Pocos jugadores más talentosos hemos visto en los últimos tiempos que David Nalbandian. No todos pueden presumir de ser reconocidos como 'El Rey', un apodo que rendía homenaje a su facilidad para abrir pista, trazar diagonales, aguantar el ritmo de bola de los mejores y hacerlo con una elegancia y facilidad insultante. El único hombre en derrocar al Big Three en el mismo torneo, genio y figura del tenis argentino y mundial, tiene todavía mucho que decir... y muchos recuerdos que desempolvar.
La carrera del albiceleste se comprime de recuerdos de una altísima carga emocional. Algunos, muy positivos; otros que, quizá, querrá olvidar. Su figura va unida a la de la Copa Davis, su gran espinita clavada y a la vez el motor de su carrera deportiva. "La Davis era otra sensación, otra presión, otro disfrute. Otra cosa. Representabas a tu selección, te sientes más involucrado con la gente, y viceversa. Tenía una cosa espectacular, hoy con el sistema nuevo no se siente tanto la localía", explica un Nalbandian que responde sin pelos en la lengua a lo que siente por el formato actual de la competición.
"No me gusta, no. Si hoy jugara, sí que es verdad que no lo vería tan mal a nivel de calendario, ya que yo perdía un montón de tiempo preparándome para la Davis, me quitaba muchos torneos. Siempre lo hice. Ahora no te quita tanto tiempo para mejorar el ranking o el descanso. Yo planeaba mi temporada en torno a la Davis: vivía una sensación que jamás iba a experimentar en otro torneo". David siempre fue un tipo, en cierto modo, contracultural: un distinto que vivió de cerca la eclosión del Big Three y que anticipó los posibles cambios en el estilo de juego que vendrían posteriormente. No extraña, pues, que una de sus confesiones más interesantes haga referencia a cómo afrontaba cada encuentro.
"En los Grand Slams, siempre salía a cansar al rival en el primer set. No me importaba si lo ganaba o no. Yo era consciente de que mi rival iba a correr, en ese primer set, muchos más kilómetros que yo. Cuando comenzaba el segundo, yo estaba a cero y el tenía el tanque a medias. Aflojaba y no hacía winners para que mi rival se cansase más". Una confesión potente que en ciertas ocasiones le costó caro: David nunca pudo hacerse con un Major... y eso que tuvo alguna que otra buena oportunidad.
La oportunidad perdida de Australia 2006, un recuerdo clavado como una espina en la retina de Nalbandian
Es difícil definir el prime de Nalbandian: tuvo torneos aislados inolvidables, pero sufría para encontrar una regularidad de juego que durase varios meses. Uno de sus mejores momentos, sin duda, nos retrotrae al final de 2005, cuando conquistó la Copa de Maestros tras una inolvidable final ante Roger Federer: un par de meses después, el argentino pisaba las semifinales del Open de Australia 2006 y superaba a Marcos Baghdatis por dos sets a cero. En la final, esperaba su viejo amigo Roger: parecía la oportunidad ideal... pero todo se desvaneció.
"No me esperaba aquella derrota. Iba ganando 2-0, aunque igual el partido era muy duro. Es un partido que tendría que haber ganado: volvía a jugar la final con Roger... y creo que si gano ahí, en la final le volvía a ganar a Roger, porque veníamos del partido del Masters dos meses antes. Son situaciones que se dan así, no se puede hacer más". No pasó demasiado tiempo David fustigándose por aquella derrota, ni tampoco por las más duras: su confesión sobre la rueda que nunca para de girar del tenis es muy clara. "En el tenis no hay tiempo ni de festejar tanto ni de ponerte triste mucho tiempo: es un circo que se mueve muy rápido, y tienes que estar siempre arriba del tren. Nunca hay tanto tiempo ni para lamentarse ni para festejar".
El recuerdo de su histórico triunfo en Madrid y el debate sobre el Big Three
Más allá de sus triunfos y derrotas en Grand Slams, buena parte del recuerdo que el público general tiene del albiceleste gira en torno a su relación con Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Es el único tenista de la historia capaz de derrotar a los tres en un mismo torneo: el Masters 1000 de Madrid permanece en la retina de todos los aficionados al tenis, y nadie mejor que él para revivir qué pasó en aquella mágica semana.
"En 2007, yo venía de un año difícil, me había lesionado. Recuerdo que estaba en el top-30, pero defendía puntos... si no me iba bien, me iba al #40 del mundo. En mi segundo partido tuve match point en contra, ante Berdych. Zafé ese partido, estaba jugando muy bien, venía de jugar muy bien en el US Open, de perder contra Ferrer en cinco mangas. En los indoors sabía que tendría la oportunidad de jugar muy bien.
En cuartos me toca con Rafa. No había jugado nunca contra él. Madrid, con el público... entré a jugar y me empecé a sentir cómodo desde el minuto cero, Rafa tampoco jugó su mejor tenis, se le escapaba un poco la bola con la altura y lo aproveché. Con Nole había perdido una vez en Montréal: sabía que era un partido superduro, pero venía con buenas sensaciones, estaba jugando muy bien, le gané en dos. Con Roger... era el clásico, fue con quien más partidos jugué de los tres. Ya me había ganado mucho, pero ese... ese fue un partidazo. Fue un gran partido. Son cosas que pasan una vez en la vida, y a mí me tocó esa semana".

Pocos hombres más autorizados, pues, para ofrecer su opinión en el debate acerca de quién es el mejor de la historia. ¿Con quién se queda el Rey David? "Creo que hay unanimidad, pero también distintos gustos. Sin dudas, Nole es el mejor. Por resultados, números, todo. Ahora bien: te pueden gustar más Roger y Rafa, que están un poco más abajo en lo númerico, pero fueron mucho más a nivel simbólico para la gente. Para mí, Djokovic es el mejor, sin dudas. Te puede gustar más o menos, pero para mí no hay dudas. Además, Nole ayudó a Roger y Rafa a seguir mejorando y seguir teniendo objetivos. Entre los tres se potenciaron". Firma el Rey David, uno de esos genios del tenis moderno que, quizás, tenía talento para haber competido con más asiduidad ante todos ellos... pero, como bien dijo un sabio de Manacor, "if, if, if, doesn't exist".

