Cambiando el ritmo del partido, yéndose a la red y con una agresividad exacerbada. Así consiguió darle la vuelta a un partido que parecía partido el que quiere convertirse en el guardián de los Masters 1000, un Hubert Hurkacz que cada vez enseña más capas de su juego. Sorprendió a un Casper Ruud que acabó con una sensación de incomodidad palpable, que no esperaba un giro de los acontecimientos tan increíble como el que firmó Hubi a principios del segundo set. Su acierto al servicio, su insistencia en atacar y mantener los puntos muy cortos y su mayor solidez en el set decisivo le valen al centroeuropeo para alcanzar su segunda final de Masters 1000, colocándose como favorito para campeonar en el ATP Montreal 2022 (5-7, 6-3, 6-2).
Era difícil establecer un claro favorito de cara a este encuentro. Eso sí, desde el primer momento la táctica de ambos jugadores estaba más que clara: Hurkacz quería dominar todo lo posible con su servicio, acortar los intercambios lo máximo posible y evitar que Ruud se sintiese cómodo pegando con su derecha desde el fondo de la pista; Casper, por el contrario, intentaría explotar la movilidad de Hubert al máximo, metiendo mucha bola en pista y pasando de la defensa al ataque con claridad. Veríamos a lo largo del encuentro que la clave radicaría en esos rangos de intercambios: si el polaco conseguía marcar la diferencia en los puntos entre 0 y 4 golpes, se acercaría a la victoria ante un Ruud excelso.
En el primer set, claro, no lo consiguió. A pesar de conectar 11 aces, vio cómo su segundo servicio se veía atacado sin piedad por un Ruud que se colocaría muy lejos de la línea de fondo, restando con una profundidad inusitada y echando hacia atrás a Hurkacz. Consiguió generar infinidad de ventajas con ello, mostrándose extremadamente preciso incluso por el lado del revés, además de ser tan sólido como una roca. Apenas tres errores no forzados firmó el noruego en el primer set, un parcial en el que Hubert se agarró a su servicio todo lo que pudo, aprovechó su única bola de rotura, pero en el que no pudo evitar claudicar ante la asfixiante presión del tenis de Ruud (7-5).
HURKACZ, AL ABORDAJE
Había que cambiar alguna que otra tuerca, en especial viendo cómo Casper iniciaba el segundo parcial con un break de ventaja. El juego inmediatamente posterior fue absolutamente crucial: Hubert recuperó la rotura lanzándose al ataque en cada resto, aprovechando algún que otro endeble saque del nórdico y sentando las bases de una estrategia ultraagresiva que le acercaría al partido. Si en el primer set Ruud marcó la diferencia en los intercambios entre 6 y 12 golpes (12 a 6, el doble que el polaco; en los puntos cortos mantuvo una igualdad que le dio el parcial, 25-25), ahora era Hurkacz quien se hacía fuerte en su rango preferido, esos puntos cortos en los que firmó un esclarecedor 23-12 a su favor en el segundo set.
La clave fue, además, combinar el saque y volea en cada segundo servicio: se vio superado en numerosas ocasiones, pero confió en su táctica y acabó por hacer dudar a Ruud, que intentó adelantar su posición al resto en un par de ocasiones pero que vio que ello no le iba a dar mayores réditos. La insistencia del polaco, su forma de jugarse cada pelota también al resto (aumentando la cantidad de puntos cortos a su favor, como hemos explicado) y el hecho de que Casper pareció quedarse sin alternativas ante este cambio de rumbo propiciaron que el partido se dirigiese a un interesantísimo tercer set.
LA CAÍDA EN PICADO DE RUUD
El primer juego del tercer parcial fue una auténtica premonición del set en sí mismo. Ruud se colocó 40-0 arriba y dilapidó dicha ventaja de una forma rocambolesca, fallando un remate comodísimo y quejándose amargamente de las condiciones del partido. Su juego se vino completamente abajo, motivado por una laguna mental inexplicable. Había sentido la presión de un Hurkacz desatado en el segundo set y eso le sacó de sus casillas por primera vez en todo el torneo, circunstancia extraña que permitió a un Hurkacz sublime adelantarse con dos roturas. Lo cierto es que el polaco lo estaba haciendo todo bien: porcentaje alto de primeros saques, mantener la agresividad en cada resto al segundo, empezar a intuir la colocación de las derechas de Ruud... y eso sacó de foco al noruego, que casi sin comerlo ni beberlo se plantó en el vestuario con cierta celeridad.
Que el Ruud desconocido del tercer set no nos haga perder el foco ante un Hubert Hurkacz gigante. El polaco tuvo la paciencia necesaria para esperar un bajón de su rival, pero dicho bajón fue provocado por su cambio táctico a inicios del segundo set. Supo no venirse abajo y canalizar su rabia en una agresividad que puso contra las cuerdas al noruego, volviendo a una final de Masters 1000 y erigiéndose como uno de los mejores jugadores del circuito en este tipo de torneos. Solo en una ocasión (Roma) cedió en su debut este año, algo a elogiar entre la demostrada inconsistencia de muchos de los jóvenes competidores del circuito. Ante Carreño o Evans buscará poner su segunda estrella en la categoría.

