Barty hace historia y se convierte en heroína nacional en Australia

La tenista local resolvió en dos mangas un partido comprometido ante Collins, gestionando bien las emociones y obteniendo su tercer título de Grand Slam.

Diego Jiménez Rubio | 29 Jan 2022 | 11.14
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Ashleigh Barty, campeona del Open de Australia 2022. Foto: gettyimages
Ashleigh Barty, campeona del Open de Australia 2022. Foto: gettyimages

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Apasionante choque de estilos y circunstancias el que se ha vivido en la final del Open de Australia 2022 disputada entre Ashleigh Barty, gran favorita al título y con la presión de ser profeta en su tierra, y Danielle Collins, tenista tan ofensiva como intensa rebosante de confianza y sin nada que perder. Los nervios se sentían a flor de piel y el ambiente que se respiraba en la Rod Laver Arena era de expectación máxim ante la posibilidad de que la australiana rompiera una racha de 44 años sin una campeona local. Sin embargo, por muy bien consistente que hubiera sido durante todo el torneo, el deporte es impredecible y nunca se puede dar nada por hecho, como se demostró en un encuentro más igualado de lo esperado. El resultado final fue de 6-3 7-6 (2) en favor de Barty, flamante campeona del primer Grand Slam del año.

La australiana gana el torneo sin ceder ni un solo set

Todo cambia en una final y mucho más cuando hay tanto en juego. El rictus de tensión en el primer set era palpable en ambas jugadoras y el público asistente pronto asumió que el partido que iba a ver podría ser uno de los más importantes de la historia reciente para su país, pero no sería el más bello. Ambas tenistas carecían de la fluidez habitual en sus tiros, jugando con un porcentaje de primeros servicios de apenas el 50% y acumulando más errores de lo esperado.

Collins no se atrevía a soltar el brazo como es habitual en ella, mientras que los muchos recursos técnicos de Barty le permitían zafar esos nervios con mayor solidez. Salvó una pelota de rotura con un golpe ganador de drive y aprovechó dos dobles faltas de su rival en el sexto juego, donde se abrió la brecha en el marcador. Ash era capaz de leer con solvencia los tiros de su contrincante, que no desbordaban como lo han hecho durante todo el torneo, y cerró el triunfo parcial con esa consistencia que se atribuye a una consumada número 1 del mundo como ella.

Barty remontó una desventaja de 1-5 en el segundo set

Las cosas sufrieron un giro de guion inesperado en la segunda manga, en la que Collins mostró su fiereza, canalizando el enfado con la implicación del público en un tenis mucho más agresivo. Subió su porcentaje de primer saque, subió de forma recurrente y exitosa a la red apoyándose bien en golpes incisivos a media pista y se aprovechó de una cierta relajación involuntaria de la australiana. La desconexión de Barty fue tan rotunda como su reacción de poderío cuando en el marcador campeaba un sorprendente 1-5 en favor de la estadounidense. Y es que la número 1 del mundo incrementó su intensidad de piernas, volvió a asumir la iniciativa con el drive y metió presión a Collins poniendo sobre la mesa sus intangibles de campeona, lo cual derivó en cuatro juegos consecutivos para ella.

Collins supo rearmarse y ganar su turno al servicio, mientras que Barty sacó muy bien para conducir el set a un tiebreak de infarto. La sensación de que algo grande se estaba fraguando inundó la pista y fue ahí donde Ashleigh Barty demostró su grandeza y madera de campeona. Elevó su rendimiento de forma notable, mostrando una gestión emocional impecable sin incurrir en un juego pasivo, sino atacando la pelota con brillantez y abriendo hueco en el marcador. Cerró sin problemas el partido e hizo vibrar a toda la isla con una victoria tan anhelada por todos como merecida. Simplemente, la mejor tenista del mundo y una leyenda en ciernes.