Ashleigh Barty y Danielle Collins. Las dos mujeres que pelearán por el título de campeona en el Open de Australia 2022 llegan a la final con caminos y estados de forma dispares, pero con una esperanza en común: sumar un título de Grand Slam a sus vitrinas. Para la australiana sería, sin lugar a dudas, muy especial: sería por vez primera profeta en su tierra, sumaría su tercer Major (solo le faltaría el US Open en la colección) y pondría la guinda a una de las semanas más dominantes en la historia de los Grand Slams, en la que aún está por ceder un set y en la que solo perdió su servicio en una ocasión en seis partidos. Por parte de la estadounidense, sería la confirmación de que, sin las limitaciones físicas que han lastrado su carrera, su nivel tenístico puede alcanzar las cotas más altas del circuito, además de que coronaríamos a una nueva campeona de Grand Slam, algo a lo que parecemos habernos acostumbrado en el circuito WTA en los últimos tiempos.
Los caminos para llegar aquí, como decíamos, han sido muy distintos. Lo de Barty ha sido un paseo militar. No se puede describir de una forma: la jugadora que más juegos le hizo en un set fue Amanda Anisimova (se quedó en 4), apenas pasa de las seis horas de tiempo total en pista (prácticamente con una media de hora por partido) y solo ha cedido 21 juegos para llegar a la final, un dato solo comparable al camino de leyendas como Serena Williams, Venus Williams y Steffi Graf. La sensación de superioridad que transmite sobre la cancha va más allá de los números, y ha sido incluso reconocida por sus oponentes. Jessica Pegula, su víctima en cuartos de final, llegó a firmar que el juego de Ash te hace sentir "inútil"; Madison Keys, la última en hincar la rodilla, dejó muy claro que la australiana "lo hace todo bien" en pista.
Por su parte, Danielle Collins llega con algo más de kilometraje en sus piernas, si bien también ha solucionado sus dos últimos encuentros por la vía rápida. Ante jugadores capaces de absorber su potencia e incluso pegar más fuerte que ella, la jugadora estadounidense sufrió algo más: tuvo que remontar un set tanto ante Clara Tauson (en tercera ronda) como ante Elise Mertens (en octavos de final), si bien venció en dos mangas a sus últimas oponentes, Alizé Cornet e Iga Swiatek. Especialmente llamativo fue el duelo contra la polaca, en la que la de Florida martilleó el segundo saque de su rival con un revés en estado de gracia, tomando la iniciativa en prácticamente cada punto y haciendo gala de ese tipo de tenis ultraofensivo con el que somete a sus rivales en los mejores días.
H2H FAVORABLE PARA BARTY
Hablar de duelos pasados podría resultar incluso una tontería, dado que jamás las espadas estuvieron tan altas como el sábado. La presión a la que se enfrentarán Barty y Collins nada tiene que ver con partidos pasados, en los que la australiana lidera el H2H por 3-1: en pista dura, eso sí, se reparten las victorias, con un dato a tener en cuenta, y es que Collins ya ha ganado a Barty en casa. Fue el año pasado, en el torneo de Adelaida, en una segunda ronda en la que Danielle sometió a Ash a base de grandes palos desde el fondo, en un partido en el que jamás la dejó entrar en juego y en el que mantuvo los puntos realmente cortos. Precisamente en Adelaida, en Madrid y en Roland Garros llegaron las victorias de Ash, dejándose sets en dos de esos compromisos.
A nivel táctico, la agresividad en la devolución se antoja como la única puerta abierta para Collins en una final en la que su rival llega con todo el favoritismo. El juego de Barty es único en el circuito, una rara avis que fuerza a sus rivales a mostrar su peor versión. Es más, el partido de semifinales ante Madison Keys podría suponer una interesante maqueta a lo que -podría- convertirse la final: una Ash capaz de cambiar de velocidades con sus golpes, de variar el ritmo para sacar a Madison de su zona de confort, todo ello mientras mantiene un alto porcentaje de servicios que le permite centrarse únicamente en su juego al resto.
Así pues, en aprovechar los segundos saques debería centrarse Danielle. Hizo exactamente eso en su duelo ante Swiatek en semifinales, bombardear el segundo de la polaca muy cerca de la línea de saque, mostrándose excelsa con su revés. Si Danielle consigue lidiar con el temible cortado de Barty, ese revés podría convertirse en su mejor baza para disputarle el dominio de la línea de fondo, algo que Keys (que por ese lado tiene su mayor laguna) no logró conseguir. De todos modos, no es lo único que deberá hacer bien: rozar el 75% de primeros saques dentro y ser agresiva con su golpe de continuación, manejar mentalmente la presión del público y creer en sus posibilidades son ítems que se antojan capitales si quiere tener opciones ante la número uno del mundo.
La favorita es Ashleigh, pero no se olviden que estamos en una final, y en una final puede pasar absolutamente de todo. Es la delicadeza y la variedad contra la potencia y la agresividad, la armonía de una obra de ballet contra el rock más pegadizo. Ashleigh Barty y Danielle Collins, dos estilos enfrentados en uno de los mayores escenarios del planeta. Sábado, 09:30 de la mañana, sírvanse palomitas y disfruten del espectáculo.

