En los últimos tiempos, el circuito WTA no para de ofrecernos sorpresas. Una de ellas ocurrió el año pasado, ya que en el US Open 2021, Emma Raducanu vencía en una final inédita a la candiense Leylah Fernandez. Como es normal, ninguna de las dos tenistas imaginaban que el 11 de Septiembre se verían las caras en la última ronda del Grand Slam situado en los Estados Unidos.
La final de las promesas
En aquella final pudimos ver un duelo que iba más allá de la pista, un encuentro donde se enfrentaban dos caracteres diferentes, exhibiendo que el futuro del tenis femenino estaría en sus manos. Fernandez nos regaló tardes y noches épicas, con una mentalidad de hierro y un aguante fuera de lo normal, se plantaba en la batalla más importante de su vida. Por su parte, la británica sacaba todo su temperamento en la pista, mostraba su cara más agresiva y, fuera de ella, deslumbraba a los focos con su sonrisa y extrovertida personalidad.
Aquel día, Raducanu sellaba una semana impecable con unos resultados apabullantes y con un juego que podríamos definir como total. Su tenis fluyó como nunca y la prensa no tardó en cataputarla, viendo en ella a una tenista de época. Sin embargo, la joven no ha continuado por el sendero que parecía definido y no ha vuelto a levantar ningún trofeo. Su progresión parecía haberse cortado, pero en el Masters 1000 de Toronto, Emma ha vencido a dos leyendas a las que, incluso, logró dejar a 0.
Derrotando a Serena Williams y a Victoria Azarenka, la deportista declaraba: "No estoy tratando de llegar demasiado alto o demasiado bajo en este momento. Solo estoy tratando de mantenerme en un camino y trayectoria, porque siento que he estado en ambos extremos de eso". Si nos ponemos en su piel, debe ser difícil ser una adolescente que gana su primer y único torneo en un Grand Slam, es decir, debutar por todo lo alto, romper las casas de apuestas tras no perder ni un solo set en toda la competición y maravillar al planeta del tenis que necesita, de vez en cuando, un icono al que seguir.
Volver al país que la vio nacer
Excesiva presión a la que se ha visto sometida y a la que se está, todavía, acostumbrando. La semana pasada, antes de Cincinnati, Raducanu había perdido 18 de 31 partidos desde que ganó el US Open el año pasado. Por tales motivos, hace unas semanas llegó a aseverar que: “Ha sido un año complejo. Definitivamente he atravesado y experimentado muchos desafíos. Para ser justos, he aprendido mucho de todo esto”.
Ahora vuelve a su templo, al lugar donde mejor le han tratado, donde comenzó a vislumbrar su destino y en el rincón en el cual sólo recibió vitores y aplausos. Para Raducanu, volver al US Open es regresar al certamen donde los hinchas vieron que los Estados Unidos no era un "país para viejos".

