Taylor Fritz es el primer cabeza de serie del ATP Dallas 2026. Torneo de categoría 500 que se disputa en casa, en una superficie que le beneficia (pista dura bajo techo, bote bajo y de cierta rapidez) y donde goza del cariño de su público. Siendo el actual número #7 del ranking ATP, hasta ahí, todo bien; poco se podría reprochar a un jugador que sabe como nadie maximizar las oportunidades que se le presentan para permanecer en la élite del circuito.
El problema, claro, se da cuando aparece el fisio en apenas el inicio de su partido de primera ronda frente a Marcos Giron. Problemas al mover la rodilla, problemas que parecen desaparecer y que remiten, eso sí, conforme el partido avanza. ¿El resultado final? Un duelo de altísimo nivel, con intercambios de muchos quilates, con uno de los puntos del año y en el que Taylor acaba ganando por un ajustadísimo 7-6 en el tercer set. Una paliza física que viene con no demasiado tiempo de descanso desde su última aparición en un torneo, en octavos de final del Open de Australia... donde cayó entre claras molestias frente a Lorenzo Musetti.
Para Taylor, a sus 28 años, el físico podría convertirse en el juez que dictamine cuánto tiempo le resta en el primer escalón del circuito. Acostumbrado a jugar muchos torneos de menor categoría, de acumular semanas en el cuentakilómetros porque, según él, sus molestias menguan conforme su cuerpo ganar ritmo de competición, la tendinitis que viene arrastrando desde hace meses le obliga a tomar una decisión: parar y tratarla debidamente, o aceptar el riesgo y seguir con un calendario normal, confiando que los tratamientos conservadores y la carga de partidos no terminen por destrozar esa maltrecha rodilla. De momento, Fritz parece haber escogido el segundo camino.

Así ve Taylor Fritz las molestias que sufrió ayer y en este punto de su carrera se encuentra el estadounidense
Partidos tan físicos como el de ayer, en una primera ronda de un torneo que no es ni mucho menos necesario para él, pueden suponer una auténtica losa en el futuro. Confía en su físico el de Rancho Santa Fé, que ha dejado visibles señales de dolor en los últimos meses: en su partido de ATP Finals contra Carlos Alcaraz, incapaz de aguantar la intensidad física durante más de dos horas; en la United Cup, donde declaró que la tendinitis apenas le había dejado tener una pretemporada normal... y también en Melbourne, donde confesó que estaba muy lejos de su 100% en su derrota ante Musetti.
Las alarmas que saltaron en el primer set de ayer fueron rápidamente evacuadas por el estadounidense, que señaló posteriormente que el "extraño giro" que había sentido en su pierna derecha, afectando a su rodilla, no tenía nada que ver con la tendinitis con la que lleva lidiando meses. Seguir poniendo nombre al problema, aún así, demuestra que no se ha erradicado: en cualquier momento, sobre todo en superficies más rugosas y lentas como las que se nos avecinan (Acapulco, Indian Wells), la rodilla de Taylor podría decir basta.
El mes de febrero parecía el momento ideal para tomar aire. Una tregua a su físico. Días de descanso y exploración, búsqueda de alternativas. Por el contrario, el norteamericano se ha vuelto a alistar a semanas de infarto, apuntado en Dallas, Delray Beach y Acapulco, una hoja de ruta similar a la de temporadas anteriores... a pesar de que su estatus en el circuito es completamente diferente.
Afrontar la encrucijada por el camino de mayores riesgos y obstáculos. Es la apuesta de Taylor, un todo o nada que puede salir muy bien y mantenerle en el candelero si su físico aguanta... o terminar de enterrar sus opciones de ser competitivo al más alto nivel. Por el momento, Fritz ha tomado una decisión, y el circuito espera impaciente si será la correcta o no. Seguiremos sus andanzas por Dallas, ojalá que con menos sustos que el que nos dejó ayer. ¿Estará en lo cierto o se equivocará? Lo comprobaremos pronto.

