El 8 de agosto no será una fecha más dentro del mundo del tenis. No porque se recuerde algún aniversario de un título memorable o por evocar un suceso histórico. La realidad es que ese día Roger Federer cumplirá 40 años. Cuatro décadas de vida y el hombre continúa vigente y con ganas de seguir escribiendo los principales libros del deporte. En ese sentido, sigue rompiendo récords al convertirse en el jugador más veterano en meterse entre los ocho mejores de Wimbledon en toda la Era Abierta. Es que su triunfo ante Lorenzo Sonego por 7-5, 6-4 y 6-2 en el marco de los octavos de final del torneo le permitió alcanzar esa marca y también llegar a los 105 triunfos en la Catedral. Su próximo rival saldrá del ganador del duelo entre Daniil Medvedev y Hubert Hurkacz (el encuentro se suspendió por lluvia cuando el ruso ganaba 2-1 en sets). Más allá de eso, el suizo sabe que aún le queda un día de descanso y de disfrute para poder preparar su siguiente objetivo.
- ¿Cómo se siente después de su cuarto partido en el certamen y tras el esfuerzo hecho en las últimas semanas tras una larga inactividad?
Es lindo ver cómo el trabajo que realicé [para recuperarse de la lesión en la rodilla] valió la pena y que estoy apto para jugar al mejor de cinco parciales. No es lo mismo jugar cinco días seguidos al mejor de tres que hacerlo cada dos, pero al mejor de cinco. Uno necesita diferentes atributos. Lo mismo ocurre con disputar torneos de manera consecutiva, situación que uno cuando es joven ni se pregunta, pero en mi caso existía un signo de interrogación bastante grande porque debía demostrarme que realmente podía hacerlo [acerca de jugar Roland Garros, Halle y Wimbledon en el último mes]. Estaba dispuesto a sacrificar ciertas cosas para estar ahí en la pista e intentar poner el físico a punto para este torneo. Es muy gratificante poder hacerlo, aunque veremos cuánto más me queda en el tanque. Era importante ganar en sets corridos, pero ahora hay que mirar hacia adelante y pensar en la siguiente ronda.
- ¿Qué cambió con respecto al partido ante Mannarino y cómo influyó el techo cerrado?
Fue interesante cómo se modificaron las condiciones cuando el techo se cerró: se tornó un poco más resbaladizo, se elevó la humedad, estuvo ventoso y fresco. Aún así, el juego se volvió más rápido. Claro, los primeros días era algo totalmente extraño para nosotros y por eso creo que también luché bastante contra Mannarino además de la ventaja que me había sacado en los intercambios en la línea de base. Hoy, en cambio, Sonego no pudo superarme desde el servicio: indoor es más difícil hacer aces y, en efecto, uno tiene que imprimirle mayor potencia a sus tiros. Además, mi juego al principio del campeonato no me permitió meter tantos aces o saques ganadores como uno esperaba en hierba. Es por eso que aprendí de ese día y sentí que progresé al tomar la bola más arriba y al subir a la red.
- La posibilidad de jugar con público
Todavía no estoy convencido que el tema [de la pandemia del Covid-19] esté del todo solucionado y creo que hay algo más por venir. El verano pasado nos sentimos de la misma manera con pocos casos y cuando todo parecía prometedor hubo un revés. Veremos cómo resulta ahora que habrá capacidad completa en los estadios principales, aunque ya casi se percibía lleno por cómo son los espectadores, que nos hacen sentir tan especiales a los jugadores y al torneo en general. Seguramente sea increíble ver a todo el público y pienso en París, que en la sesión nocturna sólo había cinco personas. La diferencia es inmensa.
Por otro lado, traté de pensar en lo que hubiera significado ganar Wimbledon sin gente en las gradas. Lógicamente, habría sido campeón, pero nunca me hubiera sentido igual. Es por eso que estamos felices de tenerlos de nuevo y espero que continúe todo así. De todos modos, hay que seguir teniendo cuidados y ser conscientes que nos encontramos en una burbuja.

