El primer día de torneo del Open Ciudad de Valencia 2022 me senté con una persona de confianza, le enseñé el cuadro femenino y le hice esta pregunta: ‘Si solo pudieras entrevistar a una jugadora, ¿quién sería?’. Rápidamente, su dedo señaló el nombre de la segunda cabeza de serie, Cristina Bucsa (Chisinau, 1998). En mis planes ya estaba anotado conversar con la tenista de 24 años, pero quise preguntarle los motivos de ese acto reflejo. “Ninguna ha superado más adversidades que ella para llegar aquí”, me respondió.
Pero una nueva adversidad se iba a cruzar en mi objetivo. Cristina cae el martes ante Ylena In-Albon en su partido de debut, por lo que las opciones de hablar con ella disminuyen, o eso pensaba yo. “Hablamos después de mi partido de dobles”, me advierte la actual #108 mundial en un diálogo fugaz en el club. Unas horas después, cumple su palabra afrontando su primera entrevista con Punto de Break, sin saber que la semana iba a terminar con ella y la propia In-Albon proclamándose campeonas en dobles. Aunque esto solo es la última parada, lo importante es conocer cómo ha sido el trayecto.
¿Qué tal tu experiencia en Valencia?
Es un torneo que me encanta, hacía tres o cuatro años que no venía al Club de Tenis Valencia, las pistas son espectaculares y el entorno es muy bonito. Es cierto que mi juego es más de pista rápida, desde antes del US Open venía trabajando mucho en reforzar esta identidad, por eso las cosas no han salido esta semana en el individual. Me he sentido un poco angustiada al ver que el bote de la pelota era otro, más irregular.
Tú eres más de pista rápida.
Siempre he jugado en pista rápida, desde pequeña. En Torrelavega (Cantabria) hay un club privado con pistas de tierra batida donde nos dejan entrenar, allí solemos preparar la temporada de tierra batida. En Roland Garros, por ejemplo, salió bien.
¿Por qué la quinta mejor española del ranking es invisible en los medios de comunicación?
Al vivir en Cantabria, allí mucho tenis no se ve, se mira más por Madrid, Barcelona o Valencia. Cuando voy a los torneos y digo que vivo en Cantabria, la gente no sabe dónde está, se sorprenden que tenga tan buen nivel entrenando allí. No soy una persona que le de mucha importancia a los medios de comunicación, la verdad.
¡Ni siquiera tienes redes sociales!
Nada. No tengo ni Instagram ni Twitter, y el Facebook solo lo utilizó para contactar con las jugadoras y jugar dobles. Soy una persona muy organizada, me gusta tener todo planificado, controlar el tiempo que destino a cada cosa, mi prioridad no son las redes sociales. También cuenta que soy una persona muy introvertida, me encanta trabajar, así es como vienen los resultados.
Podrías vivir perfectamente sin un smartphone.
Perfectamente.

¿Cuál es tu historia?
Nací en Moldavia en 1998, pero con tres años vine con mis padres a vivir a España. Primero fuimos a Fraguas y después a Torrelavega, están a 15km de distancia. El primero en venir fue mi padre, que estuvo de vacaciones y le encantó el sitio, así que después nos trajo a mi madre y a mí. A los cinco años empecé a jugar a tenis, entrenaba en la escuela con una chica que se llamaba Rocío, aunque luego la persona que me ha entrenado es mi padre.
¿Por qué Cantabria?
Por un amigo de mi padre que había estado aquí antes, pero nos encanta. Tienes playa, tienes montaña, es un sitio muy bonito para vivir.
¿Y para entrenar? ¿Jugadoras de competición?
Entreno con mi padre.
¿Solo con tu padre?
Mis primeros entrenadores fueron Javier Cabeza y Ernesto, hasta los 14 años. Luego también estuve entrenando un par de temporadas con César Barranquero, Pablo Isidro y Xabier Oyarzábal. Ahora, como estamos viajando constantemente, tampoco pasamos mucho por casa, así que hacemos entrenamientos con las chicas del circuito.
¿Nunca os habéis planteado moveros a una Academia o un grupo de competición?
Nunca, me gusta donde estoy. Tengo la pista cerca de casa, el gimnasio también está cerca, puedo hacer ejercicios en la playa, me puedo escapar a la montaña, etc. En este deporte hay que cuidar mucho la gente, no todo es estar en pista.

