Cuando dos colosos se ven las caras cualquier cosa puede ocurrir y por muy bien que se conozcan entre sí, siempre habrá un componente de sorpresa que pueda desequilibrar la balanza. Daniil Medvedev llegaba a su 14º encuentro con Novak Djokovic, en estas semifinales del ATP 500 Dubái 2023, con tanta confianza acumulada como ambición por demostrar que puede volver a ser el mejor jugador del mundo. Por el momento, lo ha sido en el último mes y presentó sus credenciales con firmeza en un partido en el que el serbio parecía deseoso de evitar el cuerpo a cuerpo, aplicando un tenis más directo de lo habitual, y en el que ni siquiera sus intangibles de campeón y el ponerse el mono de trabajo cuando se vio abajo en el marcador, pudieron evitar que el ruso se alzara victorioso. El resultado final fue de 6-4 6-4 en favor de un Medvedev que se medirá a Andrey Rublev en la final.
Impactante devenir el del primer set ya que nadie ponía en entredicho la fiabilidad de Djokovic en partidos como éste y se esperaba una batalla sin cuartel con largos peloteos y en la que ambos tenistas estuvieran cómodos al contragolpe. Sin embargo, el serbio pareció querer probar cosas nuevas y buscar un triunfo por abrasión. Consciente de la solvencia de su rival en las últimas semanas, quiso matar moscas a cañonazos y eso no suele salir bien. Daniil estaba encantado de ver cómo su contrincante se precipitaba asumiendo excesivos riesgos, mientras él remaba de fondo de pista con esa habilidad innata para recuperar bolas, jugar con gran profundidad y provocar errores en el rival. Llegó a facturar dos breaks y ahí Novak se amarró a la pista. Sin embargo, cuando tenía un prometedor 15-30 con 5-4 abajo, el serbio traicionó a su habitual inteligencia táctica y sangre fría, queriendo quemar la pelota y sirviendo el set en bandeja de plata a Medvedev.
Djokovic trató de innovar tácticamente y se encontró con el mejor Medvedev posible
Era tan sorprendente el planteamiento táctico como la actitud de Novak, que parecía dejarse ir al seguir soltando el brazo como si estuviera en un entrenamiento en vez de en un partido de máxima exigencia. Encajó una rotura en el arranque inicial de la segunda manga y eso no hizo más que dar alas a un Medvedev pletórico. Lo hacía absolutamente todo bien el ruso, activando ese muralla de fondo de pista que no permite que le dominen claramente y halla la manera de ir minando poco a poco la moral de su contrincante. Un equilibrio perfecto entre agresividad y consistencia, entre profundidad y potencia. Djokovic se puso el mono de trabajo y pareció despertar de un letargo competitivo cuando se vio al borde del abismo.
Llegaron los enfados, las miradas a su box, los gritos de desesperación cuando cometía errores y su estilo genuino de juego. No es descabellado pensar que ante cualquier otro tenista hubiera dado la vuelta al partido y se habría metido en su cabeza de forma irremediable, pero Daniil Medvedev es un auténtico número 1, un jugador destinado a la gloria y poseedor de esa magia que solo unos pocos privilegiados tienen. Sofocó los intentos de remontada del serbio con bolas impresionantes que desafíaban toda lógica posible. Asalto a la cima mundial de la clasificación del tenista ruso, que mete miedo a todos sus rivales, incluido Novak Djokovic, y busca un nuevo título en el ATP 500 Dubái 2023. Partido para el recueerdo el que se ha vivido.

