Es innegable que el tenis se ha profesionalizado a una velocidad distinta en los últimos veinte años. Los materiales, la preparación física, la alimentación, la prevención de lesiones, todos los ámbitos han ganado en conocimiento. También el de la psicología y la fortaleza mental, aunque quizá éste sea el que menos se suela poner en práctica. Si todo el mundo dice que los partidos se ganan con la cabeza, ¿por qué no ponen los torneos a un grupo de especialistas al servicio de los jugadores? En un intenso reportaje elaborado por Tennis.com, la historia de Cliff Richey sirve para descubrir la locura que puede llegar a habitar en la cabeza de un profesional en su día a día. Y cuanto mayor es tu éxito, más fantasmas aparecen.
¿Pero quién fue Cliff Richey? Nacido hace 73 años, este diestro llegó a ser el mejor tenista estadounidense en la década de los 70, fue cuartofinalista en los cuatro Grand Slam e incluso llevó a su país a conquistar una Copa Davis. Los éxitos eran palpables, lo que la gente no veía era lo que sucedía al abandonar la pista. Al de Texas le gustaba beber, mucho, tanto como le permitía la profesión. Poco a poco fue entrando en esa espiral negativa que le fue superando. Cada día bebía más que el anterior, a eso se sumó el insomnio, las pastillas, el desorden total.
“No sabía qué era lo que estaba mal. Mi cerebro estuvo en mitad de una tormenta durante cinco o seis años, me estaba auto medicando con alcohol y depresivos funcionales, pero no encontraba solución. Siempre tuve mucha ansiedad, incluso en mi etapa junior, pero lo descarté. No sabía que aquello no era normal, en mi familia solo se preocupaban por el tenis, en lo bueno que pudiera ser en comparación con los demás”, afirma Cliff.
Era el momento de replanteárselo todo, pero Richey no entendía qué debía hacer. Al fin y al cabo, la soledad y el desfase era la norma habitual de muchos deportistas de élite y no por ello salían a contarlo, mucho menos a pedir ayuda. Nunca nadie había tocado públicamente el tema de la depresión o la ansiedad, era inconcebible en un mundo tan competitivo. Solamente Artur Ashe se atrevió en ciertos puntos de su carrera, aunque pasaron desapercibidos. Lo normal era coger aire, apretar los dientes y rellenar ese espíritu de autosuficiencia. “Me gustaban las cosas claras, me gustaba que en el tenis o ganabas o perdías, no había ningún lugar para esconderte. Lo que sea que hicieras estaba en el periódico al día siguiente, todo a lo que podías recurrir era a tu propia habilidad, siempre podía contar con eso para llevarme a donde quería ir”, recuerda el jugador.
Hasta que llegó el día en el que Cliff se quedó vacío, fue perdiendo cualidades, como si le hubiese olvidado jugar al tenis. Decidió retirarse y probar suerte en el golf, pero allí también se presentaron los mismos fantasmas. Su mente se volvió oscura, quedó noqueado por la situación hasta el punto más bajo. Las cosas no podían ir peor, así que no tuvo otra opción que recurrir a los especialistas. Un médico le hizo terapia, le recetó unos antidepresivos y así pudo al menos regresar a competir en el golf, hasta retirarse en 2007. “Por mi experiencia en el tenis, siempre supe que había una posibilidad de darle la vuelta a una derrota. Una vez entendí lo que me estaba pasando, convertí a la depresión en mi oponente final. Ahora leo y escucho muchos más casos que en mi época, pero creo que el sistema todavía no ha cambiado lo suficiente”, valora el ex Nº16 mundial.
Con el salto de época cambiaron muchas cosas. Los casos de depresión y ansiedad en el deporte seguían estando ahí, la diferencia es que ahora ya no había tanto recelo por dejarse ayudar. Uno de los tenistas que llevan años intentando romper esa barrera es Noah Rubin. “Me apasiona la salud mental, me apasiona conocer mis sentimientos y compartir lo que siento. El tenis es un deporte donde estás solo la mayoría del tiempo, donde estás lidiando continuamente con el fracaso la mayor parte del tiempo. También estás luchando financieramente, con lo que existe el riesgo de que todo se vuelva una bola de nieve. Podría enumerar una lista de varios jugadores que, para hacer frente y prepararse de cara al siguiente torneo, se pasan 12 horas bebiendo”, reconoce el norteamericano en este mismo reportaje.
“Siento que hay una desconexión entre los tenistas y los aficionados, pero la forma en la que se promueve este deporte impide que los aficionados puedan relacionarse de una manera más profunda con los jugadores. Todas esas preocupaciones del tenista ahora están un poco anticuadas. Yo siempre he tenido otra filosofía, aunque tampoco venimos al tour para hacer amigos. Eso sí, si estoy en el tercer set ante un rival, no estoy pensando en lo que confesó de sí mismo en una entrevista del pasado, esto no funciona así. Muchos muestran esa masculinidad tóxica de macho alfa, pero no creo que sea relevante a la hora de ganar un encuentro”, refuerza el de 24 años.
Ese pensamiento fue lo que llevó a Rubin a crear un blog donde sus compañeros del circuito pudieran volcar esos pensamientos arraigados que tanto cuesta exponer con una grabadora delante o en una rueda de prensa con cientos de personas. “Quería que Behind the racquet fuera como una especie de terapia para comenzar una conversación y hacer que al menos las personas piensen en cómo nos sentimos los jugadores. Necesitamos normalizar la situación cuando hablamos de ansiedad”, sostiene el actual Nº225 del ranking.
Seguramente Cliff Richey hubiera sido muy feliz de competir en la época actual, más transparente y menos solitaria que la suya. Aunque claro, quizá sin aquella experiencia no hubiera aprendido tanto, no hubiera llegado a escribir un libro de auto ayuda con sus memorias y no hubiera recuperado de esta forma la relación con su hija. “Muchas personas todavía no saben cuáles son los signos de la depresión. Yo siempre les recomiendo que piensen en qué pérdida les está afectando, que lean sobre la enfermedad, que identifiquen y ubiquen el problema. El tenis es un deporte egoísta, todo trata sobre ti, así que pensé que con mi experiencia podía salvar a otras personas. Me gustaría ser conocido como un jugador de tenis bastante bueno y también un defensor de la salud mental. Me encanta patearle el trasero a la depresión siempre que aparece una oportunidad”.