¿Eres tan tímida como parece?
Soy muy introvertida, pero si alguien se acerca a mí yo hago por abrirme. Eso sí, me cuesta mucho dar ese paso, normalmente suele ser la otra persona la que viene (risas).
¿Siempre te gustó el tenis?
Cuando era pequeña hice mucho atletismo y natación, también algo de kárate, pero al final me decanté por el tenis. Es lo que más me gusta, lo que mejor se me daba. Tampoco me obsesioné con ser profesional, simplemente he ido trabajando día a día, mejorando poco a poco, así es como la bola de nieve va creciendo y eso te incita a trabajar más duro. El entusiasmo que se va generando es cada vez mayor, luego los resultados vienen por sí solos, por eso estoy tranquila.
Hablemos de Iván, tu padre y entrenador.
Es imprescindible, me conoce muy bien, sabe lo que necesito. Además de entrenador también es osteópata, fisioterapeuta, masajista, además sabe un montón de preparación física y nutrición. El tema de la psicología, en cambio, lo llevo por mi cuenta, hay veces que no sabe cómo decirme las cosas, pero yo lo modifico para que el mensaje sea positivo.
¿Y añadir un segundo entrenador?
Me lo han dicho muchas veces, que busque a otra persona, pero siempre lo he rechazado. Mi padre es mi padre, me he criado con él, de momento quiero continuar con esta estructura.
¿Se puede ser entrenador y padre al mismo tiempo?
Sí, sí, se puede.

¿Tu madre también viaja a los torneos?
Esta semana sí estuvo en Valencia porque le dieron vacaciones, igual que en Roland Garros, pero normalmente no puede viajar por su trabajo.
¿Cómo es vuestra metodología de trabajo?
Hemos diseñado nuestro propio estilo de juego, aunque también miramos a otras jugadoras para aprender. Si veo algún aspecto que me guste de alguien, se lo comento a mi padre y lo probamos. Si sale bien, seguimos adelante; si no sale bien, volvemos con lo nuestro.
¿Has superado muchos obstáculo hasta llegar aquí?
Bueno, he tenido muchos baches en mi vida, sobre todo mentales. Hubo momentos donde veía que no podía, entre los 18 y los 22 años acumulé muchas emociones por dentro, no supe gestionarlas bien, pero con el paso del tiempo he ido aprendiendo a controlarlas. Ahora estoy mucho más enfocada.
Económicamente, ¿recibiste alguna ayuda en tu etapa de crecimiento?
No, nunca. Ahora mismo ni siquiera tengo contrato de raquetas. Mi padre se ha intentado mover para hablar con algunas marcas, pero nunca nos han hecho mucho caso. A veces nos decían que sí, que nos mandarían algunas raquetas, pero nunca llegaban.
¿Y sponsor para la ropa?
Tampoco, pero no le doy mucha importancia. Yo me compro mi propia ropa, que me vale para 3-4 años. Luego me compro 3-4 raquetas, las que veo que me van bien, y con eso a jugar. Sé que hay tenistas con ranking más bajo que tienen todo esto cubierto, pero no pasada nada, no me molesta.

Condiciones duras que no te han impedido firmar un gran 2022.
La mejor temporada de mi vida.
¿Por qué?
En primer lugar porque he madurado mentalmente, lo cual me ha llevado a jugar muchísimo mejor, estar más centrada y tener las cosas muy claras.
Estás a un suspiro del top100.
No pienso en el ranking, voy partido a partido, me centro únicamente en hacerlo bien sobre la pista. Si sale bien, perfecto; si pierdo, a mirar los errores y trabajar más duro al día siguiente.
¿Eres muy autocrítica?
Siempre hay que exigirse, me centro mucho en observar los detalles después de cada partido, estudiar lo que ha ido bien y lo que no, el mono de trabajo lo llevo siempre puesto. Cuando era más joven me costaba más aceptar las derrotas, igual me pasaba un par de días enfadada conmigo misma, luego me di cuenta que con eso no conseguía nada, solo perdía días de trabajo.
Llevas diez años mejorando siempre tu ranking de final de temporada.
No tenía ni idea. Bueno, eso significa que la evolución va por buen camino. Tampoco suelo mirar mucho el pasado, solo para extraer algún aprendizaje y proyectarlo en el presente, nada más.

