Convertir a uno de los mejores del mundo en una marioneta en sus manos es algo que solo pueden hacer unos pocos elegidos en la historia del tenis y Carlos Alcaraz es uno de ellos. El español sigue minando la moral de un Stefanos Tsitsipas al que, no ya la derrota, sino la impotencia más absoluta que se puede sentir como tenista, podría lastrar muchísimo su carrera. No es cuestión de este partido. Imaginen lo que sentirá un hombre que persigue con ahínco el sueño de ganar un Grand Slam, que lleva años en el top-10 después de tratar de tú a tú al Big 3, y que ahora se encuentra con un rival simplemente inabordable. La exhibición del murciano fue tan absoluta en este Roland Garros 2023 que todos llegamos a sentir cierta congoja al pensar en lo que sentiría el griego. 6-2 6-1 7-6 (5) y pase a semifinales para disfrutar, al fin, del partido más esperado desde hace mucho tiempo. Novak Djokovic espera.
Si la perfección existe en el tenis debe aproximarse mucho a lo que mostró Alcaraz frente a una cariacontecida Philippe Chatrier. Ya desde los compases iniciales del primer set quedó constancia de la superioridad manifiesta del murciano, que encontró la manera de martillear el revés del griego con bolas altas que obligaban a este a perder la iniciativa. Intentó hacer variaciones con el cortado y jugar muy agresivo, asumiendo riesgos con su drive, pero ni aún y así veía el griego atisbos de esperanza. Subía a la red en las pocas ocasiones en que podía adquirir la iniciativa y veía una centella amarilla pasando por su lado, corría como pollo sin cabeza por el fondo de pista, recluido a un castigo inmisericorde por parte de un hombre con recursos inagotables.
Alcaraz terminó con 36 golpes ganadores y 20 errores no forzados
Quizá alguno esperaba que esta demostración de poderío fuera algo abocado a desinflarse en la segunda manga, pero nada más lejos de la realidad. Los puntos en favor de Carlitos caían en un goteo constante que recordaba a las ancestrales técnicas de tortura empleadas en China durante siglos pasados. Sufría Stefanos, mantenía su actitud constructiva y trataba de buscar tiros vencedores cuando tenía oportunidad. El español estuvo muy serio, mucho más de lo habitual, sin concederse ni un instante de relajación y manteniendo una solvencia impresionante al servicio. El rictus de contrición en el tenista heleno era máximo y se recluía en el fondo de la pista, tratando de esconderse, suplicando para que la tormenta parara y musitando letanías en las que no había ya ni un ápice de esperanza.
La dinámica fue la misma en el tercer parcial, con Stefanos Tsitsipas asumiendo ya el escarnio público al que estaba siendo sometido, que dolía más por el mero hecho de que ni siquiera él jugó mal, sino que se enfrentaba a un rival en otra esfera. No experimentó ni la más mínima desconexión el murciano, consciente de que no podía otorgar ni una mínima rendija en su tenis por la que pudiera colarse el heleno. Pero lo hizo. Del 5-2 y 15-40, se pasó al 5-5 fruto de ciertos nervios por su parte y de un gran nivel del griego, que se acogió a un milagro histórico y eligió creer.
Consiguió serenarse el español y encontrar el equilibrio perfecto entre rabia por lo sucedido y estabilidad emocional para recuperar su mejor tenis en el tiebreak. Carlos Alcaraz sigue dispuesto a asombrar a propios y extraños y se encuentra ante una oportunidad histórica. No es una estrella, es una auténtica supernova que iluminó el cielo de París en Roland Garros 2023 y oscureció la mente y el tenis de su contrincante. Ahora, tendrá que medirse al astro más brillante del firmamento: Novak Djokovic.

