Novak Djokovic cosechó el pase a octavos de final de Wimbledon 2026 tras una meritoria y trabajada victoria ante Arthur Rinderknech. Vendió cara su piel el jugador francés, pero terminó claudicando ante una leyenda viviente que sigue mejorando en cada partido disputado. El resultado final fue de 7-5 6-4 1-6 7-6 (4) en favor de un Djokovic que se enfrentará ahora con Roman Safiullin.
Cada partido es una aventura de inescrutable destino y apasionante guion. Así es como afronta Novak Djokovic todos los enceuntros en grandes escenarios, con una mezcla de disfrute ante lo que ya es efímero, presión máxima autoimpuesta porque siempre será leyenda y un competidor voraz, y un deseo de vencer perfectamente complementario con el de dar espectáculo. El serbio sabía que sería complicado vencer a Arthur Rinderneckh en tercra ronda de Wimbledon 2026 y obró con máxima concentración durante todo un partido repleto de matices.
Arrancó repleto de concentración el primer set Djokovic, consciente del peligro que entraña en esta superficie un jugador como Rinderknech, al que si le permites dominar, puede imponer un ritmo de tiros agresivos que impida el discurrir del partido por los cauces deseados. No conseguía el francés meter muchos primeros servicios y Novak encontró una buena intensidad de fondo de pista, siendo agresivo pero consistente, moviendo a su rival y ejerciendo presión al resto. Fruto de ello fueron los dos breaks conseguidos, uno de ellos neutralizados, siendo el segundo determinante para ponerse con ventaja.
Todas las opciones de sorpresa en la segunda manga en favor del galo pasaban porque mejorara sus prestaciones al saque y asumiera riesgos desde el fondo de pista cuando había peloteo. Sin embargo, nada parecía poder despistar a un Djokovic que ofrecía toques de magia en la red, pero que imponía su autoridad a base de trabajo duro desde el fondo de pista, buenos desplazamientos y clarividencia táctica en sus ataques y defensas. Los errores de Arthur se acumulaban ante la resistencia de su contrincante y cedió el saque sin hallar apenas opciones de recuperar esa desventaja.
Djokovic sufrió una desconexión en el tercer set, pero se repuso con carácter y maestría
De repente, todo cambió. En un síntoma claro del paso del tiempo y las consecuencias que ello tiene en el serbio, Djokovic sufrió una desconexión absoluta. Se paró de piernas, perdió intensidad y concentración, sus tiros carecían de empuje y Rinderknech se paseó por la pista durante todo un tercer parcial digno de estudio e impensable en el jugador balcánico hace unos años. Que un hombre cerca de los 40 años tenga como máximos achaques estos valles de nivel no es catastrófico, sobre todo, si no se prolongan demasiado en el tiempo.

Con ese afán saltó a pista Djokovic en un cuarto set que se antojaba vital para discernir si el problema era algo aislado o había riesgo severo de que el partido hubiera cambiado de rumbo. Rinderknech aprovechó la confianza adquirida para jugar más incisivo, subir a la red con mejores apoyos y aguantar el envite desde el fondo, con energías renovadas y la motivación que da el saberse con opciones reales de triunfo. Se desató una apasionante batalla con los dos jugadores ofreciendo los mejores instantes de su tenis, en la que el saque mandaba y evitaba cualquier atisbo de escaramuza desde el resto.
El intercambio de golpes fue de máxima igualdad y derivó en un tiebreak en el que ambos se mostraron poderosos al servicio. Sin embargo, en los momentos cumbre, emergieron los intangibles de leyenda de un Novak Djokovic que gana confianza de cara al resto del torneo y que honra al tenis con una nueva demostración de poderío. Un lobo anda suelto en Wimbledon 2026 y aúlla con cada vez más voracidad. Está acuatro partidos de alcanzar la gloria.

