El cabreo de Nastase que revolucionó el papel del juez de silla

El rumano fue descalificado en 1975 tras volverse loco por una bola mal cantada. 24 horas después, su acción cambiaría para siempre la profesión del umpire.

Ilie Nastase y un enfado justificado. Fuente. Getty
Ilie Nastase y un enfado justificado. Fuente. Getty

De todas las locuras y esperpentos que Ilie Nastase protagonizó dentro de una pista de tenis, hubo uno que cambió el deporte para siempre. Seguramente no fue la más célebre, ni la más colérica, pero sí fue la más trascendental. Sucedió en 1975, en mitad de una gira de tierra batida brillante por parte del rumano. Por aquel entonces, Nasty ya era una estrella, encumbrado por su título en Roland Garros, sus tres copas de maestros y el honor de ser el primer Nº1 desde el nacimiento del ranking ATP. Un referente sobre arcilla que se iba a quedar desnudo ante una injusticia que dio la vuelta al mundo.

Era mayo, Nastase venía de arrasar en España (triunfos en Barcelona, Valencia, Madrid) y hacer semifinales en Munich. Por delante todavía quedaban Hamburgo y Roma antes de Roland Garros, pero Ilie quiso añadir una parada más en su camino: Bournemouth. Allí le tocaba defender el título del año anterior, en un lugar donde siempre se divertía y el trato era exquisito. Sin embargo, esta vez no sería lo mismo. Tras superar cómodamente al austriaco Kary y al croata Franulovic, su tercer compromiso en Gran Bretaña iba a suponer un antes y un después en todos los sentidos. En su historia y en la del tenis.

“Esa semana hacía frío y, el día de mis cuartos de final ante el francés Patrick Proisy, el cielo estaba tan gris y brumoso que intenté quitarle los guantes a un juez de línea para mantener mis manos calientes. Intentaba hacer feliz a la grada haciendo un poco el payaso, ya que veía cómo la mayoría se estaban quedando congelados”, comienza Nastase recordando aquella tarde que ya empezaba con sensaciones encontradas.

“Todo estaba yendo bastante bien para mí, dominando el primer parcial por 5-2, cuando Proisy salvó dos bolas de set y maquilló el resultado hasta el 5-4. Sacando con 15-0, conecté un smash que fue cantado fuera por un juez de línea de avanzada edad. Definitivamente, yo sabía que la pelota había sido buena, así que crucé la pista para señalarle la marca y protestar. Quería que el juez de silla bajara y echara un vistazo, como solían hacerlo de manera habitual en este continente, pero el juez negó en rotundo que la pelota hubiera entrado, así que empecé a cabrearme de verdad. El público, mientras tanto, empezó a dar palmas. Mi posición era firme, esa pelota había sido buena, ¡incluso se veía la marca! No entendía por qué me tenían que robar ese punto por incompetencia y cabezonería de un juez de línea y un juez de silla inútiles”, destaca Ilie sobre el origen del caos.

El juez de silla era Eric Auger, que en ese momento solo repetía una frase: ‘Nastase, juegue’. Pero Nastase seguía parado, mirando la marca fijamente, hasta que el supervisor, Mike Gibson, saltó a la pista a parar el partido debido a que la situación era incontrolable. Gibson le preguntó al juez de silla qué había pasado, momento que Ilie aproveche para intervenir.

– ‘Nastase, no quiero tu opinión, tienes dos minutos para poner la pelota en juego; si no lo haces, quedarás descalificado’.

– ‘¿Cuántos whiskys te has tomado para llegar a esta conclusión?’.

La tensión era tan alta que el desenlace parecía inminente. En mitad de la discusión, el juez de silla volvió a insistir:

– ‘Nastase, por favor, juega o estás fuera’.

Pero en la cabeza del rumano solo había espacio para el mosqueo, él estaba seguro de que la bola había entrado, pero nadie le escuchaba. Incluso Proisy, una vez terminado el show, le haría una confesión al campeón: ‘Ilie, lo siento, la bola había sido buena pero no podía ayudarte en ese momento’.

En cuestión de un minuto y, puesto que allí ninguno daba su brazo a torcer, Gibson hizo el clásico gesto del corte en el cuello, dando por finalizado el debate. Una señal que el juez de silla interpretó rápidamente y le llevó a descalificar a Nastase. Algunas personas del público empezaron a aplaudir, aunque seguramente fuera porque estaban hartos de seguir esperando. En ese momento Ilie se calló, cogió sus cosas y desapareció de la pista.

“El juez de silla reclamaría luego que yo le había escupido dentro de la pista, algo que posiblemente ocurriera. Aunque tuvo suerte de que no le hiciera algo más. Normalmente, nunca solía cabrearme cuando iba ganando, como era el caso, pero una injusticia tan grande me acabó volviendo loco por completo. Me sentía defraudado por la descalificación, sobre todo después de haber ganado el torneo el año anterior. Llevaba toda la semana haciendo promociones por la ciudad, colaborando con los sponsors, ayudando a que el torneo creciera, pero nadie se acordó de todo esto”, señala con tristeza el ex Nº1.

Al final, Nastase tenía razón

Pero todavía faltaba algo por pasar en esta historia, de hecho, faltaba lo más importante. Ese mismo día, Roger Taylor también se vio involucrado en un partido donde el juez de silla era tan malo que terminó abandonando la pista, no pudo soportarlo ni un minuto más. Verse de nuevo involucrados en un escándalo así provocó la reacción del comité organizador, empujados a tomar cartas en el asunto. Aquello pasó a ocupar varias portadas y muchos minutos de televisión, una explosión de críticas que les dejaba con la etiqueta de ‘incompetentes’. Días después, el propio comité por fin dio la cara, emitiendo un comunicado donde cargaban toda la culpa a los jueces de silla. La única solución era cambiar la normativa en Reino Unido:

  1. A partir de ahora, si los dos jugadores presentes están de acuerdo en que se ha tomado una mala decisión, tanto el juez de silla como el juez de línea deberán darles la razón.
  2. Además, si el juez de silla cree que la decisión de un juez de línea es dudosa, deberá comentárselo al propio juez, quien delegará la responsabilidad al juez de silla para que sea él quien tome la decisión final.

Nastase, con aquel cabreo justificado, había cambiado la historia. Con este extra de diplomacia, todo lo sucedido en los partidos del día anterior se hubiera evitado. “En otras palabras, nunca tendrían que haberme descalificado”, declara el rumano, responsable de que los jueces de silla en Gran Bretaña empezaran a bajar por la escalera en torneos de tierra batida para revisar algunas marcas. Un relato que dejó a todos satisfechos, aunque no todos saldrían bien parados. "Esto me ayudó para tener una pequeña reivindicación de mis actos, aunque ya era demasiado tarde. En lugar de extraer cosas positivas de este acontecimiento, los medios de comunicación me vistieron al día siguiente como el auténtico bad boy del circuito”. Un rebelde que ejerció de chivo expiatorio para que el deporte evolucionara en la dirección correcta.

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