Ahora ya eres una jugadora de Grand Slams, ¿qué tal esa experiencia?
Son una pasada. El público, la organización, los estadios, todo es increíble. Cada torneo tiene su cosa, también torneos como este de Valencia, donde puedes cruzarte con personas que te muestran su cariño. Una vez, en Concord (USA), una señora se acercó y me dijo que le encantaba mi forma de jugar, incluso me invitó a comer después.
Este verano te enfrentaste a Simona Halep en Washington.
¡Me encantó esa experiencia! Pero no me puse nerviosa, no suele pasarme. Al fin y al cabo, al otro lado de la red hay una persona normal, una persona igual que tú. Ese día me tocó jugar con Simona y salí a ganarla… pero no pudo ser.
¿Qué se siente al ganar tu primer partido en Grand Slam?
Sienta fenomenal, era un objetivo que tenía desde hace tiempo y se consiguió en Nueva York, donde pasé por primera vez la Qualy de un Grand Slam el año pasado.
Algo me han contado de una apuesta que hiciste con tu madre en aquel torneo.
(Risas) Me prometió que, si me metía en el cuadro final, adoptaríamos un gatito. Ahora somos uno más en la familia, se llama Jerry.
¿Este año no hubo apuesta?
Este año la apuesta era que mi madre nos haría una comida típica de Moldavia si ganaba en primera ronda. También gané esa apuesta (sonríe).

Luego en segunda ronda le hiciste partido a Danielle Collins, otro nivel.
Salí con buenas sensaciones pese a la derrota, me dio muchas claves para mejorar y ver cómo se comportan las jugadoras top. Por ejemplo, ella fue mucho más agresiva que yo, ese día bajé un poco la agresividad y por eso me cogió por muchos lados. También me fijé que le tiré muchas pelotas a media pista, por eso llevó más la iniciativa.
Tu ranking no ha parado de crecer, pero títulos individuales no ganas desde 2019. ¿Te preocupa?
No lo había pensado, pero no me preocupa. La confianza se genera con el día a día, los títulos son una consecuencia.
Puede ser un objetivo de cara a 2023.
Por supuesto, pero el principal objetivo es seguir mejorando.
Para que esto mejore, vamos con la ronda rápida. ¡Un golpe!
El revés. Antes jugaba mucho mejor de revés que de derecha, aunque ahora estoy empezando a hacerlo mejor con la derecha, cada vez está todo más equilibrado.
Un torneo.
El US Open, me encanta el ambiente.
Una manía.
No tengo manías, aunque mi madre me aconseja que tenga alguna rutina, pero no creo que sirva para nada (risas).
Tu rival más dura.
Seguramente Collins.

¿Ganar un Grand Slam o ser Nº1?
Ganar un Grand Slam.
¿Tienes alguna referente en el circuito?
Caroline Garcia, me encanta su estilo de juego.
¿Y del pasado?
Kim Clijsters.
No tienes mal gusto.
Con Clijsters además tengo una anécdota. Me encontré con ella en el US Open y estuvimos hablando un poco. Le pregunté si podía ver mi partido contra Collins y estuvo allí en la pista. Luego volvimos a vernos y me dijo que le gustó mucho cómo había jugado, que le recordaba a cómo jugaba ella de joven.
Un partido especial.
Contra Patty Schnyder, en 2017. Jugamos en Grenoble en un 25K, fue un partido a tres sets que tuvo de todo, mucho slice, dejaditas, voleas en la red, etc. Un partido con mucha variedad, eso a mí me encanta.
Una anécdota curiosa.
La primera vez que jugué Wimbledon fui sin zapatillas. Viajé con unas que habíamos comprado en Decathlon, aunque eran de golf. Intentamos comprar unas allí en un sitio especializado, pero solo tenía de talla 39/40 y yo uso 37/38. Me tocó jugar con las zapatillas del Decathlon, pero gané.
Un momento cruel.
Después de perder algún partido muy igualado, esos que no se deben perder, aunque también suelo remontar muchos.
Un sueño.
Los sueños no se pueden decir, entonces no se cumplen.
Piensa en ese sueño. Del 1 al 10, ¿cuán segura estás de cumplirlo?
Diez.

