Novak Djokovic es ese amor de verano que sabes que pronto va a acabar, pero que nunca quieres que termine. Ese amor con el que te ves en el banco de la plaza, contando los días para que llegue el final e intentando aprovechar cada segundo a su lado. Pronto, el tiempo dirá que ya es tiempo de separar caminos y tocará despedirse. Probablemente para siempre. Por eso, cada minuto en esa plaza será un regalo.
Tiene 39 años, pero cuerpo de alguien que apenas supera los 30. Durante años cuidó su cuerpo como un templo. Se levantó temprano cada mañana. Hizo estiramientos, meditación y tomó alimentos que a más de uno le echaría para atrás, sabiendo que eso le haría mantener el nivel competitivo hasta esta edad. Nada viene caído del cielo. No es suerte. No es genética (bueno, quizá un poco de esto sí). Es trabajo, sacrificio y una vida dedicada en su plenitud a esto.
Novak Djokovic no necesita rendir a su mejor nivel en Wimbledon para llegar hasta donde ha llegado ahora. Solo en cuatro de las veintiuna veces que ha jugado en el All England Tennis Club perdió antes de cuartos de final, y tres de ellas fueron en sus cuatro primeras participaciones. Cuando Nole fue el Nole que todos conocemos, el serbio se hizo grande aquí. Si alguien sabe cómo jugar en hierba, ese es él.

Que nadie dé a Djokovic por derrotado en Wimbledon, todavía
Hay una costumbre arraigada entre una gran parte de los aficionados al tenis, desde el año 2018. Desde que Nole empezó a mostrar algún signo de debilidad, al serbio le vienen retirando o dando por muerto antes de tiempo. No aprenden. Sobre todo, en estos últimos años, cuando los jóvenes ya han empezado a ganarle más veces de las que él ha podido ganarles a ellos, ya le dan por derrotado antes de jugar el partido clave. Y luego puede pasar lo que pasó hace seis meses.
Aquella noche del 30 de enero, Nole llegó a las semifinales de Australia frente a Sinner con el cartel de derrotado puesto en su espalda por mucha gente. Él se encargó de despejar cualquier duda en un partido memorable. Su última gran noche en una pista de tenis. Le remontó un 2-1 a Jannik para decirle al mundo que puede que estuviese cerca de los 40, pero que la clase, la magia y el talento que tiene no se han hecho más viejos, sino más sabios.
Seguro que los ecos de los gritos de la gente tras su victoria en Melbourne siguen resonando en la cabeza de Novak. Él sigue jugando por momentos como este, el de hoy, por momentos como el de aquella noche, en Melbourne, y por el del próximo viernes en Londres. Para darse una nueva oportunidad de sentir esa sensación que solo lo da una victoria en una pista de tenis. Para luchar por el 25. Su última gran obra.
Se quedó cerca en Melbourne, pero Nole sabe que aunque todavía quedaría una final que disputar el domingo, medio título se juega este viernes ante Sinner. La buena noticia para él es que va a tener 62 horas de descanso antes de ese partido. Un día más de la cuenta para descansar. Le vendrán como agua de mayo para un cuerpo que pide a gritos descansar. No es momento de parar. El 25 se puede rozar con los dedos.
Y mientras Nole camina hacia la puerta de salida de la pista Central de Wimbledon, raquetero al hombro, la vida nos dice que pronto nos tocará decirnos adiós. Nos prometeremos no llorar. La vida se nos escapa entre las manos como mercurio, pero la huella de ese amor de verano quedará grabada para siempre a fuego en nuestros corazones, demostrando que cada partido de Nole, a estas alturas, sabe a eternidad y a despedida simultáneamente. Los dos viviremos este instante con la intensidad del que sabe que no hay tiempo que perder.

