En el tenis, como en la vida, no puede darse nunca nada por hecho. Por mucho que la gira sobre tierra batida de Carlos Alcaraz incitara a pensar que su camino en Roland Garros 2022 sería largo y plácido, un hombre se ha mostrado dispuesto y capaz de frustrar todas las esperanzas del joven murciano. Albert Ramos ha cuajado uno de sus mejores partidos en los últimos tiempos, pero ni siquiera eso le sirvió para derrotar a un Alcaraz que ha cuajado un partido memorable. El resultado final fue de 6-1 6-7 (7) 5-7 7-6 (2) 6-4 en favor del murciano.
Nada de lo visto en el primer set hacía presagiar lo que vendría a continuación. Carlitos salió como un tiro, dispuesto a dar continuidad a su excelsa racha triunfal y cosechando golpes ganadores de forma recurrente. La apisonadora habitual en los últimos tiempos estaba pasando por la pista Simonne Mathieu y daba la sensación de que podría con todo. Ramos aguantaba el chaparrón, consciente de que tenía que hacer cosas distintas. En cuanto el murciano bajó algo el pistón, se topó con un jugador repleto de ideas maquiavélicas para frustrar su plan de asalto al torneo.
Ya en los compases iniciales de la segunda manga se apreciaba un sutil cambio de dirección; problemas de Carlos para restar, especialmente de revés, falta de clarividencia en sus ataque y ausencia del timing perfecto del que suele hacer gala para estructurar sus jugadas. Lo que antes eran golpes ganadores, ahora se convertían en errores y la desconfianza se acumulaba de forma irremediable en el español. A pesar de eso, tenía oportunidades de break y el hecho de no aprovecharlas fue una losa demasiado pesada a nivel moral. Restos demasiado largos con el drive, reveses que se quedaban en la red y una clara imposibilidad de jugar neutro, ante el tremendo nivel de acierto de Ramos en todos sus tiros. Se llegó a un tiebreak en el que los pequeños detalles decantaron la balanza del lado de Albert.
Carlitos tuvo en su mano ese set a pesar de haber bajado mucho su nivel y, lejos de reaccionar en el tercer parcial, bajó aún más. Encajó un break en el tramo inicial y solo pudo recuperarlo por ciertas dudas de su contrincante. Las oportunidades de rotura se iban y era un quiero y no puedo para murciano, despojado de forma abrupta de ese aura de grandeza e imbatibilidad de la que ha hecho gala desde hace meses. Los intercambios eran intensos, pero no daba la sensación de estar cómodo el murciano, sin capacidad para acelerar la pelota como en él es costumbre y viendo que no desbordaba a un jugador cuyo drive de zurdo le hacía mucho daño, y Ramos terminó decantando la balanza de su lado con un break en el duodécimo juego.
Carlos solo pudo aprovechar 8 de 31 bolas de break
En el cuarto set el dramatismo siguió abriéndose paso. La situación llegó a un punto de no retorno en el décimo juego. Albert consiguió el break en el game precedente y se disponía a sacar para ganar el partido. El rostro de Alcaraz denotaba una tensión difícilmente asumible, pero siguió luchando hasta el final y terminó encontrando los réditos. Ramos dio un ligero, casi imperceptible paso atrás, esperando que los errores de su rival siguieran cayendo como un goteo perverso para sus intereses. Pero ahí emergió la leyenda en construcción de un joven cuyo límite es el cielo.
Salvó la situación límite y tuvo notorias oportunidades para ganar el set en el duodécimo juego, pero siguió incurriendo en errores de revés constantes, encerrado por el drive con peso y velocidad de su contrincante. Pero algo había cambiado. La movilidad de piernas, el lenguaje corporal, la determinación; todo eso encajaba como un puzzle perfecto y hacía que Alcaraz volviera a ser Alcaraz, que ese niño de El Palmar que ha devorado rivales en lo que va de temporada mostrara el tenis necesario para frenar la rebelión de su compatriota. En el tiebreak sacó su mejor versión y condujo el partido al set definitivo.
Alcaraz terminó con 74 golpes ganadores y 74 errores no forzados
Muchos podría creer que el viento a favor con que aterrizaba el murciano en la quinta manga arruinaría las esperanzas de Albert, pero el de Mataró no estaba dispuesto a rendirse. Vio cómo Alcaraz ganaba dos puntos volcánicos para empezar el set, pero elevó su nivel y encadenó tres juego consecutivos. Se puso el mono de trabajo el joven de El Palmar, sacando adelante con solvencia su servicio y recuperando el break con un punto que quedará en la retina de todos los aficionados. La máquina ya funcionaba a pleno rendimiento, los intangibles flotaban en el ambiente y llegó un nuevo break en el séptimo juego. Pero no, imposible vivir momentos de placidez.
Ramos volvió a emerger y se situó con 4-4. Lo que se vivió en ese juego difícilmente es descriptible por parte de este humilde redactor, que aún no puede creer la manera en que Alcaraz consiguió el break, después de desperdiciar un 15-40, consiguiendo luego otra ventaja y cuajando uno de esos puntos que hablan a las claras de qué tipo de jugador es, sobreviviendo a las embestidas de un Ramos que terminó fallando una clara volea y entregando su saque. Fue el golpe definitivo, el truco final de un mago llamado Carlos Alcaraz llamado a triunfar en la ciudad de la luz, del arte y de las leyendas. Roland Garros 2022 ha presenciado la primera gran batalla de un genio.

