Mira que el tenis, solo ya con lo que pasa dentro de la pista, nos deja historias increíbles cada temporada. Pero si a este suceso le sumamos otro de carácter familiar, ajeno a lo deportivo, el resultado es una novela inolvidable. Algo así le tocó vivir a Filip Polasek en este último Open de Australia 2021, un torneo al que decidió viajar a última hora debido a que las fechas coincidían con el nacimiento de su segunda hija. Finalmente el eslovaco y su mujer llegaron a un acuerdo, un plan que ha terminado con un Grand Slam en la maleta y un FaceTime de bienvenida a su pequeña.
Claro, que esta película no la descubrimos hasta el último momento, justo cuando Filip Polasek se dirige al micrófono ya con el trofeo bajo el brazo y explica la intrahistoria de su vida. “Mi novia estaba embarazada y, en un principio, salía de cuentas el 19 de febrero. Lo normal es que en esas fechas el Open de Australia ya se hubiera terminado, pero al posponerse todo la situación cambió. Esto nos generó bastante debate, pero decidimos jugar el torneo, mi chica me dio el OK. Me dijo que, si no estaba el día del parto, que fuera porque estaba en la final. Y así fue, el jueves nos metimos en la final y el viernes nació. Es mi segunda hija y es preciosa, siento muchísimo haberme perdido este día, esa tristeza la llevo dentro, pero terminar de esta manera el torneo lo hace un poco más agradable. Ahora solo quiero verlas cuanto antes”.
Será difícil superar un guión así, aunque la trayectoria de Polasek ya nos había dejado otros capítulos que hubiéramos dado por imposibles. Por ejemplo, cuando el eslovaco se retiró en 2013 por una lesión de espalda tan grave que le costó la carrera. Con lo que no contaba era con un regreso triunfal cinco años después. “Durante ese tiempo estuve entrenando a chicos de entre 8 y 14 años. Los problemas de espalda no me dejaban ni moverme, pensé que ya no podría volver a competir en el más alto nivel, eso me atormentaba. Luego es cierto que nunca me propuse volver de manera seria, fue casi un accidente. Simplemente sucedió, de repente un día me convenció un amigo para jugar unos equipos en Alemania, ahí fue cuando me di cuenta que los dolores ya no estaban ahí. La gente no se lo podía creer, y yo volvía a divertirme. Al verme sano decidí darme otra oportunidad, así que aquí llevo dos años y medio”, recuerda el oriundo de Zvolen.
El circuito le dio la bienvenida a Polasek en 2018, ya con los 33 años cumplidos, pero con más ganas que nunca de recuperar el tiempo perdido. En 2019 conquistó cinco torneos Challengers para instalarse de nuevo en el top100, donde le espera un compañero a la altura para afrontar las grandes citas. Ivan Dodig, otro veterano curtido en mil batallas, sería su pareja de bailar a partir de entonces, y ya saben lo que pasa cuando dos buenos se juntan. En su primera semana compartiendo pista, subcampeones en Antalya. Luego vendrían unas semifinales en Wimbledon, final en Gstaad, título en Kitzbühel, título en Cincinnati, titulo en Beijing y presencia en las ATP Finals. El 2020 dio pocas opciones de competir, pero ahí quedaron de nuevo otras semifinales de Grand Slam, en Australia. Viendo el recorrido de ambos, quizá ahora no nos resulte tan sorprendente su título de hace un par de días.
“Después de pasar por algo así, todo se vuelve más emocional. Volver al circuito fue algo genial, de hecho, apenas un año después de mi regreso estaba jugando unas semifinales en Wimbledon, ya con ese torneo hubiera sido una manera increíble de terminar este viaje”, afirmó el de 35 años en rueda de prensa. “Ahora lo pienso y es como que nos hemos acostumbrado a esto, aquella experiencia me ha ayudado mucho, además de otros grandes eventos que hemos disputado. Todas esas experiencias las pusimos en práctica en la final del domingo para sacar nuestro mejor tenis, justo cuando mas nos hacía falta. El resultado es muy satisfactorio”, valoró el actual Nº10 del ranking.
Así fue como Polasek abrazó a la historia, convirtiéndose en el segundo tenista de su país, hombre o mujer, en capturar un major. “Ganar un Grand Slam es cumplir un sueño. Desde que empecé a jugar con Ivan, sobre todo después de aquella semifinal en Wimbledon, todo lo que ha pasado luego es como un cuento de hadas. Ganar Cincinnati en 2019 nos hizo ver que estábamos en ese grupo de parejas top dentro del circuito, ahí empezamos a creer en nosotros, a pensar que podíamos ganar un Slam. Es duro llegar a ese momento, pensar que puedes hacerlo. En Eslovaquia, por ejemplo, nunca un jugador masculino pudo conseguirlo, solamente Daniela Hantuchova, así que ahora yo soy el primero, eso también me traía un poco de presión. Es un logro importantísimo y estoy muy orgulloso, pero vamos a seguir trabajando para luchar por alguno más”, concluyó con entusiasmo.

