Iga Swiatek es una número uno del mundo especial. No tiene tapujos a la hora de hablar sobre temas antes considerados 'tabú', no tiene tapujos en ir más allá del tenis. Quiere dar ejemplo tanto dentro como fuera de la pista, y para ello es esencial abrirte en canal y contar al mundo su historia, algo que ha hecho en una emotiva carta en The Players' Tribune. De la propia mano de Iga conocemos su relación con el tenis desde muy pequeña, el deseo y convicción de su padre por convertirla en una campeona y lo difícil que fue para la polaca convivir con la presión y las expectativas tras ganar su primer Grand Slam. Y es que, como ella misma afirma, "nada te puede preparar para ganar tu primer Grand Slam".
Hay anécdotas muy curiosas tras ese primer triunfo: Swiatek las rememora y habla de la presencia de paparazzis justo a las afueras de su casa, prueba fehaciente del 'boom' que su primer gran título supuso en su país, Polonia. "Parecía la escena de una película de Hollywood": hasta ese punto resultó surrealista para una Swiatek que, eso sí, solo recuerda "la sonrisa" de su padre al llevarla a casa después de los festejos. Sin embargo, hasta el triunfo en Roland Garros muchas cosas pasaron en su carrera... incluido el momento en el que de verdad se enamoró del tenis. Porque no, no fue amor a primera vista.
"Quizás pienses que me quedaba despierta toda la noche soñando con ser tenista, pero no. La verdad es que soñaba con ser más natural en situaciones sociales. Llegué a ser tan introvertida que incluso hablar con la gente se convertía en un desafío. Hasta los 17 o 18 años me costaba mirar a los ojos a la gente. Mi historia no es como la de la mayoría de los deportistas, y no hay ningún problema. No era ese tipo de persona que se enamoró a primera vista de una raqueta. ¿Realmente puedes sentir eso cuando eres una niña? Yo no soñé con ser tenista: era el sueño de mi padre. Había muchos momentos en los que yo no me motivaba lo suficiente, y ahí estaba mi padre. Siempre creyó en mí y me enseñó a ser profesional, algo que ahora uso tanto en el tenis como en la vida.
Recuerdo el momento en el que todo tuvo sentido. Tenía 15 años. Vivía mi primer Grand Slam junior, en Roland Garros. Lo que más me impactó es que la ciudad respira tenis durante dos semanas. La calidad que ofrecen a los deportistas me impactó: en Polonia ni tan siquiera calentaban las pistas bajo techo durante el invierno, jugaba a tres grados. El escenario era tan perfecto que cuando empecé a jugar, parecía que mandaba la bola exactamente a donde yo quería. Y la sensación de estar rodeada de campeones como Rafa, Serena... me marché de París pensando en cómo trabajar para ser aún mejor. Sin embargo, jamás pensé que de verdad sería capaz de ganar un Grand Slam: no provengo de un país con tradición tenística. Si fuese estadounidense, probablemente habría creído más en mí misma desde pequeña, porque tienes muchos ejemplos a seguir, mucha gente famosa que lo ha logrado".
SU PADRE, UNA INFLUENCIA VITAL
Para continuar con esta historia es necesario reflexionar sobre el papel que jugó su padre: fue la persona que facilitó un sistema de trabajo de calidad en un país con instalaciones no perfectas para convertirte en tenista (y la mejor, que no es poco). "Cuando pienso en mi padre, recuerdo que no todo fue sobre ruedas siempre. Intentó protegerme muchísimo de la realidad que hay fuera del tenis. Desde que descubrió el talento que mi hermana y yo teníamos para el deporte, su principal objetivo fue convertirnos en mejores deportistas de lo que él fue (remero olímpico). Dedicó toda su vida a ayudarnos a conseguir eso. Nunca lo dijo, pero podíamos verlo", afirma emocionada Iga. Ella misma es consciente de que no es fácil hablar sobre las emociones en un país como Polonia, y que su propio padre guarda adentro más de lo que debería, característica innata a su generación.
Existe un momento que describe a la perfección la dualidad de personalidades entre Swiatek y su progenitor... y hace referencia a la retirada de Ashleigh Barty. "Era marzo, se jugaba el torneo de Miami y estábamos en nuestro apartamento. Mi psicóloga, Daria, llegó y nos dijo que Ash había anunciado su retirada. Al principio no lo entendí... y luego me puse a llorar. Había algo de confusión con lo que pasaría después, yo solo llevaba tres días siendo la #2 del mundo. Llamé a mi padre: él estaba en mitad de la noche, en Polonia. Rara vez suelo llamarlo, así que pensó que algo malo estaba pasando. Creo que estaba tan dormido que no procesó lo que le dije. Simplemente me decía: "Ah, bien". Pero yo sollozaba, no podía parar de llorar".
LAS EXPECTATIVAS Y LA PRESIÓN, UN ELEMENTO DIFERENCIADOR
Y Swiatek explica muy bien el motivo de sus lágrimas: nada tenía que ver con el ranking, sino con la absoluta sorpresa de ver a alguien retirarse solo con 25 años y en plenitud tenística. ¿Qué te lleva a tomar esa decisión? ¿Acaso Barty era infeliz? Todas esas dudas sobrevolaron la mente de Swiatek... hasta que escuchó los verdaderos motivos de su retirada. Ahora, dice, la entiende muchísimo más. Las expectativas y la presión forman parte indiscutible de la jungla que es el tenis profesional, un tema por el que Iga no puede pasar de puntillas. Nada mejor que su propia experiencia para relatar lo que cuesta lidiar con ellas... en especial si te acabas de proclamar campeona de Grand Slam.
"Tras ganar Roland Garros por primera vez, no pensaba que de verdad había demostrado mi valor. Sentía que había pasado por accidente, que había estado en el lugar correcto y en el momento correcto. De cara al 2021, pensaba que debía demostrar mi valía. Y eso, al principio, fue mentalmente horrible. Quería jugar de la misma manera que hice en París, pero las condiciones eran diametralmente distintas. También tenía un gran patrocinador por primera vez, y no quería decepcionarlo. Fue algo en lo que tuve que trabajar. La mayor lucha interna tuvo lugar durante los Juegos Olímpicos de Tokio.
Lloré en la pista después de perder en dos sets, y sentí que la gente me había empezado a juzgar un poco. En Guadalajara, estaba exhausta tanto física como mentalmente, y no sabía muy bien qué hacer. Me sentí inútil en la pista, y volví a llorar. Me preocupaba cómo la gente pensaba sobre mí. Me avergonzaba haber hecho eso, no haberme comportado como una campeona debe comportarse. Pero cuando vi la retirada de Ash, sentí que hay una forma diferente de hacer las cosas. Cuando estás en este viaje, buscando la excelencia, puedes pararte a pensar que ya has tenido suficiente. Estás en control, siempre. No hay nadie más que conduzca. Y, a veces, la mejor solución es que nada te importe una mierda. Siento la expresión, pero si hay algún secreto de mi éxito el año pasado, es darme a mí misma la libertad de que no me importe lo que la gente piensa. Eso es lo que hizo que ganara otro Grand Slam. Eso es lo que hizo que llegara al número uno. Dejar ir. Cuando tengo momentos de inseguridad, siempre recuerdo eso".

