La semana de mi vida, por Tommy Robredo

Punto de Break se sienta con el ex jugador español para recordar su triunfo en el Conde de Godó 2004, el lugar donde ha puesto punto y final a su carrera.

Fernando Murciego | 24 Apr 2022 | 22.15
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Tommy Robredo celebra el Conde de Godó 2004. Fuente: Getty
Tommy Robredo celebra el Conde de Godó 2004. Fuente: Getty

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Han pasado unos días desde que Tommy Robredo se despidiera del tenis profesional a los 39 años. Un adiós que llegó en el Trofeo Conde de Godó, el lugar donde arrancó su trayectoria a finales del siglo XX. El español dio varias veces la vuelta al mundo como jugador, pero la arcilla catalana le regaló la semana más especial de todas, un título imposible de olvidar. Ocurrió en la primavera de 2004, cuando era #26 del mundo y estaba a pocos días de cumplir los 22.

Un trofeo más –pero diferente a todos los demás– que hemos querido rememorar con el propio Tommy. Tras poner el broche a un viaje de película, el de Hostalric recibe a Punto de Break en la piscina del RCTB 1899 con la presencia de su mujer y su hija pequeña. La escena es entrañable, es la vida misma. El presente y futuro de un hombre orgulloso del trabajo realizado y feliz de afrontar una nueva etapa lejos de las pistas.

Abril de 2004, ¿qué te viene a la cabeza?

Me acuerdo sobre todo que era mi cumpleaños, lo celebré durante la semana haciendo el gesto con los dedos. Me acuerdo que llevaba un parche de Tous. Me acuerdo de un punto buenísimo que fue una dejada preciosa a la que llegué, sacaron una foto del momento exacto donde la bola roza la cinta, la tengo en casa. El título lo celebré en el Puerto Olímpico con mis amigos, éramos casi 30. Al día siguiente salí corriendo para Roma y ahora me arrepiento, fue un gran error, no lo tenía que haber hecho. Pero sí, fue una semana redonda.

¿En qué momento te llegó ese título?

Un título nunca es esperado. A veces vienes jugando muy bien y sabes que puede sonar la flauta en cualquier momento, pero también es cierto que hay otras que vienes jugando mal y de repente, salvas un partido complicado y acabas ganando el título. Es todo muy relativo, en mi caso llegaba haciendo ya buenos resultados, subiendo posiciones en el ranking, cada vez más cerca de pisar las rondas finales. Y entonces pasó.

Si te parece, saco la lista de rivales. Karol Beck, #80 del mundo.

A priori, un buen jugador para empezar aquí en casa. Era más de pista rápida, te dejaba jugar con segundo saque, eran puntos que había que jugar. Tenía buen revés, pero en tierra batida le costaba un poquito más.

Octavos de final, Fernando Verdasco.

Ese partido lo gané porque lo paré, fui muy listo. Gané el primer set y en el segundo se puso a llover, con la bola muy pesada, además era de noche. Con esas condiciones veía que era imposible ganar, así que dije que no podía seguir jugando de esa manera.

Hubo polémica.

Era una situación muy dudosa, podía ser incluso peligroso, se estaba empezando a poner el día muy feo. La cuestión es que el árbitro lo paró. Al día siguiente jugamos dos juegos más con las bolas pesadas y después en el tercero gané yo muy fácil. Recuperé muy rápido lo que había perdido, así que fue una gran decisión parar el partido el día antes.

¿Se enfadó Fernando?

A ver, cada uno juega sus cartas. En ese momento el partido estaba como estaba, él le estaba dando la vuelta, estaba jugando mejor y las condiciones se estaban poniendo a su favor. No sabemos lo que hubiera pasado, si hubiera ganado o no, pero la sensación era que el partido se iba con él. Yo pedí parar el partido, el árbitro lo aceptó y el partido se aplazó.

Cuartos de final: Fernando González, número 16 del mundo.

Empezamos a pelotear y las tiró todas a la valla, pero pelotazos directos a la valla. Empieza el partido y me pongo 4-0 arriba, parecía que lo estaba lanzando, pero de repente empezó a tirarlas dentro y ganó 6-4 el primer set. Yo no entendía nada. Tuve que remar muy duro para girar el marcador, pero fue curioso lo que pasó al principio, no lo entendí nunca.

Semifinales inesperadas con Kristof Vliegen, 136º del mundo.

