A veces el tenis nos recuerda por qué es el mejor deporte del mundo. Grigor Dimitrov y Daniil Medvedev pusieron su granito de arena para abrir la jornada en París-Bercy, firmando un partido delicioso, con dos estilos de juego completamente opuestos, que se alargó hasta un final agónico y en el que el búlgaro se acabó imponiendo.
Oda al tenis. Así podríamos titular el encuentro que acabamos de vivir en la Pista Central del ATP Rolex Paris Masters 2023. Si el año de Grigor Dimitrov estaba siendo sencillamente sobresaliente, solo le faltaba volver a sumar una nueva victoria ante un top-3, justo a final de temporada, para hacerlo aún más dulce. Su actuación ante el incansable e incombustible Daniil Medvedev, que le hizo la vida imposible a pesar de ser netamente inferior durante largos tramos del encuentro, fue una absoluta delicia. Asaltando al moscovita con cambios de ritmo constantes, con un revés cortado que deslizó por la pista como un trueno y unas centelleantes subidas a la red que tomaron por sorpresa a Daniil, Dimitrov necesitó de un tiebreak en el tercer set para cerrar el duelo... pero lo hizo, vaya que si lo hizo (6-3, 6-7(4), 7-6(2)).
Hace solo una semana ya vimos lo que estos dos jugadores son capaces de darnos si se ven las caras. Fue en Viena, en un duelo en el que el mayor fuelle físico de Medvedev hizo estragos y le permitió remontar la desventaja de un set. Hoy, de nuevo en la segunda ronda de un torneo, solo con su empuje y resistencia no le fue suficiente a Medvedev, aunque se quedó muy cerca de firmar otro escape 'Houdinesco' que no hubiese sorprendido a nadie. En el primer set, Dimitrov hizo acopio de todas sus variantes y comenzó a desmontar la resistencia del moscovita: cambios de ritmo, subidas a la red en la primera bola corta del intercambio, mejores porcentajes al saque... Daniil no podía hacer nada.
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Se hizo más fuerte Medvedev con su servicio en el segundo parcial, aunque sus primeras dudas llegaron en un terreno en el que suele ser impasible. Con 5-2 y sacando para llevarse el segundo set, Dimitrov volvió a tejer una profunda tela de araña que atrapó y desconectó por completo al robot ruso. La muñeca se congeló en lo que al saque se refiere, Grisho se metió al público en el bolsillo y Medvedev llegó a encararse con el público, lo que le valió un warning por pérdida de tiempo. Todo parecía dispuesto para que Grigor cerrase el partido aquí, pero Daniil fue capaz de resetear a nivel mental, se hizo fuerte en el tiebreak y mandó el duelo a un tercer set. La historia de siempre con Dimitrov: tan cerca y a la vez tan lejos... ¿no?
SUFRIMIENTO, ODISEA Y ÉPICA FINAL
El tercer set fue sencillamente colosal. Una montaña rusa de emociones en la que Dimitrov golpeó primero, pero en la que volvió a flaquear con la línea de meta a solo un par de pasos. Con 5-3 y sacando para ganar el encuentro, el de Haskovo gozó de hasta cuatro pelotas de partido: todas se marcharon por el retrete, incluida una tras un intercambio de 47 golpes. Una guerra de guerrillas en la que Medvedev se manejó como cerdo en el barro, disfrutando viendo cómo la resistencia y el alma de Dimitrov parecían marcharse con cada oportunidad perdida.
Pero el duelo tenía reservado un último giro de guion. Inesperado para muchos, quizás. La inspiración en el tiebreak fluyó en la raqueta de Dimitrov, que consiguió un par de puntos gratis al saque y vio cómo la guardia de Medvedev bajaba un poco. Dos errores no forzados fueron suficiente metralla para la artillería búlgara, que no dejaría escapar esta oportunidad y cerraría el duelo de la misma forma en la que jugó todo el partido: fluyendo, valiente, acercándose a la red y poniendo la pelota en las esquinas, buscando las cosquillas de un Daniil lejos de la inspiración necesaria como para contrarrestar semejante vendaval. Quizás solo sea una segunda ronda, pero pocos partidos ejemplifican tan bien el paso adelante que Dimitrov, a sus 32 años, ha dado esta temporada: volviendo a disfrutar en pista, con un tenis pintoresco, un lenguaje corporal renovado, jugando como si las perennes expectativas se hubiesen evaporado. Y el tenis lo agradece, Grigor.

