Stefanos Tsitsipas o Lorenzo Musetti. En 2026, nadie ha conseguido alcanzar unas semifinales de Grand Slam. La derrota de Tsitsipas frente a Ben Shelton en el US Open terminó por cerrar una racha iniciada hace dos siglos.

Y, seguramente, la pregunta que se haga hoy la gente no será tanto que cuándo volveremos a ver a otro tenista con revés a una mano, sino por qué ha ido desapareciendo hasta llegar a este punto actual en el que nos encontramos.  

Todo empieza cuando son niños

El primer motivo se encuentra mucho antes de llegar al circuito profesional. Está en las escuelas de tenis. Enseñar un revés a dos manos a un niño es considerablemente más sencillo. La segunda mano aporta estabilidad, permite controlar mejor la cabeza de la raqueta y exige menos fuerza en brazo, hombro y muñeca. El jugador puede empezar a competir antes sin que la pelota alta o la falta de potencia física conviertan ese lado en una debilidad permanente.

Roger Federer apuntaba precisamente hacia ahí durante este US Open. Los entrenadores actuales crecieron mayoritariamente jugando con dos manos y, además, el golpe resulta mucho más sencillo de transmitir a los jóvenes. Cambiar posteriormente requiere tiempo, paciencia y posiblemente aceptar unos meses de peores resultados, algo difícil de asumir dentro de una formación cada vez más orientada hacia el rendimiento inmediato.

Es un círculo perfecto. Cuantos menos jugadores utilizan una mano, menos entrenadores la enseñan. Y cuantos menos entrenadores la enseñan, menos jugadores aparecen. La potencia ha cambiado las reglas, pero reducirlo únicamente a la enseñanza sería injusto. El problema principal aparece cuando ese niño termina convirtiéndose en profesional.

El tenis actual es tremendamente violento

Las raquetas, los cordajes, la preparación física y la capacidad para generar revoluciones han hecho que la pelota llegue con una velocidad y un peso extraordinarios. Y aquí aparece una diferencia fundamental: para golpear un buen revés a una mano necesitas más espacio, una preparación más precisa y un punto de impacto más adelantado.

Con dos manos puedes resolver muchas de esas situaciones con menos recorrido. Una bola profunda que te encierra detrás de la línea, un resto contra un primer servicio a más de 210 km/h o una derecha cargada de efecto que te salta por encima del hombro son situaciones especialmente incómodas para el jugador de una mano. La segunda mano funciona casi como un estabilizador y permite absorber mejor la potencia rival y devolverla sin necesitar una ejecución perfecta.

Digamos que el revés a una mano te genera desventajas en el circuito actual. El de dos, te mantiene en la pelea.

Diane Parry ofreció este mismo diagnóstico al explicar por qué había empezado a utilizar dos manos especialmente al resto. Frente a grandes servicios encontraba dificultades para preparar su revés a una mano a tiempo; con dos podía bloquear mejor la pelota y entrar antes en el intercambio.

Ahí probablemente esté una de las claves más importantes de todas. El revés a dos manos permite hacer más cosas cuando estás mal colocado. Y el tenis profesional actual consiste muchas veces precisamente en eso, ser capaz de sobrevivir cuando el rival no te permite golpear cómodo.

Nadal y Djokovic enseñaron el camino

Durante años existió la idea de que utilizar dos manos limitaba el alcance y determinadas situaciones defensivas. El tenis moderno terminó desmontando esa teoría.

Jugadores como Novak Djokovic demostraron que puedes defender prácticamente desde cualquier posición manteniendo las dos manos en la raqueta. Podías deslizar, abrir mucho las piernas, golpear en posiciones extremas y transformar una pelota defensiva en una bola profunda.

Federer también ha señalado esta evolución. El cambio de materiales, superficies y entrenamiento convirtió al tenis en un deporte cada vez más construido desde el fondo de pista, precisamente el ecosistema donde el revés a dos manos tiene mayores ventajas.

No significa que técnicamente sea imposible triunfar con una mano. Wawrinka ganó tres Grand Slams destrozando pelotas desde ese lado. Federer conquistó veinte. Thiem llegó al número 3 del mundo. Significa que cada vez necesitas ser más extraordinario para conseguirlo. Con dos manos tienes margen. Con una, prácticamente necesitas excelencia.

¿Por qué se está muriendo el revés a una mano?

Tsitsipas calculó recientemente que en los años 50 alrededor del 97%-98% de los jugadores golpeaban el revés a una mano, mientras que actualmente la cifra estaría alrededor del 2%-3%. El cambio es prácticamente total. Por eso lo sucedido en 2026 no debería interpretarse como un accidente. Es la consecuencia final de décadas de evolución.

Si tienes dos niños con un talento parecido y uno puede aprender un golpe más estable, defender mejor las bolas altas, restar con mayor seguridad y competir antes, resulta lógico entender qué opción terminará escogiendo la mayoría de entrenadores. El tenis ha realizado una especie de selección natural, y ha elegido las dos manos.

 

 

Seguramente el revés a una mano sea menos eficiente para el tenis que estamos construyendo, pero también aportaba algo que ninguna estadística puede medir completamente: variedad.

Quien aprende a golpear de esa manera desarrolla de forma natural una relación diferente con la raqueta. El cambio hacia el slice resulta más intuitivo, la transición hacia la volea es más sencilla y existe una sensibilidad especial para utilizar diferentes alturas, ritmos y efectos.

Musetti representa probablemente uno de los últimos ejemplos. Puede acelerar, cortar, cambiar alturas, lanzar un slice defensivo, esconder una dejada o utilizar la misma preparación para producir bolas completamente distintas. La ATP ha definido precisamente su repertorio como algo cada vez más excepcional dentro del circuito. No quiere decir que un jugador con dos manos no pueda tener toque. Carlos Alcaraz es la demostración evidente de lo contrario.

Durante décadas, la técnica condicionaba también la personalidad tenística. Había más maneras de construir un punto porque había más maneras de golpear la pelota.

Tsitsipas lo resumió después de caer en Nueva York. Siente que el tenis está perdiendo variedad y que cada vez aparecen más jugadores construidos alrededor de patrones similares. Quizá el revés a una mano todavía no haya muerto. Musetti, Shapovalov o Tsitsipas seguirán intentando mantenerlo con vida, pero 2026 deja una señal difícil de ignorar.

El golpe que durante más de un siglo fue uno de los grandes símbolos del tenis se ha convertido en una especie en peligro de extinción. Algo entendible por el camino que está tomando el tenis en la actualidad y que con el paso de los años se exacerbará aún más, puesto que los tenistas cada vez golpean más fuerte.

Por tanto, solo nos queda empezar a despedirnos de este golpe que tan buenos ratos nos ha dado. Siempre nos quedará Youtube.