Arthur Fery se ha ganado ser una de las mayores historias ya no solo de Wimbledon 2026, sino de la última década en el mundo del tenis. Pocas veces un tenista situado más allá del top-100 logra asaltar la cúspide de grandes torneos; si hablamos de un Grand Slam, y en específico el torneo londinense, las coincidencias se reducen a una sola ocasión, aquella magnífica semana en la que Goran Ivanisevic sorprendió al mundo del tenis para proclamarse campeón fuera de los cien mejores.
En aquel momento, sin embargo, el croata ya traía un bagaje y un historial. Su bajada en el ranking hacía caso a lesiones, momentos duros en la élite y el kilometraje de una trayectoria ya dilatada a nivel profesional; no era aún un cascarón por romper ni una promesa por explotar. Con Fery todos nos hemos quedado absolutamente atónitos: su recorrido en la élite era mínimo (jamás había hecho semifinales a nivel ATP, siendo su mejor resultado unos cuartos de final en Queen's hace un par de semanas) y jamás se había colocado entre los cien mejores del mundo, llegando a la élite, incluso, más tarde que muchos compañeros de generación debido a un paso por la universidad.
El padre de Fery, Loïc Fery, posee una de las mayores fortunas de Francia: esta es su historia
La ascensión de Arthur en este Wimbledon se ha visto 'emborronada' por multitud de comentarios en redes sociales que aluden a su estatus como 'rico'. Incluso, algunos, le llegaron a calificar como 'nepobaby', como si su padre hubiese sido el que ha puesto siempre miles de horas de trabajo en cada entrenamiento. Los que vieron crecer al nacido en los suburbios de París afirman que jamás se consideró más que sus compañeros, que compartió hoteles con todos y que en ningún momento se veía ninguna señal de que su estatus fuese superior al de los demás.
Eso sí, su origen está marcado por su historia familiar. Nacido en Sèvres, a las afueras de París, el padre de Arthur decidió mudarse pronto a Londres con toda su familia (su madre, Olivia, también fue extenista profesional). Su padre, claro, no es cualquiera: como inversor y empresario, ha trabajado en varias firmas prestigiosas de fondos de inversión, es el propietario de un club de fútbol francés de primer nivel (el Lorient, de nivel medio en la máxima categoría del fútbol galo) y, según Forbes, es la 398º fortuna del país galo, con unas ganancias estimadas de 275 millones de libras. En Londres fue donde Fery creció, también tenísticamente, estudiando en el Kings College (de los más prestigiosos de Reino Unido) y entrenando a apenas cinco minutos de la Pista Central de Wimbledon. No ha sido casualidad, claro, que su presentación al mundo haya llegado en un lugar que conoce como anillo al dedo.

Aún así, Fery no quiso aventurarse pronto a nivel júnior, consciente de que había una limitación que descubrieron pronto: su altura. Quedándose en el 1'75, quizás algo bajito para los estándares del tenis actual, el británico desarrolló así un magnífico juego de pies, un muy buen tren inferior y una magnífica visión de juego, además de un tenis muy completo, desenvolviéndose bien en la media pista y no siempre tirando de la potencia arrolladora de muchos de sus coetáneos.
El paso por la universidad hizo madurar a Fery y le dio el margen necesario para triunfar
Un tenis de este estilo requiere de un mayor tiempo de cocción, algo que Fery supo desde el principio. Por ello decidió acudir a la universidad estadounidense, impregnarse de ese espíritu de equipo y hacer crecer su tenis fuera de su casa. En Stanford, una de las plazas más prestigiosas a nivel académica del mundo, pero sin el pedigrí en campeonatos tenísticos de otros lugares, Fery elevó el techo competitivo del equipo y les llevó a cotas a nivel grupal que pocas veces habían alcanzado, convirtiéndose en uno de los jugadores referencia en toda la historia del programa tenístico. A día de hoy, Arthur es uno de los alumnos más queridos en un sitio que si algo sabe es de exigencia.
🪄 Este chico está tocado por una varita.
— Movistar Plus Deportes (@MPlusDeportes) July 8, 2026
El punto de 𝐀𝐫𝐭𝐡𝐮𝐫 𝐅𝐞𝐫𝐲 en la Pista Central de #Wimbledon.#LaPistaDelTenis pic.twitter.com/fnWoRnn9HW
Así llegó al circuito, sin hacer mucho ruido, experimentando también las dificultades de los rincones más inhóspitos del circuito Futures, progresando adecuadamente a nivel Challenger y encontrado su recompensa, de forma lenta pero segura, a nivel ATP. A Wimbledon llegaba con victorias sobre nombres como Adrian Mannarino u Otto Virtanen (a quien volvería a derrotar en Wimbledon), pero también con derrotas frente a tenistas como Buyunchaokete o Juanma Cerúndolo. No era, pues, una garantía, y pronto se quedó como el único británico en pie en el torneo de casa...
Y qué manera de responder ante la presión para ondear la bandera británica hacia una plaza que solo otros cuatro nombres habían conquistado. Su camino hacia las semifinales esconde otra de las características que definen a Fery: un espíritu competitivo indomable y una gran capacidad de remontar escenarios adversos. Exceptuando su partido de hoy ante Cobolli, en todos los partidos se había colocado por detrás en el marcador, remontando el primer set ante Dzumhur, Virtanen y Bergs y un 1-2 frente a Dimitrov. Argumentos sobrados para que hoy vuele y sueñe, dejando la sensación de que, a día de hoy, cualquiera puede dejar su marca en un deporte donde las distancias son cada vez más mínimas. Que su historia sirva como enseñanza de que da igual el dinero sin ética de trabajo, que la humildad, aunque sea adquirida, abre puertas y deja huella... y que en el tenis, recuerden, todo siempre puede pasar.

