Noche total y clima frío en el ATP Masters 1000 Montecarlo 2023 para el último duelo de octavos de final del día. Los organizadores se guardaron para el final lo mejor, un duelo repetido en multitud de ocasiones que veía su primera comparecencia en el Principado. No siempre los Alexander Zverev vs Daniil Medvedev se convierten en clásicos; es más, son dos jugadores de biotipos completamente similares, lo que puede llegar a afear muchos de sus partidos. Sin embargo, las dos ocasiones en las que se han visto las caras en este 2023 nos han dejado partidos para el recuerdo, con multitud de cambios de guion, golpes imposibles, momentos para la tensión y un desenlace dramático que siempre sonrió al hombre que más confianza posee en lo que llevamos de año... incluso cuando la superficie no es de su agrado (3-6, 7-5, 7-6(7) para Medvedev).
El duelo comenzó tan gélido como el clima en Montecarlo, impropio de un torneo bañado por el sol y el mar. Dos 'jirafas' enjauladas en condiciones sobre las que necesitan mucho más rodaje: uno, por una sequía prolongada de encuentros desde un desenlace desafortunado en París, el otro por su habitual antipatía hacia una arcilla que todavía la resulta extraña. Fue el más experimentado sobre ella quien tomó la delantera, mostrándose mucho más sólido y regular, llevando el duelo hacia unos intercambios largos en los que Medvedev terminaba por desesperarse. Zverev replicó las buenas sensaciones de su anterior partido ante Bautista y caminó hacia delante con mayor serenidad, mostrándose más firme en un clima en el que parecía que las roturas serían la piedra angular del encuentro.
El primer set cayó de su lado con un claro 6-3, mientras que Daniil aumentó su ofensividad en un inicio estelar de segundo parcial. Con acierto irregular sumaría a la dejada a su repertorio, dejando luces y sombras pero, al menos, saliéndose un poco de la monotonía desde el fondo que quería imprimir Sascha. Con sus turnos al saque el alemán levantaba la cabeza, mostrándose más agresivo y haciendo también más daño al resto, detalle que Medvedev conseguiría cambiar sustancialmente en el segundo parcial. En el primer set sacó en un 20% al lado de la derecha de Sascha en la zona del deuce; en el segundo, un 80%. Hizo lo propio en el lado de la ventaja (del 50% al 67%), encontrando una nueva vía por la que hacer daño. Y vaya si lo consiguió.
No lo suficiente como para cambiar la dinámica del partido, sí para igualarlo y obligar al germano a encontrar recursos en su mentalidad. A punto estuvo de hacerlo Zverev, que sacó para ganar el partido y notó los nervios de la línea de meta, entregando su servicio y postrándose a la derecha de Daniil. Las escaramuzas del ruso con el público, gesto de mandar a callar mediante, parecieron reavivar su fuego interno. Inclinando los intercambios por la zona de la derecha y atacando con asiduidad esa zona, Medvedev vería un cambio de tendencia casi milagroso, un juego de escapismo que se hizo posible gracias a la diferencia de ritmo y victorias que ambos llevan en la buchaca. En esta montaña rusa todavía quedaba un nuevo giro de guion.
ZVEREV RESISTE EN EL TERCER SET
La ola de la confianza le pertenecía a Medvedev, que amanecería en los primeros juegos del tercer set con hasta cinco bolas de break a su favor, imprimiendo el mismo ritmo letal desde el lado de la derecha y combinándolo con dejadas de bella factura. Ahí emergió el mejor Zverev, que caminó por la tormenta y sacó fuerzas de donde parecía no haberlas, esquivando esas bolas de rotura mientras recuperaba sensaciones con su servicio. Tanto las recuperó que equilibró fuerzas y acabó por encontrar una grieta en el saque de Daniil, rompiendo en su primera oportunidad y dándose la oportunidad de sacar para ganar el partido.
Y ahí, de nuevo, la roca Daniil Medvedev volvió a aparecer. Le rompió el servicio en blanco a Zverev, un golpe desmotivador, una daga en la confianza de Sascha, al que algo similar le había sucedido en el segundo set. Y justo en el juego a continuación, el alemán volvió a disponer de bolas de rotura... que se perdieron en la distancia. La fórmula parecía clara: cada vez que era capaz de acercarse a la línea de meta, la pasividad se apoderaba de su tenis, permitiendo a Medvedev crecer y dominarle sin necesitar de demasiada agresividad. Todo lo contrario, claro, cuando Sascha era capaz de restar profundo y ser agresivo desde el primer golpe, justo lo que consiguió para estar en control del encuentro durante buena parte de dos sets.
Con esto nos marchamos al tiebreak, un desenlace al que Zverev parecía condenado desde el inicio. El tipo que intenta derribar una puerta en varias oportunidades, incapaz de abrirla y rebasado en el último instante por su rival, alguien no necesariamente mejor, pero experto en salir de esos pequeños momentos trampa debido a la confianza que ha ganado en oportunidades recientes similares. Dio lo mejor de él para revertir esta especie de conjuro, incluso jugar varios puntos increíbles cuando estuvo dos minibreaks abajo... y lo consiguió, generándose dos puntos de partido que se escaparon de dos maneras que ejemplifican muy bien la confianza de cada uno: un resto de revés de segundo saque largo, una derecha casi ganadora de Medvedev.
La confianza y la mentalidad siguen pesando como una losa para el alemán, que tuvo muchas oportunidades para darse a sí mismo una victoria de entidad. Su apretón de manos final, ignorando completamente a Medvedev y marchándose con celeridad a su banquillo, habla muy a las claras de lo dolorosa que es esta derrota para un tipo que continúa en una lucha contra el tiempo para volver a ser el que fue. Por su parte, Medvedev demostró que en esta gira de tierra, a falta de su mejor versión, le sobrará sacrificio y pundonor, cualidades con las que, para su sorpresa, también se pueden ganar partidos. Aún más, claro, cuando estás bajo una superficie que te exige sangre, sudor y lágrimas. Y vaya que si lo demostró hoy...

