Paula Badosa, que el ritmo no pare

La española ya está en cuartos de final de Cincinnati tras un partido efectivo en el que mostró su entereza mental y confianza en sí misma.

Badosa celebra en Cincinnati. Fuente: Getty
Badosa celebra en Cincinnati. Fuente: Getty

Hay victorias que se dan desde la madurez y la confianza. Paula Badosa volvió a mostrar que su autocontrol y su inteligencia por toda la pista son armas más que sobradas para competir contra cualquier jugadora. Firme al servicio, sólida al resto e indestructible en los momentos más importantes del partido: la española ya está en cuartos de final del WTA Cincinnati 2021 tras derrotar en dos mangas a Elena Rybakina (6-2, 7-6(5)) y empieza a dar avisos de que su techo queda muy lejos, de que el momento de confianza actual está lejos de ser un espejismo y que su tenis evoluciona prácticamente a cada semana.

Primer set

Un clínic de cómo desesperar a tu oponente y una muestra de control emocional. Así podría resumirse el primer parcial de una Badosa que entró algo dubitativa al duelo, pero que una vez superó las dudas iniciales, puso la directa y empezó a pegar a las cuatro esquinas de la pista. Mientras el lenguaje corporal de Rybakina parecía dejarla de lado, Paula era capaz de redireccionar cada uno de los ataques de la kazaja, moviéndola y variando las alturas para que no pegase una sola bola cómoda.

En vistas de que la derecha de Elena parecía carburar, Badosa se puso como objetivo volcar el juego en los intercambios de revés a revés, bajando la pelota cuando fuese necesario y pegando fuerte cuando Rybakina no se lo esperaba. En esa pelea la tenista española estaba realmente cómoda, dominando la línea de fondo y jugando muy cerca de ella para que la kazaja nunca se encontrase en control de los intercambios. Hasta tal punto llegó la desesperación de Rybakina que echó mano en un par de ocasiones a alguna que otra dejada desesperada, presa fácil para una Badosa que había comenzado enrachada.

Todo esto aplica, sobre todo, en los juegos al resto. ¿Al saque? No vayan a creer que Paula no atacó. Ni mucho menos: su mejora en la agresividad y velocidad al servicio es notable, apenas dando oportunidades a Rybakina para recuperar algo de fuelle en el marcador. En poco más de una hora, Badosa se llevaba el primer parcial con un contundente 6-2. Rybakina tenía que cambiar muchas cosas

Segundo set

La mejora de la jugadora de Europa del Este vino en una dirección: su nivel al servicio. Elena empezó a ganar mucha más potencia en sus saques, a dejar de entrar en tantos intercambios largos con Paula y a atacar en las dos primeras bolas del intercambio. Las estadísticas así lo mostraban: Rybakina pasó de un 57% de puntos con el primer servicio a colocarse por encima del 80%. La frialdad de la kazaja, tanto en su tenis como en su actitud, envolvió al segundo set en una atmósfera un tanto extraña: ambas tenistas dominaban sobremanera con su saque, los juegos acababan rápidamente y la sensación de igualdad era enorme.

Era una cuestión de seguir haciendo los deberes, de refrendar la agresividad con su servicio en el primer set. Y Paula lo llevaba a cabo, claro: manteniendo sus grandes porcentajes, sin bajar la guardia, mostrando una serenidad que dejaba claro que no se iba a amedrentar en un cuerpo a cuerpo. Así, Badosa no titubeó ni cuando la kazaja restó, en dos ocasiones, para ganar el set: a base de saques, ambas llegarían al tie-break, el último billete de supervivencia para Rybakina.

En ese tie-break apenas se repartieron mini-breaks... pero fue Elena quien se vino abajo primero. Paula apenas falló: dejó que la kazaja tomase la gran mayoría de riesgos, firmó un par de enormes defensas y mantuvo el tipo, como tan bien lo hizo a lo largo de todo el set, con su saque. Así, dando muestras de su renovada madurez, en plena efervescencia tenística, siendo realmente eficiente: Paula Badosa está de dulce, está descubriendo diferentes formas de ganar y su estado de confianza la empuja hacia cotas que invitan a soñar muy alto. Ya está en cuartos de final, donde espera Karolina Pliskova... y a ver quién le dice que pare.

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