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Rafa Jódar, ¿el villano favorito del tenis mundial?

El español suscita grandes críticas y resentimientos en muchos aficionados, gran parte de ellas injustificadas, pero rebosa carácter competitivo y personalidad.

Rafael Jódar, personalidad y críticas. Foto: gettyimages

Rafael Jódar es especial por muchos motivos y uno de ellos es que no busca contentar ni a aficionados ni a rivales. En unos tiempos en los que la imagen personal que proyecta cada deportista es cuidada al detalle, el joven madrileño no dedica ni un ápice de esfuerzo a ser "un yerno ideal" ni el adalid de la ternura en pista. ¿Qué consecuencias está teniendo eso y hasta dónde puede llegar?

Tan solo un gesto desafortunado, unas palabras mal entendidas o, directamente, una campaña de acoso y manipulación en redes sociales partiendo casi de la nada, son suficientes hoy en día para generar un sentimiento respecto a un deportista en el imaginario colectivo. Esto se hace mucho más palpable en el tenis, por la exposición total de los tenistas al ser un deporte individual y lo mucho que se analiza todo lo que hacen y dicen.

Jódar y una actitud irreverente y auténtica

Aterrizó Jódar en el circuito como elefante en cacharrería, dispuesto a arrasar con todo y sin preocuparse por las formas. Ser simpático no es primordial, caer bien a los rivales menos aún y construir una marca personal no parece estar entre sus planes, aunque posiblemente, la mejor manera de hacerlo sea siendo fiel a sí mismo, tal y como está siéndolo durante todo el año.

Es preciso señalar que Rafa no es un tramposo, no es antideportivo, no se inventa lesiones, no agrede a recogepelotas y no se corta los cordones de la zapatilla aposta para parar el partido cuando quiera. Puede sonar ridícula la aclaración, pero en realidad es muy pertinente después de hacer un barrido en redes sociales cada vez que el español gana un partido.

Supuestos hinchas brasileños de Joao Fonseca han comenzado una campaña de descrédito contra el español, percibiéndolo como una amenaza y buscando esa polarización entre dos jugadores coetáneos que tanto cautiva a determinado tipo de gente. 

De todos modos, no parece incómodo Rafa con este papel. De hecho, diría que todo lo contrario. Decidido a no prestar atención a esta corriente contra él, está sabiéndose manejarse en un océano de tiburones como el más peligroso de todos ellos, algo impensable en un chaval de 19 años recién aterrizado en el profesionalismo.

No, Jódar no es una hermanita de la Caridad y, en ocasiones, surfea por los límites del reglamento, pero no de un modo estratégico ni ofensivo con sus rivales. Lo de sus cordones es algo que tendrá que resolver Adidas, como ya hizo con Tsitsipas, quien también en esta gira, tuvo años en los que se cambiaba de zapatillas dos veces por partido, generando críticas universales sobre la marca alemana.

¿Por qué Jódar puede convertirse en el villano ideal?

Son ya muchos los que ven en Jódar a ese villano ideal en un ecosistema como el tenístico, ese hombre que no busca contentar a la gente y que está dispuesto a todo por ganar partidos; sin concesiones, sin achantarse ante nadie y con buenas dosis de picaresca. Eso, a la larga, granjea muchos seguidores e infunde respeto y hasta cierto temor en los rivales. No sería el primer "tenista odiable" que disfruta de ello y refuerza su carrera deportiva debido a ese factor.

Es cierto que ha tenido ya roces con otros tenistas, o más bien, otros tenistas con él. Porque su cara de póker cuando parece que se desatan las hostilidades y ese rostro de niño bueno que es capaz de poner no hacen más que exacerbar la rabia de sus contrincantes y provocar el odio en los que se sienten cómodos en ese sentimiento, y la risa floja e interés genuino en los que se toman la vida con filosofía.

Asistir al nacimiento de una estrella nos permite ir desentrañando los entresijos y vericuetos de una carrera incipiente llamada a conquistar la gloria. Será interesante analizar si cambia algo Rafael Jódar en su comportamiento ante la prensa (escueto y respetuoso), rivales (vinagroso) y aficionados (desafiante y cómplice).

Hasta el momento, disfrutemos de su autenticidad, una virtud en peligro de extinción, y sigamos baremando hasta dónde puede llegar su tenis y de qué manera puede evolucionar su imagen personal. 

Ver cómo unos tímidos abucheos en su partido ante Shapovalov tornaron en aplausos y vítores cuando empezó a remontar, puede darnos una pista de que la mejor manera de caer bien sea dejarse el alma en la pista, mostrar amor por lo que se hace, luchar hasta el final y ser fiel a uno mismo. Con todo ustedes, Rafa Jódar, genio y figura.