Un jugador muy talentoso que se coló en semifinales. Un jugador con el que sueñas enfrentarse en semifinales de cualquier torneo, sobre todo uno grande. En semifinales lo normal era que tocase un Verdasco, Gonzáles o Gaudio, auténticas piedras, pero él también ganó a gente buena y se coló hasta semifinales. Era un partido donde yo era favorito y conseguí ganarlo.

Y llegamos a la final, contra Gastón Gaudio.

Partido muy duro, muy igualado, iba jugando un set muy bien y el siguiente no tan bien. Los dos fuimos fluyendo con esos altibajos entre set y set, hasta que llegó el quinto. Ahí sacaba yo con 5-3 y con 15-15 me entraron las rampas. No podía moverme, me puse 15-30 y pedí fisio. Gastón no se lo tomó bien, se enganchó conmigo, pero la verdad era que no me podía mover. Acabé con el fisio, gané tres puntos seguidos y gané el torneo. A él se le cruzó todo y eso le llevó a fallar alguna bola más de la cuenta. Con Gaudio siempre eran partidos durísimos, de muchos intercambios, esta semana me enseñaron un reportaje con el último punto. El hecho de ganar, mirar hacia arriba y ver a tu gente es precioso.

¿Hubo jaleo nocturno?

Lo celebramos aquí, con el tradicional salto a la piscina. Luego nos fuimos a tomar alguna copa, pero nada especial. En ese momento tenía un entrenador que era muy intenso, me dijo que al día siguiente había que coger un avión e irse para Roma, así que a las 08:00 de la mañana estábamos camino del aeropuerto casi sin dormir. Apenas pude celebrarlo, ahora me arrepiento, era una semana para descansar y saborearlo.

Si volvieras al pasado…

La gente me pregunta mucho sobre qué cosas cambiaría en mi carrera, pues cambiaría cosas de estas. He ganado 12 títulos en mi carrera, pero ganar un título en casa es diferente, ese hay que celebrarlo a lo grande.

¿Qué significó el Godó en tu carrera?

En el Godó siempre sentía las mariposas en la primera ronda, pero una vez la superaba ya estaba listo, preparado para la batalla. Nunca sentí esos nervios, salía ahí fuera a pelear, a disfrutar y a ir a por todas.

Ganaste en 2004, el último año antes de la Era Nadal.

Nunca lo he pensado. Es verdad que Nadal ha ganado muchos años pero también han ganado otros jugadores, nunca he mirado si era una era de uno o de otro. Yo siempre encaraba cada torneo con el objetivo de dar mi máximo. En el 2006 volví a llegar a la final y la perdí contra Nadal, pero hice un buen torneo.

Has jugado 18 veces el Conde de Godó, ¿te caben tantos recuerdos?

Se me quedó cierta amargura de perder varios años seguidos 7-6 en el tercero una putada. Recuerdo muchos partidos aquí en la Pista 1 con las gradas llenas y animando. Son muchos partidos, se me vienen imágenes de todo tipo, buenas y malas, pero la primera es la de venir aquí siendo un niño a pedir autógrafos a los jugadores, aunque no sabía ni a quién se lo estaba pidiendo (risas).

Un círculo perfecto.

Después he podido volver para jugarlo, volver para ganarlo y volver para retirarme aquí. Me siento un privilegiado.

¿Por qué es un torneo tan especial?

Es en un club, hay muy pocos torneos que se hagan en clubes, por eso es tan cálido. Vienen los socios, gente de toda la vida, pero gente del tenis. Es un torneo más pequeñito, pero es un torneo de la gente.

Imagina tus 12 títulos aquí delante, pero solo te puede llevar uno…

[Piensa] No me llevo ninguno, para mí no hay ninguno más importante que otro. He tenido una carrera muy buena, no puedo elegir porque cada uno tiene lo suyo. El primer título (Sopot) es súper especial, el último también, Hamburgo era un Masters 1000, el Godó es increíble, el primero en rápida (Metz), el de Casablanca después de la lesión que a punto estuvo de dejarme sin jugar…

El valor de los momentos.

Es que no siempre es el más grande, sino el que más te ha llenado en ese momento. El día que gané el Challenger de Caltanissetta estaba súper feliz. Aquella vez superé una lesión de muchísimo tiempo y me demostré que podía volver a jugar. Eso vale tanto como un título.