Si una cosa ha quedado clara a estas alturas, es que el coronavirus ha llegado a nuestras vidas para quedarse. El deporte sigue siendo una de las ramas fundamentales de la sociedad, pero esta ha quedado claramente afectada y cambiada por una pandemia que ha arrasado con todo lo que se ha llevado a su paso. El tenis también se ha visto afectado, pero trata de seguir su camino hacia un regreso paulatino, siguiendo la estela de otros deportes que también han intentado por todos los medios posible volver a ofrecer acción competitiva.
El Adria Tour fue una idea para que el tenis volviese en tiempos del Covid-19, una loable intención de pésima ejecución. Los positivos de, entre otros, Grigor Dimitrov y Borna Coric, han hecho que salten todas las alarmas y empiece una depuración de responsabilidades cuya cabeza visible es Novak Djokovic, no solo por su condición de promotor y prácticamente organizador del evento, sino sobre todo por su perfil visible como número uno del mundo, embajador de este deporte y presidente del Consejo de Jugadores.
No solo sobre él debe recaer toda la culpa. También sobre los Gobiernos de Serbia y Croacia, con una laxa legislación y una sensible falta de protocolos en base a una realidad social diferente a la de los países más afectados por el virus. Es difícil juzgar desde la distancia, pero a posteriori, parece que la situación necesita, al menos, un pequeño replanteamiento de las medidas. También, por supuesto, todos los jugadores que han viajado internacionalmente y que sabían a qué riesgo se exponían (muchos de ellos ya han empezado a pedir perdón).
Lo ocurrido en Zadar solo constata una realidad: un positivo puede darse en cualquier momento. La organización del Adria Tour no se parecerá en nada a las decisiones que la ATP o Us Open puedan tomar en una posible vuelta del tenis; por un lado tenemos un torneo de exhibición, montado prácticamente a última hora, mientras que por otro tenemos a los cuerpos más importantes del tenis mundial, cuyas decisiones impactan a todos a nivel global.
Y precisamente la sensación de celeridad y urgencia tras el anuncio de Dimitrov debe hacer que salten todas las alarmas. El torneo dirigido por Djordje Djokovic canceló su final, y mientras Nole viajaba a Belgrado sin pasar por el test del COVID-19, el resto de tenistas desfilaban con caras largas esperando el veredicto de los tests. Llevaban mascarillas casi por primera vez y empezaban a darse cuenta de la necesidad del distanciamiento social.
Con todo esto en la cabeza, es momento de exigir a la ATP que sea clara y estricta. Si promulgan una vuelta segura a las canchas, deben mostrar todas las garantías para la misma. Este texto no es un debate sobre si el tenis debería volver o no, y eso que bajo mi humilde opinión sí debería hacerlo. Pero no puede ocurrir con una organización tan caótica como la del Adria Tour, sin un protocolo que contemple prácticamente cada escenario imaginable.
Las dudas las plantea muy bien Andy Murray. "¿Cuál es el castigo para la gente que no siga las reglas establecidas? Imagínate una situación en la que alguien haya salido de la burbuja, haya roto las reglas y haya ido a Manhattan o haya hecho algo que no debería. Puedes contraer el virus y no poder jugar, por ejemplo, los cuartos de final del Us Open". Y es que, por mucho que apelemos al cumplimiento de las medidas, el ejercicio de la libertad de un jugador que decida pasar el torneo en una casa multiplicaría exponencialmente la posibilidad de contagios.
¿Qué ocurriría entonces? La única respuesta de la ATP a lo que ha pasado en Zadar es el deseo de una rápida recuperación a los contagiados y la reafirmación de que trabajan y hacen un "esfuerzo exhaustivo" por mitigar los contagios. El riesgo siempre va a estar ahí, y aun siguiendo las mayores medidas de seguridad, un positivo es bastante probable. En otras competiciones, como la Premier League, estos ya han ocurrido y la solución ha sido aislar a los jugadores contagiados durante algunos días hasta que las pruebas muestren negativo.
Con un virus cuyos límites aún se desconocen, la ATP debe ser rápida y velar por la seguridad si quiere que el tenis vuelva. Los tests diarios o cada dos días se antojan prácticamente necesarios, y un posible positivo debería excluir automáticamente al jugador del torneo. ¿Cómo hacer que el resto conviva con ello? ¿Significaría la cancelación total del evento, o el hecho de recrear una burbuja como está haciendo el fútbol permitiría que tras una descalificación siga jugándose?
La naturaleza global del tenis obliga a que los cuerpos que la dirigen contesten lo antes posible estas preguntas. Es momento de que la ATP aparezca en escena y clarifique cuestiones ineludibles antes de poner en peligro a los jugadores. Una vuelta segura así lo obliga.

