Karatsev es una realidad

El ruso conquista Dubái en su primera final ATP y se instalará mañana en el top30 del ranking mundial. Ya nadie duda que tiene nivel para competir con cualquiera.

Que sí, que no era la final que esperábamos, pero qué bonito es ver a jugadores nuevos en escenarios tan grandes como el del ATP 500 de Dubái. Y mucho ojito con estos jugadores, que no sabemos dónde pueden llegar. Quizá con Lloyd Harris tengamos más dudas, pero el tema de Aslan Karatsev empieza a ser ya bastante serio. El ruso de 27 años tuvo una carta de presentación apoteósica en Melbourne hace un mes, pero la gente quería más, quería saber si su buen hacer sería constante o intermitente. De momento, Aslan no ha tardado mucho tiempo en despejar la duda. Con un potencial descomunal, su triunfo esta sábado de manera tan clara (6-3, 6-2) nos obliga a pensar que la aventura de este hombre en la élite tan solo acaba de empezar.

Dentro de la sensación de incertidumbre que suponía enfrentarse ante una final tan rara como ésta, la mayoría de voces apuntaban a Karatsev como el hombre con mejor cartel de cara al titulo. ¿Favorito? Se podría decir que sí. El ruso llegaba aquí con una wildcard muy bien aprovechada, demostrando desde el primer día que muy pronto tendrán que dejar de invitarle, ya que el ranking le está situando poco a poco al lugar que pertenece. Al otro lado, un Harris que partía desde la fase previa, obligado a un jugar un par de encuentros más, pero con la ilusión y la energía intacta al verse por primera vez en una final de ATP 500. Por aquí esperábamos a Thiem, a Rublev, a Bautista o a Shapovalov, pero no. Hace tiempo que el circuito masculino se empezó a contagiar del femenino con esa tremenda igualdad dentro de los cien primeros.

Hoy, sin embargo, sí que hubo mucho diferencia en la pista. Se enfrentaban el Nº45 y el Nº84 del mundo, unas cuarenta posiciones de distancia, pero parecieron pocas viendo el rendimiento de cada uno. Una vez más pudimos ver la mejor versión del ruso, esa que ya nos enamoró en el Open de Australia y unas semifinales históricas, aunque muchos aseguraron que jamás volveríamos a presenciar aquel nivel. “¿Será flor de un día?”. Era la pregunta del millón, pero tampoco tenía mucho misterio. Bastaba con verle en los próximos torneos. En Doha tuvo contra las cuerdas a Dominic Thiem, un tropiezo perdonable. Aquí en Dubái se cruzó con Evans, Sonego, Sinner y Rublev. Los cuatro le forzaron un tercer set, pero ninguno supo ganarlo. Este sábado, Harris hubiera pagado por llegar a ese parcial definitivo.

Dominante, agresivo, contundente y con una tranquilidad perpleja para tratarse de un hombre que jamás había competido en la élite hasta 2021. Karatsev ha pasado de pensar en dejar el tenis a quemar todas las etapas de golpe. Ahora sus golpes funcionan, su cabeza acompaña y ni siquiera sufre de vértigo al escalar casi ochenta posiciones en la tabla en apenas dos meses. La sangre rusa, digo yo. La realidad es que hoy Harris no estuvo ni cerca de luchar por el partido, un desenlace crudo para el sudafricano, que también merecía su momento. No será en Dubái, no será ante un Karatsev que sigue creciendo y que nadie sabe dónde tendrá su techo. En su primera final ATP, el de Vladikavkaz inauguró su palmarés y se instala en el top30 del ranking, lo cual le permitirá ser cabeza de serie en unos cuantos torneos. Un ejemplo perfecto para poner en las escuelas y confirmar que nunca es tarde para seguir soñando. Claro, que jugando como Aslan, todo se vuelve un pelín más fácil.

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