Dos partidos de Wimbledon me han bastado para poder afirmar sin miedo a equivocarme que este Jannik Sinner no es el mismo tenista de antes de Roland Garros. Mi opinión va mucho más allá del resultadismo, o de que Kecmanovic le llevase a cinco sets en su debut, ya que todo se centra en el juego y en el nivel de confianza que tenía antes de sufrir los famosos problemas físicos de París.
Antes que nada, me gustaría dejar clara una cosa: Sinner sigue siendo principal favorito a ganar Wimbledon. De hecho, lo más probable es que suba su nivel según avance rondas, como es lógico al ser su primer torneo en la gira de hierba. Una cosa no quita la otra. Aún así, el tenista que ha salido a jugar a la Pista Central de Wimbledon estos últimos días es mucho más vulnerable que la máquina de guerra que hasta el momento ha ganado todos los Masters 1000 de la temporada y ha pulverizado todos los récords.
Ni Borges ni Kecmanovic son dos tenistas que deberían hacer tanto daño a Jannik, pero lo han hecho, y todo reside en las dudas del tenista italiano. Esas mismas dudas que tuvo tras perder en el Open de Australia y que le llevaron a perder contra Jakub Mensik en Doha. En esos momentos se le criticó, como si ya no fuese el mismo, y Sinner respondió ganando Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma. A nivel mental Sinner es una roca, pero perder la oportunidad de completar el Career Grand Slam en Roland Garros por culpa de tu cuerpo debe de ser muy duro.
Porque sí, a día de hoy, y más sin Carlos Alcaraz de por medio, la realidad es que el mayor rival de Sinner es él mismo. O mejor dicho, su físico. Las pruebas en Milán, el chaleco refrigerante en los entrenamientos, la posible ola de calor de la semana que viene en Wimbledon... Todo preocupa a Jannik en este momento. A día de hoy los tenistas se han dado cuenta de que se le puede hacer daño en un buen día, algo que no pasaba hace unos meses, y en realidad no es algo malo. No digo para él, me refiero al tenis.

Que Sinner no esté como antes es una gran noticia para el tenis
De hecho, es una gran noticia para el deporte que Sinner sea más vulnerable. Por ejemplo, la Fórmula 1 se me hace aburrida desde que predomina el mejor coche y las carreras no dependen del piloto. La misma sensación tenía durante cierta parte de esta temporada, donde la pregunta no residía en quién iba a ganar el torneo, sino en cuántos sets iba a perder Sinner en su camino a levantar el título. La gente quiere ver sorpresas, cambios de guión, y eso es lo que están recibiendo.
Repito, por si no has leído el segundo párrafo, que esto no es una crítica a Sinner. De hecho, es completamente normal lo que le está sucediendo. Por mucho que la gente se empeñe en llamarle robot no lo es. Es un hombre de carne y hueso, con sus bajones y sus problemas, que lleva sin jugar desde Roland Garros y no ha tenido tiempo de adaptarse a la hierba, lo cuál abre mucho más las posibilidades para Wimbledon. Ahora el Grand Slam número 25 de Djokovic parece más cercano que nunca, o incluso otra sorpresa como en París.
Eso sí, disfrutad mientras podáis, porque en cuanto la máquina vuelva a engrasar seguramente se acabe el cuento. De momento, el Ferrari de San Cándido ha pasado por el mecánico y está en periodo de pruebas, pero no me cabe duda de que en cuanto vuelva a encontrar el ritmo y la confianza volverán los récords, los inumerables partidos seguidos sin ceder un set y todo lo que viene de la mano con eso. Sin embargo, en este Wimbledon estamos viendo al Sinner más terrenal, con todo lo que ello conlleva.

