Ayer perdía Pablo Carreño, esta mañana lo hacía Roberto Bautista y hace unos minutos lo ha hecho Alejandro Davidovich. El ATP 500 de Rotterdam se ha quedado sin españoles tras la remontada de Daniil Medvedev ante el jugador andaluz (4-6, 6-2, 6-2) en un duelo emocionante cuando ambos estuvieron firmes, un pulso que se estiró hasta el desenlace del primer parcial. En ese momento, el malagueño de desinfló y el ruso alcanzó la velocidad de crucero.
Era la primera vez que se enfrentaban y la sensación es que lo íbamos a pasar bien. Dos jugadores lejos de ser templados, con mucha electricidad en pista, tenían en sus manos darnos un buen espectáculo para cerrar la jornada en Rotterdam. Por un lado, clarísimo favorito Medvedev por estatus y condiciones, pero enfrente asomaba una bomba de relojería, alguien capaz de darle un susto a cualquiera que se cruce en su camino. Sobre el papel era la clásica batalla entre top10 y aspirante a serlo algún día, la pregunta es si Davidovich estaría lo suficientemente entonado para dominar a su oponente y lo suficientemente sereno para conquistar los momentos clave.
Os diré que el guion esperado se fue cumpliendo a rajatabla. Daniil, con esa carácter pasivo que últimamente tanto le penaliza, no luchaba por ser protagonista, así que las grandes decisiones llegarían del otro lado. Davidovich fallaba, metía ganadores, se apresuraba, tocaba líneas, hasta se cabreaba como nunca cuando no pudo ganar el juego que le hubiera dado el set con 5-3. Alguno seguro que pensó: ‘Ya está, ahora viene el hundimiento’. No exactamente. En el juego siguiente, una larga lista de set points se presentaron en la puerta del español, invitándole a coger lo que no había podía cinco minutos atrás. Le costó más de un dolor de cabeza… pero lo hizo. ¡Ganó 6-4! Lo pongo con exclamación porque tiene más valor de lo que parece.
Aunque sea un Medvedev algo vulgar, un jugador desdibujado que solamente se aferra a la pista con su variante defensiva, sigue siendo durísimo meterle el colmillo. Sobre todo bajo techo, unas condiciones en las que ya ha brillado en su carrera. Ha pasado mucho tiempo desde la final del Open de Australia 2022, así que debemos dejar de poner la excusa de aquel desastre en su trayectoria. ¿Y por qué no ha vuelto a ser el mismo? Básicamente, porque está más tenso en la pista que nunca. Con lo tranquilo que siempre ha sido, incluso a la hora de ganar un Grand Slam, el ruso actualmente es un polvorín. Que se lo digan a su entrenador, recibiendo continuamente gestos y faltas de respeto por falta de su jugador. Pobre Cervara.
PEAJE PARA LOS DOS
Cambió el set y cambió el partido. No le duró mucho el estado de confianza al malagueño, de hecho, podemos decir que pagó bastante el desgaste mental y físico de la primera manga. Por otro lado, la máquina infernal ruso puso la sexta marcha al ver aquel descampado y ya no paró de acelerar hasta lograr su objetivo. En 33 minutos le bastó para aplastar a Alejandro, conectando 12 winners y firmando apenas dos errores no forzados. Con el segundo servicio, pasó de ganar el 31% de los puntos a ganar el 78%. Un lavado de cara espectacular que no le hizo ni temblar en el último juego. Lo ganó en blanco.
¿Y ahora qué? ¿Se había terminado el partido o Fokina todavía tenía discurso? Desde luego, el segundo set había estado tan lejos del primero que ninguno había gastado mucha energía, ojalá que para sacarla toda en el tercero.
Lamentablemente, un juego bastó para responder nuestra pregunta: al saque Davidovich y break de Medvedev. Otra vez el historia de siempre, la del hombre que se pone a la altura del gigante para luego desmoronarse cuando sopla el viento en contra. Y Daniil, que es perro viejo, sin hacer ruido pero sumando juegos, viendo poco a poco cómo el español se desmontaba. Así hasta colocarse 3-0 y pensar que ya todo estaba hecho.
El último rayo de luz entró en la bóveda de Rotterdam con un break inesperado a favor del español, un 3-1 que todavía podía maquillarse… a menos que Medvedev estuviera ya en el punto perfecto de cocción. No se asustó el de Moscú, que recuperó enseguida lo que era suyo para simplemente sellar la victoria. Perdiendo solamente cuatro juegos en los dos últimos parciales, Daniil solventó un buen susto para avanzar hasta los octavos de fina del cuadro holandés.

