“Todavía nos sigue pareciendo una locura”

Casi dos meses después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, Michael Venus y Marcus Daniell reflexionan sobre su bronce.

Marcus Daniell y Michael Venus, bronce olímpico en Tokio 2020. Fuente: Getty
Marcus Daniell y Michael Venus, bronce olímpico en Tokio 2020. Fuente: Getty

Lo que para muchos deportistas puede significar un triunfo más, para otros representa la mayor hazaña de sus carreras. Por ejemplo, si retrocedemos unas semanas hasta los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, encontraremos países que están continuamente subiendo al cajón y otros que tardan décadas en colgarse una medalla. Nueva Zelanda pertenece al segundo grupo, aunque Michael Venus y Marcus Daniell lograron en Japón cerrar una sequía que duraba desde 1912.

¿Qué hacían ustedes en 1912? Nada, obviamente, ninguno de los que lean esta estaban vivos en aquella época. El que sí respiraba por aquel entonces era Anthony Wilding, considerado el mejor tenista neozelandés de la historia, el mismo que aquel año se colgó una medalla de bronce en los JJ.OO. de Estocolmo. Eso sí, lo hizo bajo la bandera de Australasia, el antiguo continente. Tres años después perdería la vida en la Primera Guerra Mundial, aunque su nombre todavía se recuerda, tal y como demostraron la actual pareja de dobles en una entrevista con la ITF.

“Anthony Wilding ha sido el mejor jugador de tenis de nuestra historia, así que seguir sus pasos en unos Juegos Olímpicos es algo increíble”, reconoce Daniell. “Durante muchos años, el tenis ha sido un deporte sin fondos en nuestro país, así que ojalá que este éxito haga cambiar las cosas, el deporte de alto rendimiento en Nueva Zelanda no puede ignorar el hecho de que hayamos ganado una medalla. Ahora podemos enseñar este metal, podemos ser reconocidos y obtener algunos fondos que puedan iniciar una cascada de nuevos jugadores de tenis neozelandeses. Eso sí que sería increíble”, valora el de Masterton.

Su compañero Venus, también aboga por el agradecimiento absoluto. “Solo con palabras no podría hacer justicia a lo que siento ahora mismo, el tipo de sentimiento que tengo. Son muchas cosas, todas las emociones que vivimos antes, durante y después del parido, incluidos todos los mensajes de apoyo recibidos de nuestra gente”, subraya acerca de su partido por el bronce ante Krajicek y Sandgren. “Han sido muchas las personas que nos han ayudado desde que éramos niños hasta llegar aquí, ha sido genial aprender de tantas voces y ahora poder compartir esta medalla con todos ellos”.

Un éxito para toda la vida

Llama la atención que pese a haber pasado ya varias semanas, la emoción se mantenga en el discurso de los dos tenistas oceánicos. “Cuando nos arrojaron la bandera de Nueva Zelanda para ponérnosla, simplemente nos quedamos mirando a cada una de las personas que estaban allí ante nosotros, que había venido a apoyarnos. Nos pusimos a pensar en lo que habíamos logrado y nos sentimos abrumados”, recuerda Daniell, de 31 años. “Tuvimos que esperar bastante tiempo hasta la ceremonia, ya que todavía tenía que jugarse el partido por el oro, así que en ese rato nos quedamos aturdidos. Al día siguiente, cuando volvimos a la villa, todo el comité olímpico de Nueva Zelanda nos dio la bienvenida con una hada para felicitarnos. Ahí nos derrumbamos de nuevo”, sostiene el más joven de los dos.

Venus, nacido hace 33 años en Auckland y actualmente dentro de los veinte mejores doblistas del mundo, reconoce que no hay manera de explicar lo que sintieron aquel 30 de julio. “Todavía me sigue pareciendo una locura, es una de esas cosas que no sé si podré llegar a asimilar algún día, fue todo muy especial. Todos hemos visto los Juegos Olímpicos desde que éramos niños, a todos nos ha despertado esa pasión por el deporte. Verme allí representando a Nueva Zelanda y ser parte del equipo, tener la oportunidad de conocer a otros atletas, y además de todo esto acabar colgándonos una medalla… es un poco difícil de expresar con palabras. La verdad es que me cuesta creerlo”, concluye.

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