Poco tiene que ver para Carlos Alcaraz el inicio de partido con el final. Se enfrentaba a Filip Krajinovic en los octavos de final del ATP 500 de Hamburgo, su segundo partido de la semana, un rival que ya le había dado guerra en Umag 2021, el que acabaría siendo su primer titulo profesional. Hoy también se la dio, aunque el español supo manejar a la perfección los momentos delicados. Salvando un set que prácticamente estaba perdido para luego castigar en el segundo al de Sombor con toda esa impulso competitivo que le caracteriza (7-6, 6-3). No fue una actuación sobresaliente, pero sí mucho mejor que la del otro día, por lo que el objetivo quedó cumplido.
“En segunda ronda jugaré mejor de lo que jugué hoy”. Estas fueron las palabras de Alcaraz nada más lograr la victoria ante Nicola Kuhn hace un par de días, salvando un debut complicado que no pudo solventar hasta el tiebreak del tercer set. Dos cosas tenía claras: no había jugado bien, pero esa experiencia le serviría para subir un escalón ante Krajinovic. Eso sí, lo que no muchos esperaban era el nivel tan alto del serbio, quizá por estar ya encasillado en la treintena y no haber irrumpido de momento en el top25. ‘Si a estas alturas no ha roto su techo, seguramente no tenga las armas para tumbar a un top10’, imaginaron algunos, olvidando que esto es tenis y que todos ahí arriba tienen nivel.
El nivel de Filip fue de notable alto, sobre todo por la capacidad mental de resistir las embestidas de un rival que quería más, como si estuviera buscando venganza contra sí mismo tras el rendimiento del pasado martes. Pero la experiencia, que siempre cuenta, estaba del otro lado, por eso Krajinovic fue quien se puso 5-4 y servicio cuando el reloj marcaba tres cuartos de hora. Es aquí donde cambia el encuentro, donde el murciano demuestra por enésima vez por qué es diferente a los demás salvando cuatro puntos de set y estirando el chicle del primer parcial. No se hundió el balcánico, que en el tiebreak volvió a situarse 4-2 arriba, pero no era el día. Al menos, de momento. Lo que sucedió a partir del 4-4 podría relatarlo en palabras, pero es mejor que lo vean. Alcaraz, pegando a la bola con una fuerza que debería estar penalizado, saca el martillo y decide que ya está, que aquí se acaba el set. Y allí se acabó el set.
LO MÁS DIFÍCIL YA ESTABA HECHO
Fuera del estadio llovía con ganas, pero la que estaba cayendo dentro tampoco era moco de pavo. Dos jugadores entregados a un último turno en la Central, aunque solo uno de los dos tenía la llave correcta. Sabemos perfectamente que Filip no es el mejor tenista en lo referente a mental, por eso nos relajamos un poco al verle la cara de sufrimiento después de perder la primera manga en más de una hora de reloj. ¿Qué significaba esa cara? Que si jugando a su máximo nivel no había podido llevarse esa manga, ¿qué podría hacer ahora ante un rival jugando con colchón? Bajó el nivel del encuentro, pero el partido se había ganado en ese 7-6, ahora solo hacía falta sellar el triunfo. Carlitos, de menos a más, confirma que su mano va cogiendo temperatura con el paso de los días. Mañana, ya en los cuartos de final, toca verse las caras con Karen Khachanov.

